1886-1888: Del inicio al concurso de diseño

1886-1888: Del inicio al concurso de diseño

La República Argentina fue formalmente invitada por el gobierno de Francia a participar en una nueva exposición internacional, a realizarse en París entre mayo y octubre de 1889. La gran muestra había comenzado a organizarse en noviembre de 1884 y celebraría el centenario de la revolución, razón por la cual varias monarquías europeas declinaron asistir oficialmente.

Antonino C. Cambacérès

En Buenos Aires se creó una comisión para todo lo referido a la participación del país en la exposición, presidida por el senador Antonino C. Cambacérès. No está clara la fecha; Santiago Alcorta indica que fue por decreto del 29 de octubre de 1886, pero no aparece en el Registro Nacional de ese año. El libro de actas de la comisión recién registra la primera entrada el 8 de junio de 1887; menciona ese decreto, pero la fecha dada es el 26, no el 29.

En la anterior exposición parisina, en 1878, los países latinoamericanos habían sido reunidos en un solo pabellón. El director general de explotación de aquella muestra, Georges Berger, fue nombrado para el mismo puesto en la de 1889 y planeaba repetir esa experiencia. Sin embargo, como escribe el general Julio A. Roca a Antonino Cambacérès desde Lucerna en agosto de 1887, la Argentina ya consideraba un pabellón independiente. Conviene recordar esta carta que refleja la visión, claridad de ideas y espíritu de liderazgo del expresidente:

Lucerna, Agosto 13 de 1887

Mi querido Cambacérès: Aún cuando necesitaría hallarme en París para contestarle con mayor precisión los puntos que me consulta en su apreciada del 5 de julio, quiero anticiparle desde luego las ideas que tengo ya formadas acerca de nuestro concurso a la Exposición Internacional de 1879 (sic).

En el estado de progreso que hemos alcanzado en casi todas las esferas de la actividad, creo que nuestro país debe presentarse a los ojos del mundo con las ventajas que le dan sus condiciones privilegiadas y sus rápidos adelantos. Para llenar este propósito es necesario proceder con mucho orden y tino.

La República debe tener su instalación propia, hecha con elegancia y seriedad, dejando de lado el lujo inútil y lo que salga del gusto europeo.

Tenemos productos naturales y manufacturados que pueden atraer la atención sobre nuestro país. Colecciones completas y bien dispuestas de nuestras maderas, de nuestros minerales, de nuestros cereales y de nuestras plantas útiles; muestras de todos nuestros vinos, azúcares, alcooles (sic) y conservas alimenticias; trabajos de nuestras curtiembres y de las fábricas que están iniciando o desarrollando entre nosotros diversas industrias, son los objetos a que debe darse la preferencia, eligiendo cuidadosamente lo que mas pueda reflejar la situación social y económica de la República y eliminando por completo la cantidad de zonceras y retratos bordados en lana que han sido la parte ridícula de algunas exhibiciones anteriores.

Conceptúo de la mayor importancia mandar con profusión de datos estadísticos, descripciones del país, mapas de la Provincias, vistas de las principales localidades, informaciones completas, en una palabra, para dar una idea acabada a todo el que quiera informarse de nuestras cosas. Sería también muy conveniente reimprimir el Mapa de Latzina, dando mayor amplitud a sus datos con las demás modificaciones que el tiempo y el desenvolvimiento del país hacen necesarias. En la Exposición de la «Sociedad Real de Agricultura» de Inglaterra que se celebró esta año en New Castle (sic), tuve ocasión de apreciar personalmente la importancia que aquí se da a estos medios de propaganda. Con una instalación modesta, el Canadá exhibía la más completa y bien arreglada colección de sus productos y más de diez folletos distintos relativos al país estaban a disposición de los visitantes, que no dejaban de aceptarlos. Le acompaño como muestra cuatro ejemplares que me han quedado de uno de ellos.

Sin tener base exacta de cálculo y reservándome adquirir más tarde datos sobre el particular, creo que con un millón de francos podrá el Gobierno realizar su objeto.

Es esencial también a mi juicio que se proceda con sumo acierto en la designación de las personas que han de organizar los trabajos en París, mientras le llega a Ud el momento de ponerse al frente de nuestra representación industrial, pues considero seguro su nombramiento para asistir a la Exposición, dado que nadie podría desempeñar mejor ni con más títulos tan honroso y delicado cargo. El Comisario provisorio en París debe ser formal y respetable, activo y reñido con la charlatanería. Llamo mucho su atención sobre este punto.

La Exposición va a ser una prueba práctica de todo lo que venimos propagando sobre el país en todos los tonos, y es indispensable quedar airosamente, en estos momentos en que somos objeto de una reacción favorable, la Europa comienza a fijarse en nosotros y se prepara una gran inmigración de hombres y capitales.

Cualquier cosa que se me ocurra sobre la Exposición, así como todo dato que pueda recojer (sic) respecto de ella y que considere interesante, le serán inmediatamente comunicados. Me felicitaría de poder ayudarlo en algo para el desempeño de su tarea, que estoy seguro llevará Vd. adelante con excelentes resultados.

