Mosaicos y otras pinturas
En su listado de sumas pagadas (en francos) en la construcción del Pabellón que presentó en sus Informes reunidos, Santiago Alcorta menciona a siete pintores. Eran Félix-Joseph Barrias, hermano mayor del escultor de los bronces de las columnas esquineras, y Alfred Philippe Roll, quienes realizaron cartones para mosaicos; Ernest Ange Duez, Alfred Paris y Frédéric Montenard, creadores de grandes óleos enmarcados; y Benoît Chancel y Louis-Stanislas Faivre-Duffer, los que junto con Barrias fueron los autores de las «pinturas decorativas».




Mosaicos
La triple fachada del Pabellón Argentino llevaba un mosaico sobre cada uno de los arcos laterales. Habían sido realizados por Giandomenico Facchina, artista italiano con estudios en Venecia y París, sobre cartones de Félix-Joseph Barrias (1822-1907) y Alfred Philippe Roll (1846-1919).


Barrias imaginó una apacible escena de descanso en el campo en la que un gaucho, de rodillas en un promontorio, con su caballo detrás y acompañado por su perro, está cuidando algunas ovejas. La composición parece bastante forzada, el artista limitado por el difícil formato del espacio y la distancia del suelo a la que estaría ubicado el mosaico. Agradezco a Susy Harrington haber señalado que el caballo no está echado, como me había parecido inicialmente.
Del mosaico de Roll hay mejores imágenes, sobre todo del cartón. Un paisano prepara el arado mientras su buey lo observa, esperando ser aparejado.

Ya en Buenos Aires y como sucedía con los demás elementos cerámicos de la decoración del Pabellón, los mosaicos sufrían los efectos de los movimientos de la estructura, expuesta a los vientos en la ceja de la barranca. Las teselas se iban desprendiendo y no parece haber habido ningún intento de repararlos. Como se ve en esta foto de alrededor de 1900, el de Barrias había casi desaparecido y el de Roll también estaba muy afectado.

Finalmente y junto con la mayoría de los otros cerámicos, fueron retirados durante la restauración del edificio en 1909-1910, en preparación para la instalación del Museo Nacional de Bellas Artes y la Exposición Internacional del Centenario, realizada en el vecino pabellón diseñado por Emilio Lavigne. Los espacios que ocupaban quedaron vacíos.

Como se detalló en Pechinas y paneles, Eduardo Schiaffino, director del Museo Nacional de Bellas Artes, después de cinco años de esfuerzos había logrado en 1900 retirar del Pabellón los dos cartones realizados por Barrias y Roll para los mosaicos, que Waldorp tenía precariamente almacenados en una dependencia del edificio. Fotos del museo todavía en el Bon Marché y luego en el Pabellón muestran el cartón de Roll cuidadosamente enmarcado pero no el de Barrias, que habría estado demasiado deteriorado para ser exhibido.


Se desconoce el paradero de estos cartones.
Cuadros
Otro listado de Alcorta ya mencionado en Un bronce y su secreto resumía los gastos efectuados por la comisión de París a julio de 1889. Da allí algo más de información sobre los cuatro óleos de grandes dimensiones que decoraban el Pabellón en esa ciudad.

Los dos debidos a Ernest Ange Duez (1843-1896), colgados sobre la escalera que llevaba al primer piso, flanqueaban la gran vidriera de la fachada trasera. Los menciona el artículo sobre la exposición en el primer número de La Revue Illustrée du Rio de la Plata, de septiembre de 1889. El sembrador puede verse en un grabado; según ese artículo, su pendant era Navío partiendo, un error del cronista que lo confunde con el gran óleo de Montenard que se describe más abajo. Un detallado artículo de Le Panthéon de l’Industrie lo identifica correctamente como Las minas.
No se han encontrado otras imágenes de estos óleos y tampoco hay registro de que hayan llegado a Buenos Aires, por lo que tal vez estaban entre los arrojados al mar durante la tormenta.

Los otros dos grandes óleos sí se conservan. Fueron colgados en París en las salas del primer piso, pero no se han encontrado imágenes donde se los vea.
Un grabado publicado en esa misma revista muestra una recepción en la nave del primer piso para la inauguración del Pabellón en Buenos Aires. Según el cronista se canta el himno nacional, acompañado por la orquesta del maestro Ismael, aunque sorprende que el público esté sentado. Lo despojado de la decoración de las paredes contrasta con el cuidado que el dibujante, aparentemente de apellido Capua, prodigó a los participantes de la reunión. En la pared de la derecha se ve un gran cuadro, posiblemente uno de estos óleos.

En Buenos Aires, Schiaffino se los solicitó el 24 de septiembre de 1895 al Dr. Antonio Bermejo, ministro de Instrucción Pública, entre otras obras de arte que se hallaban en reparticiones del gobierno para exponerlos en el Museo Nacional de Bellas Artes. El pedido no incluye a los de Duez, algo que Schiaffino no habría soslayado.
El de Alfred Paris era A través de la Pampa, y en el primer catálogo del museo, de 1896, aparece colgado en la Sala I.

