1891-1894: Compás de espera y renacimiento
Índice
- 1891 – Nuevos intentos de venta
- 1892 – Proyecto de ampliación de la plaza San Martín
- Carlos Morra – primer proyecto de reconstrucción
- Panteón Nacional y monumento a Falucho
- En el Congreso
- 1893 – Contrato de reconstrucción y explotación
- Comienza la obra
- Invitación a representantes de la prensa
- La exposición permanente
- 1894 – Informe de Juan A. Buschiazzo y recta final
- Inauguración
- Una de las primeras imágenes
- Una visita al complejo
- Entretenimientos
- Esbozos biográficos
- Fuentes
- Bibliografía
1891 – Nuevos intentos de venta
Como vimos en 1890: De París a Buenos Aires, a fines de ese año había llegado, transportado en la barca Ushuaia y varias otras naves, el desarmado pabellón. Sumido el país en una profunda crisis económica, su reconstrucción era inconcebible. Inicialmente almacenado el cargamento en los depósitos del Dique Nº1 de Puerto Madero, finalmente se lo trasladó a la Sociedad Rural, frente al Parque Tres de Febrero. El proceso debe haber sido lento y complicado: el 13 de abril de 1891, la Municipalidad ordenó desembarcar todos los bultos del Pabellón que todavía estaban a bordo de la Ushuaia, a pedido del ministro de Marina, porque se precisaba la embarcación (La Prensa).
De los pares de grandes bronces que decoraban los pilones esquineros del edificio, cuyo tamaño dificultaba el alojarlos en depósitos y estaban siendo dañados a la intemperie, uno se instaló en la explanada norte de la Casa Rosada, y el otro en los portones de entrada del Parque Tres de Febrero (hoy Plaza Italia) – ver Ernest Barrias: Las alegorías.
El empresario Enrique Pontecórboli, quien ya había hecho una fallida oferta por el Pabellón en agosto de 1890, cuando todavía ni había salido de Francia, firmó en abril de 1891 un contrato ad referendum con la Municipalidad para la compra del edificio. El 20 de abril de 1891, la Intendencia envió un mensaje al Concejo Deliberante solicitando la aprobación del mismo, dando como principal fundamento de la operación «el no hallarse en condiciones de gastar la cantidad de cien mil pesos que costaría armarlo» (La Prensa).
El editor del diario porteño The Standard emitía opiniones lapidarias. El 4 de abril:
Whoever may feel inclined to purchase a souvenir of Argentine triumphs at the Paris Exhibition can go in for the famous Pavilion that cost such a pot of money, and is now destined to be sold at auction, probably for a song. It is but a bare two years ago since that Pavilion and the reckless extravagance of Argentine nabobs in Paris led the world at large to believe that this country was the new El Dorado. But now, alas, even the smashed-up Bond and Cedula holders are not poor enough to do it reverence.
Quien se sienta inclinado a comprar un recuerdo de los triunfos argentinos en la Exposición de París puede optar por el famoso Pabellón que costó tanto dinero y que ahora está destinado a ser subastado, probablemente malvendido. Hace apenas dos años que ese Pabellón y la imprudente extravagancia de los jerarcas argentinos en París llevaron al mundo a creer que este país era el nuevo El Dorado. Pero ahora, por desgracia, incluso los titulares de los aplastados bonos y cédulas no son lo suficientemente pobres como para hacerle reverencia.
Y el 21 de abril:
The Argentine Pavilion that figured so splendidly at the Paris Exhibition is now in the market for sale, and those on the look-out for a ‘white elephant’ should not miss the opportunity, as they may not get such another for a long time to come.
El Pabellón Argentino que lució tan espléndidamente en la Exposición de París ya está a la venta, y aquellos que estén en busca de un ‘elefante blanco’ no deben perder la oportunidad, ya que es posible que no consigan otro en mucho tiempo.
La iniciativa de Pontecórboli no prosperó, pero no fue la única. En junio, la Municipalidad, con varias otras propuestas a la vista, había elegido la presentada por los señores Bignami, Fouchard y Cía., quienes proponían celebrar un contrato de arrendamiento por diez años mediante el pago de la suma de 300.000 pesos. Georges Auguste Fouchard era un arquitecto francés nacido en 1847, que se desempeñó en Argentina entre 1888 y 1892, pero no encontré información sobre Bignami.