Lo saluda con el afecto de siempre su amigo

Julio A. Roca
Sr. Dn. Antonino C. Cambaceres

Es interesante destacar que cuando todavía ni se sabía si se dispondría de un pabellón propio, en el libro de actas consta que en la sesión de la comisión porteña del 19 de septiembre, a moción de Francisco Latzina, se acordó citar a los Srs. De Jaer Frères, una empresa importadora aparentemente belga, para cambiar ideas sobre la posibilidad de construirlo por el sistema de dobles paredes de hierro que patrocinaban. El encuentro fue el 21 y el Sr. de Jaer quedó en presentar un plano y detalles en una siguiente sesión de la comisión; el 10 de octubre pediría una carta de introducción al delegado en París.

Eugenio Cambacérès

El 23 de septiembre de 1887, Eugenio Cambacérès, hermano del senador, abogado y exdiputado, conocido (y cuestionado) escritor que entonces estaba residiendo en París, fue nombrado representante interino en esa ciudad de la comisión porteña. Como figura a folios 12 del libro de actas, se le debían dirigir las comunicaciones y advertencias necesarias a efecto de que a la brevedad posible pudiera transmitir los datos requeridos sobre el local de que se podría disponer y las condiciones en que sería entregado a la comisión argentina.

Roca escribe nuevamente el 18 de octubre, ahora desde desde París, recomendando al joven ingeniero Henri François Cabirau, nacido en Buenos Aires en 1859 de padres franceses. Había realizado sus estudios en Francia, trabajaba como secretario de redacción en el periódico Le Moniteur de l’Exposition de 1889 y tenía amplia experiencia en ese tipo de eventos. Roca aprueba la idea porteña de un local separado de 300 m2 para la ciudad de Buenos Aires, “además de la sección correspondiente en el gran Palacio”.

En una tercera carta del 20 de octubre sugiere enviar a Cabirau a Buenos Aires para hacer una presentación ante la comisión de lo ya hecho y proyectado en París para la gran muestra, y de los defectos incurridos en las exposiciones anteriores. Finalmente le recuerda que el 1º de febrero se cerraba la recepción de pedidos de local para la Exposición.

El mismo día don Eugenio le escribía a su hermano comunicándole que la dirección de trabajos de la exposición había decidido que en vez de asignar a cada país un local único, se dividiría en grupos uno de gran tamaño donde se exhibirían productos similares, cualquiera fuera su procedencia, aclarando lo mencionado por Roca. Le solicita informar cuántos metros se requerirían para cada categoría y comenta sobre otro proyecto de la comisión porteña, un restaurant donde seguramente se pensaba servir carnes nacionales, que no se concretaría.

Cabirau se incorporó el 1 de noviembre a la delegación en París como secretario y mano derecha de don Eugenio, quien el 20 de noviembre informa a su hermano que se había producido un importante cambio: la dirección había dejado de lado la idea del edificio único y decidido que cada país latinoamericano tuviera su propio pabellón, para lo que se les asignaría unos 1500 metros a cada uno. Agrega:

Sin embargo, creo que lograré nos acuerden de 1500 a 2000 para nosotros y de esa base deben ustedes partir. Hagan de cuenta que tienen cuando mucho 2000 metros disponibles. Claro que mucho se puede hacer con eso y que no es necesario acumular. El zapatero v. gr. que mande sus zapatos no necesita mostrar diez pares, con uno o dos basta, et ainsi de suite. Con un poquito de tino en el arreglo mucho se puede hacer en un espacio pequeño.

La comisión porteña insistió en solicitar 6000 metros y el 27 de noviembre Eugenio escribe que había estado con Berger, quien le dijo que pese a su buena voluntad le sería imposible conceder esa superficie debido al limitado tamaño del Campo de Marte y a lo que ya se había destinado a otros países, pero que haría todo lo posible para conseguirle alrededor de 2500. Agrega que con un piso superior se podría extender el espacio a unos 4000.

Al día siguiente Berger comunicó oficialmente la decisión de acordar pabellones individuales a los países latinoamericanos y solicitó planos de los mismos. Cabirau preparó uno de 2000 metros, con un primer piso que llevaba el total a 3800, y fue enviado a Berger.

El acta del 7 de diciembre de la comisión porteña registra que De Jaer Frères presentó formalmente su propuesta para construir el pabellón argentino, acompañando planos y presupuestos. Se les contestó que el delegado de la comisión en Paris estaba autorizado para proceder a las obras que con tal objeto fueran indispensables, previo un concurso de proyectos y licitación del que resultase aceptado. Con motivo de esa propuesta, se decidió autorizar inmediatamente al delegado en París para que sacara a concurso el diseño del pabellón, en caso se concediera la instalación propia. Cabe recordar que la correspondencia por via marítima entre París y Buenos Aires tomaba entre dos y tres semanas.

En una larga carta del 17 de diciembre, Berger le explica a Eugenio los motivos por los cuales aún no podía darle la respuesta definitiva sobre el tamaño del terreno, recordándole que en 1878 todos los países latinoamericanos habían expuesto juntos en un local de 2245 metros, y que si bien conocían los progresos realizados desde entonces, nunca imaginaron que recibirían pedidos de las dimensiones de los que se estaban solicitando.

