Pechinas y paneles
Una vista en grabado del interior del Pabellón Argentino en París apareció en la portada del Bulletin Officiel de l’Exposition Universelle de 1889. Muestra el primer piso, mirando a lo largo de la nave principal; la entrada estaba a la derecha, en la planta baja (la fachada trasera, aquí a la izquierda, tenía una sola vidriera; la delantera, a la derecha, tres).

Arriba se abre la gran cúpula, sustentada por cuatro pechinas triangulares. La rodeaban cuatro cupulines; las columnas que los soportaban formaban recintos de casi cuatro metros de lado como el que se ve a la derecha, bien iluminados gracias al vidrio de las coberturas.
El arquitecto Ballu imaginó un ambicioso esquema decorativo; cada pechina tendría una escultura alegórica, y ese mismo tema sería tratado en el interior del correspondiente espacio con pinturas al óleo. Eran paneles de medio punto colocados en cada una de las cuatro caras interiores, justo sobre los arcos de la estructura metálica. Para apreciarlos, había que estar dentro o muy cerca del recinto, y no debe haber sido fácil por la altura en que se hallaban. En el grabado sólo aparecen los bordes inferiores de las pinturas; lo que se ve a la derecha sobre la vidriera son cueros y pieles de animales clavados a la pared, igual que en el panel al fondo de la galería.
Eugenio Cambacérès, delegado de la comisión argentina para la Exposición Universal en París, le escribe a su hermano Antonino, presidente de la misma en Buenos Aires, el 4 de octubre de 1888:

Tengo el honor de informar a Vd que he remitido a la agencia del Expreso Villalonga de París para mandar por primer vapor a esa Comisión Directiva el modelo en yeso de una de las cuatro figuras decorativas a ser colocadas en la cúpula central del Pabellón Argentino, cuyo tamaño de ejecución será de 3 metros, representando la Navegación, la Agricultura, la Industria Metalúrgica y la Curtiembre. Como verá el Señor Presidente, el modelo que se envía simboliza la Navegación; van así mismo, las fotografías de los modelos Metalurgia y Curtiembre, no adjuntándose la de la Agricultura por no hallarse aún terminada la fotografía.
Creo que interesará a esa Comisión conocer el nombre de los cuatro artistas que han sido encargados del trabajo; son los Sres. Barrias, Lefèvre, Pépin y Turcan. Excuso agregar al Señor Presidente que dichos Sres. figuran entre los más notables escultores de Francia.
No se ha conservado ese modelo en yeso, y varios cambios se produjeron en los meses siguientes. Barrias, tal vez por recibir el proyecto mucho más importante de las alegorías que coronaban las columnas esquineras, fue reemplazado por Charles Gauthier – salvo que haya sido un error de don Eugenio en su carta. También cambiaron los temas, que terminaron siendo La agricultura (también llamada La ganadería), por Gauthier; La ciencia, por Édouard Pépin; El arte, debida a Camille Lefèvre, y El comercio y la industria (o El comercio marítimo) de Jean Turcan. Las figuras tenían una vieira de fondo y eran de yeso, pintadas de dorado. Según informa Santiago Alcorta es sus Informes reunidos, cada escultor recibió 4.000 francos. Originalmente se planeaba vaciarlas en bronce, algo que nunca se llevó a cabo.


Ballu reclutó a ocho destacados pintores del momento, todos franceses. Cada uno ejecutaría dos paneles, dentro de un mismo tema. Para La ciencia, eran La electricidad y La astronomía, por Fernand Cormon, y La física y La química, de Luc-Olivier Merson. Para El arte, La escultura y La arquitectura, de Jules Lefebvre, y La pintura y La música, por Hector Le Roux. Para El comercio y la industria, La fundición de cobre y La curtiembre de Albert Besnard y El ferrocarril y El teléfono de Henri Gervex. Finalmente, para La agricultura, La pesca y La vendimia, de Tony Robert-Fleury, y La tala y La zafra de Gaston Saint-Pierre. Tal vez un nombre más apropiado para esta última categoría habría sido Recursos naturales. Los artistas recibieron también 4.000 francos por el par de telas. No se han encontrado fotos o grabados donde se vean los paneles ubicados en el edificio en París.
Allí, las cinco cúpulas eran de vidrio, en forma de gajos. La central, de aristas entrantes como la describe Alfred Picard, alternaba los colores celeste y blanco. Durante el día la luz penetraba al hall central y a los pequeños recintos debajo de cada cupulín. De noche las cúpulas y los numerosos cabujones de vidrio de colores que decoraban el edificio se iluminaban desde el interior, produciendo un notable efecto.
En Buenos Aires
La empresa Juan Waldorp y Cía. ganó en 1893 la licitación para la reconstrucción del Pabellón frente a la plaza San Martín. Cuando se hizo cargo de los centenares de bultos en los que se había transportado el edificio, que estaban en depósito desde noviembre de 1890, se descubrió que muchas partes estaban rotas.