El 30 de julio, La Prensa informó que habiendo pasado ese contrato a estudio de la Comisión de Hacienda del Concejo Deliberante, se dictaminó que el arrendamiento fuera hecho por licitación pública, según lo dispuesto por la ley orgánica municipal.
Las bases para la licitación eran las siguientes:
• El concesionario estará obligado a armarlo en el terreno contiguo al cuartel del Retiro.
• El precio del arrendamiento no podrá ser menor de 300.000 pesos m/n, debiendo además pagarse un alquiler por el terreno no menor de 3.000 pesos mensuales.
• El contrato de locación no podrá exceder del término de diez años. Vencido éste, el pabellón con todas sus dependencias volverán a poder de la Municipalidad, sin desembolso alguno por parte de ésta.
• La Municipalidad entregará el pabellón en el estado en que se encuentra, no siendo responsable por las piezas que se hallen en mal estado o que faltaren.
• Los licitantes deberán depositar previamente en la Caja de Conversión la suma de diez mil pesos en garantía de sus respectivas propuestas, perdiendo todo derecho, en caso de ser aceptadas, si no concurren dentro de diez días al llamado de la Intendencia para firmar el contrato definitivo.
• Los avisos de licitación serán oportunamente publicados en tres diarios de la Capital.
No hubo mayores novedades y aparentemente, tampoco avanzó la licitación. El 15 de septiembre de 1891 informaba La Prensa que la comisión encargada de practicar una indagación respecto de lo ocurrido con el contrato de arrendamiento del Pabellón también estaba investigando las denuncias en los diarios sobre robos de los materiales en depósito. Aconsejó que el asunto y todos sus antecedentes volvieran a la Intendencia, para que esta obtuviera de una manera formal el desestimiento del contrato por parte de los firmantes, los señores Bignami, Fouchard y Cía.
Investigadas las denuncias de sustracciones, no pudieron ser comprobadas salvo el caso de una columna rota, que había sido retirada para su compostura, y unos 1600 kilogramos de cobre vendidos indebidamente, pero que ya habían sido devueltos, lo mismo que la columna.
Días después, el 23, La Prensa informaba que como resultado de conferencias entre Carlos Pellegrini, presidente de la República, y el intendente Francisco Bollini, se había resuelto que el Pabellón pasara a poder del gobierno nacional, dado que la Municipalidad no se hallaba en situación de subvenir a su reconstrucción. A tal efecto, se nombró una comisión compuesta por los señores Francisco Seeber, Alberto Casares y el ingeniero Nolasco Ortiz Viola, para que junto con la Comisión de Paseos procedieran a formular las bases para sacar a licitación la reconstrucción «en algún lugar público.»
1892 – Proyecto de ampliación de la plaza San Martín
El 23 de diciembre de 1891, La Prensa publicó la noticia de un ambicioso proyecto de Carlos Thays, el director de Paseos Públicos, ya aprobado por la comisión respectiva y los planos sometidos a la consideración de la Intendencia. Como se vió en Últimos días, no era el primero ni sería el último.
El ensanche consistía en anexar a la plaza todo el terreno que ocupaba el cuartel del Retiro, disponiéndose así del espacio suficiente para la formación de un parque en toda forma. En el centro del terreno que ocupaba el cuartel quedaba la extensión necesaria para instalar el Pabellón Argentino, rodeado de una gran verja y de los macizos de flores consiguientes. En el terreno en que se pensó anteriormente reconstruir el Pabellón, que era el que abarcaba la continuación de la calle Florida (luego Pasaje Falucho), se levantaría un teatro de verano, cuya construcción y explotación se haría por medio de licitadores. La Intendencia gestionaría la cesión del terreno que ocupaba el cuartel mencionado, a cambio de un terreno municipal apropiado para su traslación.
El siguiente 15 de febrero, en una nota en La Prensa titulada «Obras urgentes de higiene y ornato del municipio», en octavo lugar figuraba «Cesión a la Municipalidad del terreno contiguo al cuartel del Retiro, destinándose a la formación de un paseo contiguo a la plaza San Martín.» No queda claro si se refería al terreno sobre Arenales y Florida, o si era el que estaba al pie de la barranca, cortado por el Pasaje Falucho.