Finalmente, el 18 de enero de 1888 Eugenio envía el siguiente telegrama a Buenos Aires:

Tres mil metros instalacion propia esplendida situacion (ademas espacio a discrecion palacios generales) concurso construccion abierto

Como aclara en su carta del día siguiente, lo concedido era en realidad 1600 metros, según el croquis donde ya se ve lo que sería la forma final de la planta del edificio.

Continúa diciendo:

Construyendo un piso superior, podrán ganarse aún unos 1400 metros más. Y no será difícil obtener además un espacio de 300 á 400 m para la construccion de otro pequeño pabellón al que podrá darse un destino conveniente, destinándolo, por ejemplo, exclusivamente á la capital de la República.

Por último, dado caso de que el terreno acordado fuese insuficiente á poder exponer en él todos los productos que sean enviados por vds. el director de la Exposicion, señor Berger, me ha dado la seguridad de que en los diversos palacios de la instalación general nos será reservado todo el local que lleguemos á necesitar.

En cuanto á la situacion del gran pabellon argentino, es, á mi juicio, y según el Señor Presidente podrá ver por el adjunto plano (no disponible), de todo punto inmejorable, contigua á la torre Eiffel de 300m de altura, es decir, en los alrededores de dicho monumento que será, á no dudarlo, el punto donde la concurrencia afluirá en masa. Cerca tambien de la estacion del ferro-carril Saint Lazare (error por Decauville) y en medio de los jardines, sobre el Sena.

Repito al señor Presidente que creo que no podría habérsenos designado un local más ventajoso, debido muy principalmente á la buena voluntad y decidida cooperacion que nos ha prestado el Sr. Berger. Ha sido realmente necesario que dicho señor hiciera todo esfuerzo por sernos agradable, para llegar á la cantidad de 1600m superficiales, pues el local del campo de Marte es relativamente muy pequeño y muy excesivas tambien las exigencias de todos los países exponentes.

Es interesante la “venta” que hace Cambacérès de la ubicación, que como muestra el grabado en realidad era en los confines del Campo de Marte, que se extendía hacia la izquierda, con el Sena corriendo a pocos metros a la derecha. Se había literalmente amontonado allí a todos los pabellones latinoamericanos, con el de Brasil justo delante del argentino, cerrándole la vista. La cercanía a la torre, pese a ser cierto que atraería multitudes, no sería necesariamente positiva porque el gigantesco monumento eclipsaría todo lo que lo rodeaba.

También anunciaba en esa carta que el 23 de enero quedaría abierto el concurso de diseño y adjuntaba el documento impreso con las bases, indicando también que el costo sería necesariamente elevado para lograr una representación digna; como ejemplo, agregaba que México destinaba cinco millones de francos a su representación – suma que estimo contemplaba todos los gastos.

Finalmente y haciéndose eco de la idea de Roca, informaba que había decidido enviar a Cabirau a Buenos Aires el 5 de febrero, para que conferenciara con la comisión porteña y se informara “por sus propios medios de todos los elementos de que el país dispone y volver más en situación de contribuir al éxito completo de la tarea que tenemos entre manos”.

Concurso

El 28 de enero de 1888, el semanario La Construction Moderne publicó el anuncio del concurso, estipulando que el costo total no debía exceder 300.000 francos, suma que resultó ser la cuarta parte de lo que finalmente costaría el pabellón. Se detalla el importe de los premios y que el reglamento estaba disponible en la sede de la comisión y en la del periódico.

La Construction Moderne, III, Nº 16, 28/1/1888, p. 192

El reglamento apareció el mismo día en el semanario L’Architecture, órgano de la Société Centrale des Architectes, de París.

L’Architecture, I, Nº 4, 28/1/1888, p. 46

La primera sección, Programa, indicaba las dimensiones del terreno y el requerimiento de 3000 metros de planta total.

El costo se desglosaba en 250.000 francos para la construcción propiamente dicha y 50.000 para la decoración. Se especifican además los materiales y que la fachada principal debía ser la del Campo de Marte, pero sorprendentemente, esta versión no menciona que el edificio debía ser desarmable, factor que tenía una gran incidencia en el costo total.

La segunda parte, Pliego de Condiciones, indica el monto de los premios; que el jurado sería compuesto por la comisión argentina y tres arquitectos designados por la Sociedad Central.

El proyecto ganador del primer premio sería el elegido para su realización, reservándose la comisión el derecho de solicitar modificaciones, y el director de la obra podría ser el autor del proyecto u otra persona, con honorarios del 5% del costo total.

Finalmente se daban las fechas de cierre del concurso y del veredicto: 15 y 20 de abril.

Los proyectos debían ser anónimos, con el nombre y dirección del concursante en un sobre sellado, llevando un lema que se repetiría en el proyecto.