Paris (1846-1908) había llegado a Buenos Aires de niño, se educó en París y regresó a la Argentina, donde permaneció muchos años. Comenzó sus estudios de pintura con Francisco Romero en la Sociedad Estímulo de Bellas Artes desde su apertura, en 1878. Schiaffino da una amplia reseña biográfica y describe el cuadro en su obra sobra la pintura argentina:
Representa la conquista del Río Negro por el general Roca, y ha sido hecho con sus numerosos estudios del caballo criollo y las referencias verbales del ingeniero Ebelot, conocedor del desierto pampeano en su calidad de antiguo expedicionario.
Aún cuando la columna en marcha parece más bien un paseo militar, y su silueta harto regular y correcta no se ajusta a lo que debió ser aquella difícil, si bien rápida expedición, erizada en su aspecto visible por infinidad de artefactos, pertrechos y utensilios caseros, más propios de un éxodo que de una formación militar, la verdad atmosférica está lograda por el artista, y sobre todo, el tipo criollo del milico y del caballo, le dan marcada superioridad sobre el mismo cuadro, interpretado retóricamente por don Juan M. Blanes.

Desde 1929 se expone en la sala central del Museo Histórico Nacional donde, como comenta Roberto Amigo, permanece invisible al público, eclipsado por el de Blanes sobre el mismo tema que menciona Schiaffino, de mucho mayor tamaño, por El traslado de los restos de Lavalle de Nicanor Blanes y El abrazo de Maipú, de Pedro Subercaseaux.
El otro cuadro de grandes dimensiones era El puerto de Buenos Aires, de Frédéric Montenard. Según el catálogo estaba colgado en la Sala III.

El Baedeker de la République Argentine de 1907 lo describe cuando estaba exhibido en la Sala XV: «Este cuadro fue pintado en París mediante una fotografía del Riachuelo, para el pabellón argentino de la Exposición de 1899 (sic). Por el conocimiento y la costumbre de pintar temas similares en el sur de Francia, esta interpretación a distancia tiene un sello de verdad que satisface.»

También estuvo expuesto en el Museo Histórico Nacional y se conserva hoy en el MNBA.
Pinturas decorativas
Según se vio al principio, Alcorta en su listado menciona a Félix-Joseph Barrias solamente con su apellido, lo que confundió a muchos autores que pensaron que era su hermano el escultor. Además del cartón para el mosaico, realizó ocho «cuadros decorativos», cobrando 6.500 francos en total. Benoît Chancel (1819-1891) y Louis-Stanislas Faivre-Duffer (1818-1897) recibieron 3.000 francos por cuatro piezas cada uno. El primero era el padre de Adrien Chancel, architecte du Gouvernement y mano derecha de Ballu en el Pabellón.
El listado de gastos a junio de 1889 es anterior en fecha y nuevamente presenta a estos artistas, pero con diferencias – aquí, Barrias habría pintado cuatro y no ocho cuadros. Además se indica su ubicación: «sobre las armaduras de fierro – 1º pizo (sic).» Como aquí los pagos aparecen desglosados, se ve que por los cuadros cobró mil francos más que que sus dos colegas. Tal vez por mayor prestigio, o porque realmente hizo ocho.

Su objeto era ocultar la estructura de hierros entrecruzados de las cabriadas, cubriéndola con paneles pintados. El artículo en Le Panthéon de l’Industrie es el que mejor los describe, identificando su ubicación y sus autores:
La grande nef est décorée des sujets suivants: la Moisson, le Semeur, l’Industrie, par M. Chancel, dans la partie est, avec quatre écoinçons de ferme; la Navigation, la Science, par M. F. Duffer, dans la partie ouest; un Mineur, la Tonte des moutons, la Culture du tabac, les Bains sulfureux, par M. F. Barrias, dans la partie centrale. (La gran nave está decorada con los siguientes motivos: la Cosecha, la Siembra, la Industria, por el Sr. Chancel, en la parte este, con cuatro enjutas en las cabriadas; la Navegación, la Ciencia, por el Sr. Duffer, en la parte oeste; un Minero, la Esquila, el Cultivo del tabaco y los Baños termales, por el Sr. F. Barrias, en la parte central.)
Se los ve en fotos del Pabellón en Buenos Aires. Cada media cabriada, como esta del lado oeste, tenía cuatro segmentos; los de los extremos, muy angostos, no estaban decorados.

Un detalle de la foto anterior muestra mejor las figuras – vistiendo una toga y una corona de laureles, una persona rodeada de libros y de un globo terráqueo lee a la luz de una lámpara de aceite, y se dirige hacia un geniecillo que se aleja volando, llevando algo en su mano derecha. Es La Ciencia, de Faivre-Duffer.

Esta otra, muy similar en estilo, debe ser su Navegación – aunque más probablemente, el Comercio marítimo.

En el otro extremo de la nave estaban los de Chancel, pero tenemos una sola foto con poca nitidez – tal vez la Industria.