Sin otras noticias, el 30 de marzo de 1892 otra nota de La Prensa destacaba el mal estado higiénico del cuartel del Retiro, que había motivado a la comisión de higiene de la parroquia del Socorro, a la que pertenecía el cuartel, a dirigirse a la Intendencia Municipal, llamándole la atención sobre la gravedad del caso y pidiendo la adopción de medidas tendientes a hacer desaparecer el problema.
Carlos Morra – primer proyecto de reconstrucción
En junio de 1892 se anunció la realización de una exhibición preliminar, sin premios, de los productos a ser enviados a la Exposición Mundial Colombina que se planeaba en Chicago para 1893, celebrando los 400 años de la llegada de Colón a América. Se esperaba inaugurar la muestra local el 12 de octubre, en lugar a determinar.
El 12 de julio, La Prensa informaba sobre una nueva propuesta de reconstrucción del Pabellón, presentada a la Municipalidad. El autor, el ingeniero y arquitecto italiano Carlos Morra, tenía varios años de trayectoria en el país. Como lo evidencia el texto del artículo, el proyecto se vinculaba con lo planeado por Thays:
El pabellón argentino – Se halla a la resolución de la intendencia municipal una propuesta para la reconstrucción del pabellón que figurara en la última exposición de París.
El proponente, ingeniero señor Carlos Morra, ofrece recibirse del pabellón en su actual estado, comprometiéndose a armarlo tal como se encontraba en la exposición de 1889, reponiendo por su cuenta todas las piezas y materiales que faltasen. Exige en cambio el derecho de explotar el pabellón durante quince años, comprometiéndose además a mantenerlo durante este tiempo en perfecto estado de conservación.
La intendencia municipal fijará el paraje en que deba erigirse la construcción y vencido el plazo de la concesión volverá a poder de la municipalidad sin desembolso alguno por parte de esta.
Con motivo de esta propuesta se han iniciado gestiones acerca de la cesión por parte del gobierno nacional del terreno ocupado actualmente por el cuartel del Retiro, a fin de levantar allí el pabellón.
De esta manera se conseguirá, a nuestro juicio, una notable mejora en aquel paraje, haciendo desaparecer el feo espectáculo de aquella construcción antigua y poco higiénica frente a una de nuestras principales y más concurrida plaza.
Bajo esta base, el director de paseos, señor Thays, que sería el encargado de dar ubicación y vigilar la erección del pabellón, ha formulado un proyecto por el que vendría a instalarse el pabellón en el centro del terreno ocupado actualmente por el cuartel de artillería. En el terreno anexo, de propiedad municipal, se proyectaría la construcción de un teatro abierto, cuya erección y explotación sería sacado oportunamente a licitación pública.
Cinco días después, una nueva nota daba más detalles. El 16 de julio se había finalizado el contrato, entre la Municipalidad y el arquitecto Sr. Carlos Morra, representante de una empresa constructora (no aclara cuál), reduciéndose enseguida a escritura pública. Y continúa:
El pabellón podría ser destinado por sus arrendatarios a representaciones, conciertos, bailes y otros espectáculos lícitos, pudiendo instalarse en él confiterías, restaurants y demás atractivos que lo conviertan en un sitio preferente de distracción para el público.
La empresa arrendataria estará obligada a dar dos beneficios anuales, de las representaciones que se verifiquen, para aumentar los fondos del Patronato de la Infancia y hospitales municipales.
Los trabajos deberán dar principio inmediatamente de firmado el contrato, ofreciendo los concesionarios, en garantía de este, una fianza abonada de 100.000 pesos m/n, o depositar en la tesorería municipal títulos por igual valor.
La empresa estará obligada, además, a ceder el local del pabellón y la parte que se halle habilitada de él para la exposición preliminar de la de Chicago, que tendrá lugar en esta capital el 12 de octubre próximo.
El último comentario revela que Morra y sus socios, si sinceramente pensaban que podrían reconstruir el Pabellón en tres meses, no tenían idea del estado en que se encontraban los componentes en los depósitos.
El 19 de julio, The Standard aportaba su cuota de ironía y escepticismo:
It’s all arranged. Mr. Mora (sic) is to have a loan of the famous Argentine Pavilion (Paris Exhibition) for 15 years, to erect it at the Retiro and make a fortune out of it, if he can, which is doubtful. An exhibition of all the articles going to Chicago will be opened in the building on 12th October.