En el Fondo Exposición de París del AGN se conserva un folleto impreso del reglamento, obviamente una versión anterior porque el costo total indicado es menor – 275.000 francos. Además eran tres secciones en lugar de dos, y en la primera sí se especificaba que el edificio sería desarmado luego de la clausura de la exposición, transportado a Buenos Aires y reconstruido allí. Y una curiosa frase que no aparece en la versión publicada:

Siendo la República Argentina un país nuevo, sus ciudades, sus monumentos no se distinguen por un estilo arquitectónico particular.

Otra diferencia es que no menciona los arquitectos franceses que se invitaría a formar parte del jurado.

Ya en Buenos Aires, Cabirau presentó el 2 de marzo a la comisión porteña el estado de cuentas, informando sobre lo realizado y planeado. El libro de actas registra que mencionó que era imposible ocupar obreros extranjeros en París, algo que aparentemente se estaba considerando en Buenos Aires, “por la escaso y exigentes que eran en tales casos y por la falta de confianza que inspiraban”. Agregó que era costumbre de todas las naciones enviar con tal objeto un grupo de soldados al mando de un sargento y algunos bomberos del país, los que además de desempeñarse como obreros servirían “para la custodia y ornato de las respectivas secciones”. Para implementarlo había que solicitar el permiso del gobierno francés. La idea fue aprobada, pero tendría un resultado negativo porque los soldados debieron ser enviados de regreso después de la inauguración, por su mal comportamiento. Cabirau asistió a todas las reuniones de marzo, hasta la del 21. Ya en París, recordaría agradecido las atenciones recibidas durante su visita.

El 10 de marzo, L’Architecture publicó el calendario de actividades de la Sociedad Central, donde figura que el 21 se reuniría la comisión de concursos públicos, una de cuyas tareas sería «nombrar tres jurados para el concurso de la sección argentina en la Exposición de 1889».

L’Architecture, I, Nº 10, 10/3/1888, p. 119

El 11 de marzo Eugenio Cambacérès informó que Adolphe Alphand, director de trabajos de la ciudad de París, Georges Berger, director de la explotación de los trabajos de la exposición, Paul Sédille, ingeniero en jefe y Marc Millas, director de la sección extranjera, habían sido nombrados miembros honorarios de la comisión parisina e integrarían el jurado del concurso, “lo cual implica una garantía más de acierto en la elección dada la inigualable competencia de dichas personas.” Cambacérès resalta que fue un ofrecimiento espontáneo y no un pedido suyo, lo que venía a poner de manifiesto una vez más “la franca y decidida buena voluntad de que el personal de la dirección de trabajos se halla animada respecto de la República Argentina”.

Nuevamente L’Architecture publica el 24 de marzo los nombres de los arquitectos elegidos para el jurado, los Srs. Corroyer, Moyaux y Pascal.

L’Architecture, I, Nº 12, 24/3/1888, p. 136

Reunión del jurado

El 19 de abril de 1888 a las 13:30 el jurado del concurso se reunió en el Hôtel de Ville, la municipalidad de París. Una copia del acta del evento, que se conserva en el AGN, está escrita por un francés en un muy deficiente castellano (no es la letra de Cabirau) y detalla todo el proceso.

AGN – Fondo Exposición de París, Años 1887-1891, Sala VII, Legajo 3586

El jurado estaba formado por ocho miembros de la comisión argentina en esa ciudad: Eugenio Cambacérès, su presidente; Ricardo Lezica, vice presidente y Enrique Cabirau, secretario; Paul Matthey, tesorero, y los vocales Romualdo Alais, John Le Long, Norbert Maillard, y Gustavo Manigot. Además de los cuatro miembros honorarios mencionados antes, se presentaron Édouard Corroyer y Constant Moyaux, dos de los tres arquitectos designados por la Sociedad Central, para un total de catorce personas, que evaluarían los 27 proyectos presentados.

Cambacérès le rogó a Alphand tomar la presidencia del jurado, quien agradeció el honor pero dijo no poder aceptar sin saber si él, los otros tres miembros honorarios y los arquitectos invitados tendrían las mismas atribuciones que el resto de los integrantes.

Hizo un comentario que revela que el reglamento del que disponían tenía diferencias con lo publicado en L’Architecture. Recortes de dos de los artículos de esa versión están adheridos a la copia del acta del concurso. Uno, el Nº 6, es el quinto de la anterior sobre la composición del jurado, por lo que se había agregado un artículo, probablemente contemplando el requerimiento de que el pabellón fuera desarmable. El otro cambio fue en el segundo artículo, al que se le agregó que el costo total excluía el de los cimientos.

Cambacérès respondió que los miembros de la comisión habían conferido a los invitados los mismos derechos que ellos pudieran poseer, y Alphand aceptó la presidencia. Cabirau, designado secretario, leyó el reglamento a pedido del presidente, quien indicó que el jurado debía cerciorarse de que todos lo concurrentes hubieran cumplido con el artículo del reglamento que estipulaba los costos. También planteó si proyectos que excedieran el costo de construcción pero que se mantuvieran dentro del total, disminuyendo los de decoración, o viceversa, serían aceptados.