Cuenta Eduardo Schiaffino, director del Museo Nacional de Bellas Artes desde su creación en 1896 hasta 1910: Los vidrios decorativos, de alta fantasía, llegaron rotos y según se dijo, no pudieron ser sustituídos, de manera que al armar de nuevo el edificio, como las cúpulas que alumbraban las pinturas fueron cegadas al forrarlas en plomo, quedaron a oscuras.
Sin embargo, una no se rompió o pudo ser rescatada, ya que se ve en este detalle de una foto de la Exposición Nacional de 1898 que la del medio de las pequeñas todavía era de vidrio.
Durante la misma, una fotografía posteada por Sergio Pedro Recouvreux en Fotos de Buenos Aires a través del tiempo (Facebook), tomada en el primer piso del Pabellón en la sección Escuelas Públicas de la Capital, muestra la luz atravesando esa cúpula vidriada mientras la de su derecha y la principal están a oscuras. Imágenes posteriores indican que en algún momento fue también reemplazada, tal vez para uniformizar el aspecto.

Continúa Schiaffino: Según declaración a la Municipalidad, prestada al llegar por el capitán del transporte que conducía el edificio desarmado, una noche de borrasca fue menester echar al mar uno de los grandes cajones que estaban sobre cubierta y entorpecían la maniobra de las velas. Ese cajón contenía ocho de los dieciséis óleos – los de Besnard, Gervex, Robert-Fleury y Saint-Pierre.
El reconstruido pabellón fue inaugurado el 14 de abril de 1894. En septiembre de 1895, basándose en el decreto del Poder Ejecutivo de julio de ese año ordenando la entrega al Museo Nacional de Bellas Artes de todas las obras de arte existentes en las reparticiones nacionales, Schiaffino solicitó a Waldorp las pinturas, que habían quedado a oscuras, para exhibirlas adecuadamente en el museo. Le fueron negadas con el argumento de que se pensaba reponer el vidrio de las cúpulas, lo que nunca sucedió. Atento al deterioro que estaban sufriendo estas piezas por los cambios de temperatura y las filtraciones de agua, Schiaffino continuó insistiendo pero recién las obtuvo en 1900, cuando la Unión Industrial se hizo cargo del edificio. Recuperó también los cartones de los dos mosaicos que decoraban la fachada principal, debidos a Alfred Roll y Félix-Joseph Barrias, pintor y hermano mayor del escultor mencionado antes, que Waldorp tenía almacenados en una dependencia del pabellón. El acuerdo implicaba la entrega de las pinturas de a pares, recibiendo a cambio la Unión Industrial nuevas pinturas de Augusto Ballerini para reemplazarlas. El 23 de enero de 1901 tuvo lugar el primer intercambio, cuando Schiaffino obtuvo La física y La química de Luc-Olivier Merson, entregando a cambio La cascada del Iguazú y La piedra movediza de Tandil, de Ballerini.
A medida que las recibía, Schiaffino las hacía reentelar, restaurar y enmarcar y las exponía en el museo, siempre en el Bon Marché (hoy Galerías Pacífico). En esta foto se lo ve mientras considera colgar otro cuadro en el espacio disponible debajo de La arquitectura, de Jules Lefebvre, que representa a un elegante arquitecto, cuya figura se destaca contra un fondo claro, dando instrucciones a sus asociados en su estudio. De notable parecido con Ballu, tal vez fuera un homenaje deliberado. Las monumentales telas medían casi cuatro metros de ancho.

Solamente se dispone de imágenes de cinco de los otros paneles y de parte del sexto; ninguna de La música, de Hector Le Roux.
Jules Lefebvre, La escultura (las descripciones son de Schiaffino)


Está representada por el trabajo del estatuario, que arrodillado sobre un tablado, modela una figura alegórica monumental, con el modelo vivo al frente, en un vasto taller de escultura decorativa.
El pequeño modelo en yeso que se ve a la izquierda, con una figura alada, y la postura del pie y del escudo de la pieza que el escultor está modelando en arcilla sugieren que Lefebvre estaba representando a su colega Ernest Barrias trabajando en La agricultura, uno de los bronces que adornarían las columnas esquineras del Pabellón.
Luc Olivier Merson, La física y La química
La física está expresada por una imagen femenil de la ciencia, que consulta un in folio, y dicta sus instrucciones a un genio alado que le presta ayuda. A sus pies numerosos accesorios y una palma; al fondo, una planta de laurel.