Está todo arreglado. El señor Morra va a tener en préstamo el famoso Pabellón Argentino (Exposición de París) por 15 años, para erigirlo en el Retiro y hacer fortuna con él, si puede, lo que es dudoso. El 12 de octubre se inaugurará en el edificio una exposición de todos los artículos destinados a Chicago.
El 23 de julio, entre los asuntos entrados al Senado figura el mensaje del Poder Ejecutivo y un proyecto de ley aprobatorio del contrato celebrado entre la Municipalidad de la Capital y don Carlos Morra, para la reconstrucción del Pabellón Argentino de la Exposición de París. El mensaje presidencial decía:
El Poder Ejecutivo Nacional.
Buenos Aires, Julio 23 de 1892.
Al honorable Congreso de la Nación.
Teniendo en vista la capacidad, las proporciones y la esmerada construcción del pabellón argentino que figuró en la Exposición de París, el Poder Ejecutivo creyó conveniente ordenar su traslación a esta Capital, a fin de destinarlo a objetos de utilidad pública y poder así compensar en alguna forma los crecidos gastos que ocasionó.
Los diversos proyectos que desde entonces se han tomado en consideración a fin de ejecutar ese pensamiento, han encontrado varias dificultades, y no ha sido posible adoptar hasta ahora una resolución definitiva.
Se creyó conveniente al principio entregar el pabellón a la Municipalidad, pero ésta carecía de los recursos indispensables para su reconstrucción y conservación.
Se nombró después una comisión, a la que se le dió el encargo de confiar la obra a una empresa particular, bajo determinadas condiciones, sin que se haya obtenido resultado alguno en la licitación a que se llamó con ese objeto.
La Intendencia Municipal ha recibido entretanto la propuesta contenida en el expediente adjunto y ha juzgado conveniente aceptarla en lo que de sus facultades depende; pero como se trata de ocupar con ese motivo terrenos que son de propiedad de la Nación y se hacen algunas concesiones que sólo puede autorizar el honorable Congreso, es indispensable una sanción legislativa para dar a esa resolución la validez necesaria.
El Poder Ejecutivo cree, por su parte, que el contrato formulado es ventajoso para los intereses públicos, y piensa que la reconstrucción del pabellón en la plaza San Martín, no sólo contribuirá a hermosear el municipio, sino que llenará completamente los propósitos que se tuvo en cuenta al ordenar su traslación a esta Capital.
Es por esas consideraciones que el Poder Ejecutivo somete a la resolución de vuestra Honorabilidad el adjunto proyecto de ley.
Dios guarde a vuestra Honorabilidad.
C. Pellegrini
José V. Zapata
Y el proyecto de ley:
El Senado y Cámara de Diputados, etc.
Articulo 1° – Apruébase el contrato celebrado entre la Municipalidad de la Capital y don Carlos Morra para la reconstrucción del pabellón en que se exhibieron los productos de la República en la Exposición de 1889 en París.
Art. 2° – Comuníquese al Poder Ejecutivo.
José V. Zapata
Pasó a la Comisión del Interior, integrada por los senadores Antonio F. Crespo (Entre Ríos), José Gálvez (Santa Fe) y Maximino de la Fuente (La Rioja).
Panteón Nacional y monumento a Falucho
La noticia de la reconstrucción del Pabellón en el predio del cuartel del Retiro no fue bien recibida por todos. Una nota de La Prensa del 1º de agosto, titulada «Antiguo cuartel de San Martín», mencionaba que «en el antiguo cuartel del regimiento Granaderos a caballo, donde nació el ejército argentino, donde a la hora de la lista se entregaba el nombre del sargento Cabral a la muda veneración de su compañeros, no queda bien levantar un teatro o un salón de bailes públicos. Quedaría mejor un Panteón Nacional, un monumento a los Granaderos a caballo, o a los guerreros de la independencia, como lo indicó alguna vez el Dr. Francisco P. Moreno, y bajo cuyo monumento, como en una espaciosa cripta, se guardaran los restos de San Martín y sus tenientes.»
La idea no era nueva. Tomás Santa Coloma, ex-presidente del Club de Gimnasia y Esgrima, había considerado un bosquejo para ese monumento, del arquitecto Maillard. El entonces presidente, Gabriel Cantilo, pensaba reponer la idea a consideración de sus consocios, coexistiendo el monumento con el Pabellón en dicho predio.