El arquitecto Moyaux dijo que se habría debido verificar todas las propuestas, dedicándole tres días; según Alphand habría sido una medida inútil pues para verificar las 27 propuestas habría sido necesario más tiempo. Sédille pidió la opinión de la comisión y Cambacérès declaró que no había lugar de establecer distinción alguna entre los gastos. El Presidente sometió la cuestión a votación, que resultó negativa.

Luego preguntó si se pensaba eliminar los proyectos que superaran los 300.000 francos. Siguió una discusión entre Moyaux, Sédille, Corroyer y varios miembros de la comisión; no habiendo verificado los proyectos, el jury no podría rechazar uno que sobrepasase los 300.000 y conservar otro de monto inferior, pues no había manera de saber si este último era honesto. El jurado opinó que no se rechazarían los de más de 300.000, Alphand planteó que eso implicaba que deberían aceptarse los proyectos sin presupuesto; se votó y aceptó.

Alphand explicó cómo se procedía en los concursos organizados por la ciudad de París, donde primero se realizaba un examen general para eliminar proyectos que a primera vista parecían ofrecer poco interés. Era suficiente con que un solo miembro del jurado apoyara algún proyecto para que pasase a la segunda rueda. En aquella, el jurado votaba a mano alzada cada proyecto para decidir si se incluía en la tercera, en la que el voto era secreto. Una nota en el acta indica que los proyectos se habían expuesto los días 17 y 18 de abril en la Salle St. Jean, y que se haría lo mismo el 21 y 22.

Se realizó el primer examen, en el que se rechazaron 13 de los 27 proyectos presentados. Como se ve en la lista de resultados en esta página del acta, varios llevaban lemas en castellano (el Nº 22, Fulano…), lo que sugiere que se habían presentado arquitectos argentinos.

AGN – Fondo Exposición de París, Años 1887-1891, Sala VII, Legajo 3586

En el segundo examen, de los 14 se eliminaron 10, siendo los cuatro finalistas Utile dulci, Résistence & légèreté, Rivadavia y Flore. El cuadro refleja los resultados de las siguientes cinco ruedas de votaciones.

En el primer escrutinio se eliminó Résistence & légèreté al no obtener ningún voto. En la segunda rueda hubo un empate; en la tercera, ninguno obtuvo la mayoría de 8 votos. En la cuarta, ganó Utile dulci con 8 y se le otorgó el premio de 4000 francos. En la quinta ganó Flore, recibiendo el segundo premio de 1500 francos.

Desde un principio los resultados señalaban a esos dos proyectos como los favoritos. Sin embargo, el resultado de la quinta rueda es interesante porque revela que además del integrante del jurado que había votado a Rivadavia en la cuarta rueda, a otros cinco integrantes les disgustaba Flore y votaron por Rivadavia, que hasta entonces había tenido un menor desempeño.

De inmediato se procedió a abrir los dos sobres sellados, identificados únicamente con el lema del proyecto. El autor del ganador, Utile dulci, era el arquitecto Abel Barré y el del segundo premio, el arquitecto Albert Ballu, ambos de París. El jurado, con un nuevo voto, recomendó a la comisión al Sr. Barré para la ejecución de los trabajos.

No hay indicaciones de que se hayan abierto los demás sobres, que se habrían devuelto cerrados a sus autores junto con los respectivos proyectos, respetando el anonimato.

En su edición del 28 de abril, L’Architecture publicó una nota firmada por Constant Moyaux con el detalle de las cinco ruedas de votaciones. Curiosamente, Barré aparece como Adolphe en vez de Abel; como en las últimas páginas del acta del concurso no aparece su nombre de pila pero sí el de Ballu, parecería que no lo había dado al presentar sus datos.

L’Architecture, I, Nº 17, 28/4/1888, p. 195

Modificaciones y elección de Ballu

En la documentación disponible hay dos versiones de lo que sucedió después, algo sorprendente porque Cabirau estuvo involucrado en ambas.

La primera resulta de dos cartas de Cabirau a Antonino Cambacérès; Eugenio había viajado a Trieste inmediatamente después de la reunión del jurado. El 20 de abril le escribe comunicándole los resultados, y agrega:

El proyecto del segundo era muy superior pero… el Dios de los Concursos no le favoreció. El primero de estos dos arquitectos es un buen capataz pero para nada un artista. El segundo, por el contrario, es un artista de corazón.

Continúa diciendo que por lo tanto tuvo la idea de reunirlos y pedirles que trabajasen juntos en un nuevo proyecto, a terminar en ocho días, lo que habían aceptado.

El 4 de mayo le escribe nuevamente, adjuntando el acta de la sesión del jurado. Añade que ninguno de los dos proyectos premiados había satisfecho plenamente a la comisión y de allí el pedido de un nuevo proyecto conjunto, lo que había fracasado porque ambos arquitectos querían conservar su idea original. En consecuencia, la comisión pidió a cada uno un nuevo diseño, y aprobó unánimemente el proyecto modificado de Ballu, quien trabajaba desde hacía tres días en los planos definitivos. Estimaba estarían terminados para el final de la siguiente semana, cuando encargaría las fotografías y clichés tipográficos que le habían solicitado.