La química, del mismo maestro, es una figura sentada, con un libro abierto sobre las faldas, que vigila una reacción en una retorta, mientras un genio análogo al anterior alimenta el fuego del hornillo. Al fondo, la humareda de una usina.

Ambas pinturas expuestas frente a frente en 1903 en la Sala 13 – Desnudo, del museo en el Bon Marché; en el centro, Mujer y toro, de Alfred Philippe Roll, autor de uno de los mosaicos de la fachada del Pabellón.

Fernand Cormon, La astronomía y La electricidad
Una mujer sentada dominando un paisaje nocturno, contempla la luna a ojo desnudo, en actitud reflexiva, mientras a sus pies yacen un anteojo astronómico y una esfera celeste; en el fondo derecho se divisa el observatorio con un ecuatorial, enfocado hacia el cometa que resplandece en el cielo. A la izquierda el mar y la arboladura de un buque, envuelto en sombras.

De La electricidad, colgada en la Sala 18, sólo se dispone de una foto tomada desde la vecina Sala 17 – Retratos, donde se ve el extremo derecho de la pintura – una cuarta parte de la misma. Un operario que viste un delantal y parece estar colocando algo en un dispositivo del que proviene un intenso resplandor; a su lado objetos de metal – una jarra, una fuente, etc., lo que sugiere que Cormon recreó un taller de galvanoplastia.

Hector Le Roux, La pintura
Esta tela (junto con La música) había sido criticada por el cronista de La Nación en su nota del 15 de abril de 1894 sobre la inauguración del Pabellón, diciendo que Le Roux esta vez se equivoca de plano con una intentona de localismo, que ubica al paisano argentino en Batignolles (un suburbio de París). En su trabajo sobre el Pabellón, Mario Buschiazzo la describe como careciendo de importancia, de dibujo muy convencional y tonos parduscos y opacos.

Albert Besnard, La fundición de cobre y La curtiembre
Schiaffino consideraba que estas dos, parte de las ocho perdidas en el trayecto, eran las mejores de las dieciséis pinturas. Estando en París en 1904 visitó el atelier del artista para encargarle un óleo para la colección del museo. Al referirle lo sucedido con sus dos paneles, Besnard tuvo la gentileza de obsequiarle los bocetos, que conservaba. Miden 70 cm de ancho y llegaron a Buenos Aires en abril de 1905, en el vapor Cordillera.


En la sección «Notas de Arte» del diario La Razón del 4 de junio de ese año, el cronista las describe junto con otras nuevas adquisiciones del museo:
Dos bocetos donados por el pintor francés Besnard á Eduardo Schiaffino, su amigo. Uno titulado «Grillage du cuivre», donde resplandecen los fulgores de una fragua en la gran actividad del trabajo, y otro, «Curtidería», de tonalidad opuesta y altamente sorprendente por su contraste con aquélla.
Hoy se conservan en el Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez, en Santa Fe.
Regreso al Pabellón
Por decreto del 12 de marzo de 1909, el gobierno resuelve el traslado del Museo Nacional de Bellas Artes al Pabellón Argentino. Schiaffino se opone a esa decisión, sabiendo que el edificio no reunía las mínimas condiciones requeridas para alojar una colección de arte, pero no tiene éxito. El museo cierra sus puertas en el Bon Marché el 15 de noviembre y comienzan las extensas refacciones en el Pabellón en paralelo con la organización de la Exposición Internacional de Arte del Centenario, que se desarrollaría en un edificio temporario construido ex profeso junto al Pabellón Argentino y diseñado por Emilio Lavigne. El nuevo Museo Nacional de Bellas Artes reabriría sus puertas recién en julio de 1911.
Existe una foto muy parecida al grabado de París, pero del museo ya instalado en el Pabellón. Se ve la base de la cúpula principal, decorada según lo comentado en la nota Retratos de próceres. Está iluminada porque ya se habían abierto los ojos de buey en su perímetro.