El 2 de agosto se reunió en el Senado la Comisión del Interior, ocupándose del proyecto de rearmado del Pabellón y si bien no se había despachado todavía, era favorable y había considerado lo recomendado por el diario el día anterior, «reservando la libre disposición para el gobierno del espacio necesario para levantar un monumento a la memoria de los primeros soldados argentinos, en el caso de que así se decidiera antes de espirar (sic) los quince años porque se hace concesión.»
Reunidos en asamblea los socios de Gimnasia y Esgrima, descubrieron que las opiniones respecto a los fines del proyectado monumento estaban muy divididas. Unos estaban por un panteón donde se depositarían los restos de todos los próceres de la independencia americana; otros lo querían sólo para los guerreros que fundaron la República; otros deseaban que estuviera reservado para nuestros grandes hombres, etc. En vista de estas divergencias de opiniones y siendo apremiante el tiempo puesto que lo que importaba era que el Congreso sancionara una ley dando a la comisión la posesión del terreno necesario a la referida erección, se resolvió aplazar para más tarde la discusión sobre la clase de monumento a levantar. Se nombró la comisión, la cual quedó compuesta por el general Bartolomé Mitre como presidente, los doctores Aristóbulo del Valle y Manuel N. Mansilla como vice presidentes 1º y 2º, y una larga lista de personalidades de la época.
Casi al mismo tiempo se aceleraba el proyecto del monumento al soldado Falucho. El presidente de la comisión respectiva, Juan Bautista Aguirre, había sido notificado el 17 de agosto por el gobernador de Entre Ríos, Salvador Maciá, que se había elevado a la legislatura provincial la solicitud para la votación de fondos con los que ese gobierno contribuiría a la erección del monumento, sin perjuicio de la subscripción popular ya iniciada (La Prensa). Como indica otra nota en ese diario del 6 de septiembre, se planeaba colocarlo «en la plaza del Retiro, que es, a juicio de la comisión encargada de su erección, donde tendrá su verdadera significación histórica, inmediato a la estatua del gran capitán de nuestra independencia. En caso de ser colocado allí el monumento, se instalaría en la desembocadura de la calle Florida, en el sitio en que hoy existe una fuente.»
En el Congreso
El 16 de agosto la Comisión del Interior del Senado había retirado el despacho del Pabellón por haber obtenido, con posterioridad a la entrega, datos que la obligaban a modificar su opinión respecto a algunos puntos del proyecto. En la sesión del siguiente 23, ya se había expedido, quedando a la orden del día, y el tema se trató en la del 27 de agosto.
La Comisión del Interior aconsejó la sanción de otro proyecto de ley, en sustitución del presentado por el Poder Ejecutivo:
El Senado y Cámara de Diputados, etc.
Artículo 1° Autorízase al Poder Ejecutivo para sacar a licitación la reconstrucción del pabellón en que se exhibieron los productos argentinos en la Exposición de 1889 en París, bajo las bases siguientes:
1ª El pabellón será reconstruido en un todo de acuerdo con los planos que sirvieron para su construcción.
2ª Será instalado en los terrenos situados frente a la plaza San Martín, en el punto que designe el Poder Ejecutivo.
3ª Los materiales del pabellón se entregarán en el estado en que se encuentran, sin derecho a reclamo alguno, debiendo armarse el edificio con todos sus adornos u otros análogos exactamente igual a la forma que tenía en París.
4ª En los terrenos a que se refiere el inciso 2ª deberán hacerse jardines, de acuerdo con los planos que apruebe el Poder Ejecutivo, siendo por cuenta de la Empresa su conservación por el término del contrato.
5ª Si pudiere tener lugar, en el pabellón, la exposición preliminar de los productos destinados a la de Chicago, la Empresa no cobrará emolumento alguno por la ocupación que con este objeto se haga del pabellón.
6ª La Empresa dispondrá del pabellón durante quince años, a contar desde la celebración del contrato; vencido este plazo, deberá entregarlo al Poder Ejecutivo en perfecto estado de conservación y sin que haya lugar a indemnización alguna.
7ª En cualquier tiempo el Poder Ejecutivo podrá rescindir el contrato, abonando los gastos en la reconstrucción y obras accesorias, más un veinte por ciento de indemnización.
8ª La Empresa dará como garantía del cumplimiento del contrato una fianza personal o real por cien mil pesos moneda nacional.