La segunda versión proviene de copias tomadas del libro de actas de la comisión de París – no se dispone de los originales de la documentación de esta comisión, que tal vez esté en algún rincón de los archivos de la municipalidad porteña – soñar no cuesta nada…

El acta Nº 5, del 20 de abril, coincide con lo expresado por Cabirau en la misma fecha respecto del pedido de modificaciones a ambos arquitectos. La diferencia aparece en el acta Nº 6, del 25 de abril: habiendo presentado Ballu y Barré los nuevos proyectos, la comisión eligió por votación el de Ballu, lo que se le comunicó, invitándolo además a dirigir la obra, asociándose con Barré – no se menciona un nuevo proyecto en conjunto. Seis días después, el acta Nº 7 del 1º de mayo registra que Barré aceptó la invitación. Ballu ingresó a la sesión y mencionó que tenía cita con Barré para acordar la forma y condiciones de su colaboración. El párrafo siguiente no es claro; parecería que se refiere a dos versiones de su propio proyecto:

Enseguida sometió al examen de la comisión un nuevo proyecto que conserva el pabellón central del primero y al mismo tiempo se complementa con las modificaciones introducidas en el segundo; examinando los proyectos, se puso a votación, resultando aprobado el último por unanimidad.

Esta versión del proyecto requería 2000 metros, excediendo los 1600 asignados, por lo que se le encarga a Ballu acercarse a la dirección de trabajos y solicitar la ampliación. En el acta Nº8, del 28 de junio, Ballu da cuenta del fracaso de su pedido pero no se mencionan modificaciones al diseño aprobado. Por lo que sigue en las otras dos actas disponibles (Nº 9, 30 de junio, y 10, 3 de julio) solamente Ballu estaba a cargo y dirigía la licitación de la estructura metálica. No se comenta la separación de Barré del proyecto.

El semanario Le Génie Civil publicó en su edición del 27 de octubre una breve nota descriptiva del pabellón argentino, con fotos de dos de las esculturas que adornarían las pechinas de la cúpula principal y una lámina a doble página con la vista de la fachada y planos de las dos plantas del diseño de Ballu. Pese a que la nota menciona otra vista, la de la fachada lateral, no fue publicada.

Le Génie Civil, VIII, 13, Nº 26, 27/10/1888, planche XXVIII

No está claro si es la versión final; es lógico que las esculturas adornando la fachada principal y los pilones esquineros fueran sólo bocetos, ya que todavía no se habían seleccionado los artistas que las realizarían.

Se ven por lo menos dos diferencias con el edificio levantado en París: no aparece el sol dorado que coronaba allí la cúpula principal – aquí lleva la bandera nacional. Más importante es el cambio en los espacios que alojarían los mosaicos de escenas autóctonas, flanquando la entrada principal. En este dibujo, al tener una base recta son de menor altura que los definitivos, los que siguiendo la curva de la arcada inferior tomarían toda la superficie disponible para dar mayor tamaño a la imagen.

La similitud con el formato de los grandes paneles pintados que decoraban los recintos debajo de los cupulines hace pensar que tal vez aquellos también fueran así – de base recta – en el diseño original, y que se los hizo finalmente con base curva para maximizar las superficies a ilustrar.

Una mirada crítica – Georges Guicestre

El 28 de abril de 1888 el periódico especializado La Construction Moderne había publicado una extensa nota fimada por el arquitecto Georges Guicestre, titulada Concours pour la construction du pavillon de la République Argentine à l’Exposition Universelle de 1889. El autor, de 31 años, era egresado de la École des Beaux-Arts y fallecería dos años después, de una larga enfermedad.

La crónica comienza con una amarga crítica a los jurados de los concursos públicos, que premiaban proyectos convencionales en detrimento de la creatividad y originalidad. Asigna como una causa la usual minoría de arquitectos en esos jurados, y que la situación en las provincias francesas era más seria, ya que en París había una mayor incidencia de profesionales y más transparencia en las deliberaciones.

Al comenzar a comentar el concurso para el pabellón argentino lo compara negativamente con los de las provincias. Como es la única fuente que encontré mencionando los proyectos que compitieron, incluyo toda esa parte de la crónica.

Sin embargo, hoy, aquí mismo en París parece quererse introducir los errores de las provincias.

Se juzgó la semana pasada el concurso para la construcción del pabellón de la República Argentina en la Exposición Universal de 1889. ¡Oh amigos, qué sentencia! Entiendo: esta competencia no puede ser considerada como una competencia parisina. No importa, bastaba que se juzgara en París y que el monumento presentado a concurso apareciera allí durante algún tiempo, para que no rompiéramos de repente con la tradición que aún se conservaba en París.

Ya esta competencia en sí misma no era famosa, – se ha desanimado a tantos competidores que ya no se arriesgan! – sólo había 26 (sic) proyectos, y sin embargo había 10 que los arquitectos habrían clasificado antes que el proyecto ganador.