Félix-Joseph Barrias pintó los de las cabriadas del centro de la nave, enfrentando a los de Chancel y Faivre-Duffer, cuatro a cada lado de la cúpula principal. La revista L’Exposition de Paris de 1889 menciona dos en un artículo de noviembre de 1889:
Y, en medio de los arcos que se cruzan en los ángulos de las galerías, soberbias composiciones que recuerdan la esquila y el matadero.
Esta descripción difiere de la del primer artículo, que no menciona un matadero. Enrique M. Nelson era uno de los jóvenes ingenieros agrónomos egresados del Instituto Santa Catalina, contratados por la comisión porteña en 1888 para realizar tareas en el interior referidas a la recopilación de productos a exhibir, etc., y luego enviados a París como auxiliares de la comisión allí e investigadores. En una extensa carta de agosto de 1889 dirigida a Eduardo Olivera, presidente de la comisión porteña, en la que comenta sobre la exposición, menciona críticamente a estas mismas obras:
Hay una pintura donde se ve una mujer esquilando, pero esa mujer no tiene un solo rasgo de criolla; es un tipo europeo y más oriental que occidental, italiano si se quiere; su traje es una bandera multicolor: pollera verde (siempre el verde brasilero), cinturón azul, camisa o bata blanca con descote tan prodigiosamente bajo que muestra hasta la parte superior de los brazos. Y a pesar de esto, qué blancura! La cabeza esta envuelta con un pañuelo rojo a manera de turbante. En la parte derecha del cuadro está la oveja que ha esquilado y a la izquierda el canasto en que ha colocado la lana. Emplear canastos para echar la lana!! Completa el cuadro un gaucho apoyado a una ventana que a mi modo de ver es lo único pasable.
Otra pintura que hace simetría a la anterior representa un mal carnicero disponiéndose a carnear una vaca, y digo malo porque uno bueno no reparte con tanta profusión la sangre sobre el cuerpo del animal (esto es, si el tinte rojizo del cuero representa manchas de sangre, porque si no es así el pintor ofrece un nuevo color para el pelo de la raza vacuna).
La descripción de la segunda pintura parece ser del panel Curtiembre de Albert Besnard, que estaba bajo el cupulín dedicado al comercio y la industria, pero Nelson dice que hacía simetría con la anterior, lo que no aclara la duda.
Una foto del primer piso, ya instalado el Museo Nacional de Bellas Artes, muestra en su esquina superior derecha una de estas pinturas:

Ampliando ese detalle y pese a la poca definición, se observa que es el panel izquierdo de La esquila, con la mujer, la oveja y el canasto. Falta el panel de la derecha, donde aparecía al gaucho que la observaba apoyado en una ventana.

Estas pinturas no se han conservado – más incógnitas sobre este malogrado edificio.
Procesamiento de imágenes: gentileza de Gabriel de Meurville
Fuentes
- Archivo General de la Nación, Buenos Aires. Documentos Escritos, Sala VII, Fondo Exposición de París, Legajo 3586, y Departamento Fotográfico
- Museo Nacional de Bellas Artes, Fondo Schiaffino
- El Hogar, año XIX, Nº 699, 9 de marzo de 1923
- L’Exposition de Paris de 1889, Nº 54, 20 novembre 1889, p. 109
- Le Panthéon de l’Industrie, quinzième année, Nº 730, janvier 1889
- La Revue Illustrée du Rio de la Plata, première année, Nº 1, septembre 1889, & cinquième année, Nº 52, avril 1894
Bibliografía
- Alcorta, Santiago (ed.), La República Argentina en la Exposición Universal de París de 1889 – Colección de Informes Reunidos, París, P. Mouillot, 1890
- Amigo, Roberto, «Alfred Paris: «À travers la Pampa»», en Acervo – Estudios Patrimoniales, Museo Nacional de Bellas Artes, Nº 1, agosto 2015
- Martinez, Albert B., Baedeker de la République Argentine, 3ème édition, Barcelone, A. López Robert, 1907
- Museo Nacional de Bellas Artes, 120 años de bellas artes – obras fundacionales de la colección del MNBA, [Buenos Aires, Amigos de Bellas Artes, 2016]
- Museo Nacional de Bellas Artes, Catálogo de la obras expuestas en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Peuser, 1896
- Priamo, Luis, Buenos Aires, Memoria Antigua – Fotografías 1850-1900, Fundación Ceppa Ediciones, Buenos Aires, 2017
- Schiaffino, Eduardo, La pintura y la escultura en Argentina (1783-1894), Edición del autor, Buenos Aires, 1933
Me parece un trabajo genial. Muy buenos los comentarios.
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Impecable. Una calidad de investigación digna y merecida hacia toda la gente que tuvo algo que ver con nuestro querido Pabellón.
Gracias
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Ah buenoooooo! Cuánta información, una maravilla! Y gracias por nombrarme, ja ja ! Felicitaciones Alejandro! Este blog es algo único
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