Comparando las imágenes, salta a la vista que al reensamblar Waldorp el Pabellón no ubicó la misma escultura en la pechina de la derecha; pese a que la de la izquierda no se ve muy bien, tampoco es la que estaba en París en esa posición. Allí, la secuencia había sido primero La ciencia, comenzando a la derecha en la foto, siguiendo en sentido contrario al de las agujas del reloj con El arte, El comercio y la industria y finalmente, La agricultura. En Buenos Aires se mantuvo la secuencia pero se colocó en esa posición inicial a El comercio y la industria.
El recinto bajo el cupulín está oscuro, lo que prueba que el vidrio ya había sido reemplazado por láminas de metal. La falta de luz debe haber sido la causa de que Schiaffino hiciera colocar las pinturas en las caras externas de ese espacio – se ve La Química, de Luc-Olivier Merson, y a la izquierda, difícil de reconocer por el reflejo, La Arquitectura de Lefebvre. Ninguna en el recinto de la izquierda.
Recreando su instalación en la Sala 13 del museo en el Bon Marché, Schiaffino ubicó a La física enfrentando a la otra obra de Merson, como muestra esta fotografía del lado opuesto. Tampoco había colgado otra en el recinto de la derecha, por lo menos cuando se tomaron estas fotografías.

Viendo la confusión en la ubicación de las esculturas en las pechinas y teniendo en cuenta la desaparición de la mitad de las pinturas, al instalarlas parecería que ni se consideró coordinarlas temáticamente como se había hecho originalmente en París.
De los ocho paneles originales que recuperó Schiaffino en 1900, hoy se conserva en los depósitos del MNBA solamente La pintura, de Hector Le Roux. Se desconoce el paradero de los demás y de las esculturas de las pechinas; su formato, tamaño y el que fueran de yeso les auguraban un incierto destino cuando fue desmantelado el Pabellón en 1933.
Procesamiento de imágenes: gentileza de Gabriel de Meurville
Fuentes
- Archivo General de la Nación, Buenos Aires. Fondo de la Exposición de París, Documentos Escritos, Sala VII, Legajo 3586, y Departamento de Documentos Fotográficos
- Bulletin Officiel de l’Exposition Universelle de 1889, 2ème série, Nº 65, vendredi 19 juillet 1889, en Cnum – Conservatoire numérique des Arts et Métiers – http://cnum.cnam.fr
- El Monitor de la Educación Común, Nº 312, 31 de marzo de 1899
- La Ilustración Sud-Americana, año XIII, Nº 291, 15 de febrero de 1905
- El Sud-Americano, Buenos Aires, año I, Nº 31, 20 de octubre de 1889
- La Nación, Buenos Aires, Suplemento Semanal Ilustrado, año I, Nº 49, 6 de agosto de 1903, y edición del 15 de abril de 1894
- La Razón, Buenos Aires, 4 de junio de 1905
- Le Génie Civil, Revue générale des industries françaises et étrangères, huitième année, tome XIII, Nº 26, samedi 27 octobre 1888, p. 415
- Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires – Fondo Eduardo Schiaffino
Bibliografía
- Alcorta, Santiago (ed.), La República Argentina en la Exposición Universal de París de 1889 – Colección de Informes Reunidos, París, P. Mouillot, 1890
- Buschiazzo, Mario J., «El Siglo XIX en Argentina – El Pabellón Argentino», en Revista Nuestra Arquitectura, Buenos Aires, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Buenos Aires, [1965], p. 36 a 39
- Martínez, Alberto B., Censo general de población, edificación, comercio e industrias de la ciudad de Buenos Aires, Capital Federal de la República Argentina, levantado en los días 11 y 18 de septiembre de 1904 bajo la administración del Sr. Don Alberto Casares, Buenos Aires, Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco, 1906
- Museo Nacional de Bellas Artes, 120 años de bellas artes – obras fundacionales de la colección del MNBA [Buenos Aires, Amigos de Bellas Artes, 2016]
- Picard, Alfred, Rapport Général, Exposition Universelle Internationale de 1889 à Paris, Paris, Imprimerie Nationale, 1891
- Schiaffino, Eduardo, La pintura y la escultura en Argentina, 1783-1894, edición del autor, Buenos Aires, 1933
Querido Alejandro, otra entrega impecable y riquísima en detalles. No paro de sorprenderme sobre la interminable historia de nuestro querido pabellón. Quedo ansioso hasta la próxima nota.
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Excelente Profesor! Muchas gracias!
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Como es habitual, un sorprendente paseo por el pasado de ese icónico «meccano». Minucioso, ameno, esclarecedor. La belleza de las imágenes contribuye en gran medida al disfrute de su lectura.
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