9ª El pabellón deberá quedar armado y puesto en condiciones de servicio a los cinco meses hábiles de entregado el terreno, bajo multa de tres mil pesos por cada mes de retardo, salvo fuerza mayor comprobada.
La falta de los detalles u ornamentos que no sean absolutamente indispensables para habilitar el pabellón, no dará lugar a la aplicación de la multa que se establece en el inciso anterior.
10ª La Empresa no podrá en caso alguno oponerse a que se levante el Panteón Nacional en el local que fue ocupado por el Cuartel de los Granaderos a Caballo.
11ª Las piezas necesarias para completar el pabellón serán libres de derecho de introducción.
Art. 2° El Poder Ejecutivo dará a la Municipalidad la intervención que juzgue necesaria para el mejor cumplimiento del contrato.
Art. 3° Comuníquese al Poder Ejecutivo.
Sala de la Comisión, Buenos Aires, Agosto de 1892.
Antonio F. Crespo— José Gálvez —Maximino de la Fuente
El senador Crespo, por la Comisión, pidió la palabra para la discusión en lo general, e hizo un detallado resumen de la situación y lo actuado que corresponde reproducir:
El conocimiento que tienen los señores senadores de este asunto, me evitará de entrar en largas consideraciones sobre él.
Se trata, como se ve por el despacho de la Comisión, del pabellón nacional que se construyó para exhibir los productos argentinos en la Exposición de 1889 en París.
Este pabellón fué construido allí, y su costo asciende a un millón y tantos mil francos, costo, como se comprende, de alguna consideración, como para que el Gobierno argentino se preocupase de poderlo trasportar aquí, tratando de reconstruirlo para darle un destino cualquiera que armonizase mejor con su naturaleza.
El Poder Ejecutivo, una vez traído este pabellón aquí, lo colocó bajo los auspicios de la Municipalidad, la que después de levantar los presupuestos correspondientes y hacer los estudios necesarios, se encontró con que no tenía los fondos suficientes para llevar a cabo esta reconstrucción.
En vista de esto, el Poder Ejecutivo nombró una Comisión especial, con el objeto de que formulase las bases para que se sacase a licitación la reconstrucción de este pabellón, tomando como principal punto de partida su arrendamiento por un tiempo determinado.
Después de correr muchas vicisitudes este asunto, de haberse presentado varias propuestas a la Municipalidad, que fueron admitidas y rechazadas, que no se llevaron a cabo, en una palabra, se presentó una que ofreció suficiente garantía, y el señor Intendente Municipal, después de someterla a un riguroso trámite administrativo, escuchando la opinión de la corporación técnica encargada de esta clase de informes, y de la Comisión de paseos compuesta de personas respetables y conocidas, aceptó las bases ofrecidas por el empresario para reconstruir este pabellón, y no creyéndose autorizado para llevar a cabo la realización definitiva de este contrato, lo pasó al Poder Ejecutivo, quien, a su vez, lo remitió al Congreso, por no creerse habilitado para firmarlo.
Hemos dado preferencia a este asunto por las gestiones repetidas que ha hecho el Presidente de la Comisión encargada de recolectar todos los productos con que ha de contribuirse a la Exposición de Chicago, teniendo este señor el pensamiento de hacer en este pabellón, así que esté reconstruido, una Exposición preliminar, para exhibir los productos recolectados.
Además, la circunstancia de que todos los elementos que constituyen este pabellón se encuentran en un estado bastante grande de deterioro, y no sólo se destruyen, sino que son eliminados, sustraidos, en una palabra, pues se están perdiendo ya por la acción del tiempo, de la intemperie, o por una acción más positiva, como es la sustracción de piezas, que ya ha tenido lugar, ha hecho que la Comisión se apresurara a formular este despacho. Le ha quitado, como habrá visto el honorable Senado, el carácter personal que tenía, creyendo que era más equitativo y más regular autorizar al Poder Ejecutivo para que sacase a licitación la reconstrucción de este pabellón, que adjudicada desde luego a una sola persona, aunque, como he dicho antes, esa persona tuviera todos los títulos necesarios para merecer la adjudicación de este contrato.
Al formular las bases, la Comisión ha tratado principalmente de generalizar, en lo que ha sido posible, los puntos principales, suprimiendo todo lo que era materia de detalle, para dejar estos elementos que podrán tenerse en cuenta al firmarse el contrato correspondiente.