Se podría pensar que para un pabellón de exposiciones, una construcción temporaria que debe desmontarse al final de la Exposición para transportarla a Buenos Aires, nos íbamos a desviar un poco de lo convencional y detenernos frente a lo inesperado, frente a un proyecto divertido. Parecía que allí convenía más libertad, más fantasía; – pero no.

Los planos presentaban, con algunas variaciones, el mismo diseño que el del Palais de l’Industrie de París: un rectángulo rodeado de galerías y entre las galerías, una gran nave.

El proyecto Nº 1 (lema: Utile dulci) al que se otorgó el primer premio, tenía pabellones que sobresalían de las cuatro esquinas del rectángulo y en el medio de los dos lados largos, estando todos estos pabellones conectados por galerías, y los del medio más importantes que los extremos; todo ello atravesado por dos plantas de arcadas, separadas por pilastras de una monotonía irremediable, con formas renacentistas tratadas en hierro, un montón de pequeñas chucherías que no responden a ninguna necesidad de construcción, luego entre la armadura de hierro, los tradicionales rellenos de loza, luego en los pabellones extremos los frontones eternos, luego en el techo de los pabellones intermedios un diminutivo de campanario; entonces… he aquí el premio.

El Nº 2 no tenía pabellón intermedio. Las entradas estaban en los extremos de la fachada tratada un poco secamente.

El Nº 4 era interesante. Lo inesperado, voladizos, balcones, escaleras marcadas en las fachadas, un enjambre de formas nada desagradable.

El Nº 6 ofreció una solución diferente a los demás; una gran sala al frente con detrás, colgadas arriba, otras tres salas de exhibición separadas por pequeñas galerías. Estas tres salas estaban marcadas en la fachada por tres grandes arcadas con, entre ellas, pequeños motivos de frontón que enfatizaban las galerías. Todo esto ciertamente estudiado por un artista. Pero las tres grandes entradas parecían sugerir detrás de ellas salas de exhibición más grandes; y aquí, como en la anterior, la gran nave partida en dos por un piso, ¿no habría estado muy aplastada en la planta baja? A pesar de todo, era audaz y un placer verlo.

La nave del Nº 8 estaba estorbada por escaleras; en el centro había puntos dispuestos para recibir una cúpula y las líneas de corte eran todas irregulares. También en la fachada había algo de pesadez, la cúpula no lo suficientemente horadada, y la parte maciza del primer piso, aplastando la parte calada de la planta baja.

Nº 10. Sala grande con pasillos, escalera al fondo, cúpula en el centro, sección bien asentada, fachada muy bonita, hubiera sido muy agradable la pequeña galería abierta en el primer piso: una gran arcada adosada por contrafuertes formaba la entrada.

Nº 11. Misma solución que el anterior. Interesante y pintoresca fachada a pesar de la pesadez del techo cuyo fuerte voladizo estaba sostenido por exageradas ménsulas.

Nº 13. El motivo central absorbió demasiado al resto del edificio. Era una entrada demasiado grande. Sin embargo, el proyecto fue bien estudiado, pero no lo suficiente, en vista de los materiales a utilizar. Parecía que la fachada debía ser construida en piedra.

Estamos ahora ante el 2º premio Nº 14 (lema Flore). Un buen plan muy simple: galerías que contienen un rectángulo con, en el centro, un cuadrado a cuyos lados giran las galerías, cúpula sobre el cuadrado, pequeñas cúpulas en la unión de las galerías en las cuatro esquinas del cuadrado, escalera en el fondo. En el frente, el motivo de entrada consta de tres arcos, correspondiendo el del medio al cuadrado interior de mayor tamaño que los otros dos correspondientes a las galerías laterales. En fin, poca investigación, poca arquitectura, pero ¡qué mosaicos tan bien hechos!… Faltaba una lupa al pie de los dibujos.

¿Qué más decir? Encontramos en medio de nuestras notas el nº 21; el nº 23 tenía una gran arcada en el centro de la fachada y tres más pequeñas en los laterales, con una cúpula demasiado pesada en el centro. En el plano buscamos las escaleras y las galerías.

Aquí está el nº 24 con una bonita fachada de estilo persa, el nº 25 con una cúpula aún demasiado pesada, por último el nº 26 con una divertida entrada, resguardada por una marquesina y a tope con grandes pilones.

Y es todo. Pregunté a mi alrededor, no encontré un defensor del proyecto en el primer puesto. Por lo tanto, no sería capaz, por mí mismo, de descubrir las razones de tal juicio, pero con mucho gusto cedería la pluma a cualquiera que pudiera explicármelas.

La descripción que hace Guicestre del proyecto original de Ballu es tan similar al final que surge la pregunta de cuáles habrán sido las modificaciones realizadas.

Albert Ballu (1849-1939)

© Académie d’Architecture, Paris

Nacido en París, era hijo del arquitecto Théodore Ballu, por lo que vivió la profesión desde su infancia. Ingresó a los 19 años a la École des Beaux-Arts, cuando se terminaba bajo la dirección de su padre la construcción de la iglesia de la Trinidad. Admitido al estudio de Auguste-Joseph Magne, se desempeñó como asistente en algunos proyectos paternos.

Obtuvo varios premios (Bordeaux, Charleroi). En la Exposición Universal de 1889, además del pabellón argentino había diseñado el de Argelia, país donde fue durante más de treinta años el director de arquitectura, con importantes excavaciones y diseño de edificios públicos a su cargo.

Falleció en París en las vísperas de la segunda guerra mundial y fue sepultado en el Père Lachaise.

Como señalé en la nota Pechinas y paneles, el pintor Jules Lefebvre parece haberlo tomado como modelo para el protagonista de su panel La arquitectura, un discreto homenaje similar al que le hizo a Ernest Barrias al incluirlo en su otro panel, La escultura.

Museo Nacional de Bellas Artes, Fondo Schiaffino, Inv. Nº 03079 (detalle)

Abel Barré (1854-1900)

Gentileza de Marc Barré

Arquitecto con varios edificios realizados en el 11ème arrondissement de París, según la página PSS-ARCHI-EU.

Además del primer premio en el concurso por el pabellón argentino, fue el ganador en el del pabellón del Uruguay y responsable de su construcción, como lo indica la nota publicada en L’Architecture el 25 de agosto de 1888:

L’Architecture, I , Nº 34, p. 401

Falleció en París en marzo de 1900 y fue sepultado en la bóveda familiar del cementerio Père Lachaise.

Un joven tataranieto del arquitecto de su mismo nombre me puso en contacto con su padre, quien me informó que no se han conservado en la familia sus archivos documentales.

Procesamiento de imágenes, gentileza de Gabriel de Meurville

Fuentes

  • Archivo General de la Nación, Buenos Aires. Documentos Escritos, Sala VII, Fondo Exposición de París
    • Libro de Actas de la Comisión Directiva, Exposición Universal (1887-1891), Legajo 3594
    • Sesión del jury tenida en el hotel de villa de Paris el 19 de april 1888 à la una y media de la tarde, bajo la présidencia del Sr. Alphand, director général de los trabajos de la Exposicion Universal de 1889 – Acta, Legajo 3586
    • Actas Nº 5 (20/4), 6 (25/4), 7 (1/5), 8 (28/6), 9 (30/6) y 10 (3/7/1888) de la Comisión de París (copias), Legajo 3586
    • Cabireau, Henri F. a Antonino C. Cambacérès, Cartas: París, 20/4 y 4/5/1888, Legajo 3586
    • Cambacérès, Eugenio a Antonino C. Cambacérès, Cartas: París, múltiples fechas, Legajo 3586
    • Roca, Julio A. a Antonino C. Cambacérès, Cartas: Lucerna, agosto 13 de 1887; París, octubre 16, 18 y 20 de 1887, Legajo 3586
  • La Construction Moderne y L’Architecture – Journal hebdomadaire de la Société Centrale des Architectes Français, Bibliothèque de la Cité de l’architecture et du patrimoine
  • Le Génie Civil – Revue générale des industries françaises & étrangères, planche XXVIII, VIII, Tome 13, Nº 26, 27 octobre 1888, Gallica, Bibliothèque nationale de France
  • Le Moniteur de l’Exposition de 1889, Conservatoire numérique des Arts et Métiers, Cnum-CNAM
  • Guicestre, Georges, «Concours pour la construction du pavillon de la République Argentine à l’Exposition Universelle de 1889», La Construction Moderne, 3ème année, Nº 29, 28 avril 1888, p. 339-340
  • Recueil de photographies d’architectes admis à la Société Centrale entre 1888 et 1890, Cote 545, Fonds anciens de la Société Centrale, Académie d’Architecture

Bibliografía

  • Alcorta, Santiago (ed.), La República Argentina en la Exposición Universal de París de 1889 – Colección de Informes Reunidos, París, P. Mouillot, 1890
  • _____, Registro Nacional de la República Argentina, que comprende los documentos espedidos desde 1810 hasta 1890, Tomo X, 1885 a 1886. Buenos Aires, Taller Tipográfico de la Penitenciaría Nacional, 1897
  • Albert Ballu, Wikipédia, l’encyclopédie libre

4 comentarios sobre “1886-1888: Del inicio al concurso de diseño

  1. Alejandro, otra nota de investigación exhaustiva y tan interesante. Es increíble todo lo que significó el proyecto del Pabellón para Argentina en esa época. Siempre quedo deseando tu próximo trabajo. Gracias

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  2. Hola. Felicitaciones por este espacio. Aporto una observación para revisar y si se considera necesario, corregir un error. En la sección relativa a la votación, creo que donde dices: «Sin embargo […] revela que a cinco integrantes del jurado les disgustaba Flore […]» debería leerse «Sin embargo […] revela que a seis integrantes del jurado les disgustaba Flore […]». Un saludo desde el barrio de Balvanera.

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    1. Muchas gracias por el comentario, y me es sumamente gratificante ver que alguien ha leído la nota con semejante detenimiento! Puse lo del 5 porque supuse que el sexto votante por Rivadavia en la rueda V era el mismo que ya había votado por ese lema en la rueda anterior. Pero no viene mal aclararlo – cordiales saludos!

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