Es cuanto tengo que decir.
Sorprende que Crespo dijera que el Poder Ejecutivo colocó al Pabellón bajo los auspicios de la Municipalidad una vez traído a Buenos Aires, cuando esa transferencia se había hecho en enero de 1890, antes del traslado del edificio. También, el énfasis en las sustracciones. El proyecto fue votado en lo general y aprobado, pasando a la discusión en lo particular del primer artículo.
Pidió la palabra el senador Rafael Igarzábal (Capital), indicando que la licitación demoraría la reconstrucción, impidiendo realizar la exposición preliminar de los productos a enviar a Chicago. Propuso modificar el artículo 1° autorizando al Poder Ejecutivo para contratar la reconstrucción del pabellón, sin decir que se sacara a licitación, e incluir como artículo 2° otro, diciendo «En caso de presentarse dos ó más propuestas garantidas, la obra se hará por licitación, con arreglo á las bases establecidas en el artículo anterior.»
Crespo estuvo de acuerdo, pero señaló que si aparecía una nueva propuesta, se corría el riesgo de dejar de lado la de Morra, cuyos antecedentes eran perfectamente conocidos, por otra no estudiada. Igarzábal propuso entonces mencionar específicamente la aprobación de la de Morra en el artículo 1º.
El senador Absalón Rojas (Santiago del Estero) insistió en no prescindir de la licitación, proponiendo limitarla a quince días para evitar demoras (la ley de obras públicas fijaba treinta días). Igarzábal propuso votar, pero intervino el senador Lorenzo Anadón (Santa Fe), insistiendo en la licitación y señalando que el motivo que había llevado a la Comisión del Interior a retirar su despacho era el haberse enterado de que la Municipalidad nunca había licitado formalmente, pese a lo manifestado por el Poder Ejecutivo. Cuando dijo que bastaban tres o cuatro meses para armar el Pabellón, Igarzábal le contestó que él había visto armarlo en París, y que había tomado siete u ocho meses. Anadón contestó que era preferible tener que pagar por un local para exhibir los productos, a alterar una ley general «y a hacer favores personales a nadie», implicando que Morra tenía algún tipo de acomodo. Igarzábal le cuestionó el comentario, diciendo que de todas las propuestas que había recibido la Municipalidad y después de tramitar el asunto durante seis a ocho meses, la de Morra era la única que resultaba aceptable. Se aprobó entonces la inclusión de la licitación durante dos semanas, se votó y aprobó el artículo y se aceptaron las primera y segunda bases sin observación.
La tercera base generó otra larga discusión. Igarzábal propuso eliminar las palabras «u otros análogos» ya que eso permitiría desnaturalizar la arquitectura del edificio. El senador Toribio Mendoza (San Luis) mencionó que muchas partes habían sido arrojadas al mar durante la travesía, e Igarzábal replicó que existiendo las empresas fabricantes en Francia, las faltantes podían y debían ser repuestas. Crespo agregó que debía aceptarse cierta flexibilidad; los comentarios revelan que nadie sabía con certeza qué era lo que se había perdido – si eran partes u obras de arte, y que también se consideraba que otras habían desaparecido de los depósitos.
El senador Mariano Varela (Capital) preguntó si el empresario tendría derecho a exigir «la entrega de las estatuas colocadas en la Casa Rosada y Palermo», refiriéndose a los dos pares de bronces de Barrias. Crespo dijo que no se lo mencionaba en las bases, pero que el contrato enviado por el Poder Ejecutivo, firmado por el Intendente y Morra, establecía que no tendría ese derecho, dejando la restitución librada a la buena voluntad de la Municipalidad. Todos coincidían en que se lucían más donde estaban entonces, que colocadas en su posición original, al tope de los pilones, a 25 o 30 metros de altura. Finalmente se aprobó «en una forma exactamente igual a la que tenía en París.»
Las bases 4a a 8a se aprobaron sin observaciones. Para la 9a, el senador Mendoza señaló que los cinco meses de plazo no se condecían con lo requerido para la exposición preliminar, a lo que Crespo contestó que para realizarla no se precisaba que el edificio estuviera completamente terminado, bastando con que estuviera en pie y techado, por lo que quedó aprobada.
Sobre la 10a, Igarzábal objetó las palabras «panteón nacional» para un monumento que sería vecino a un lugar de diversión. Fueron reemplazadas por «monumento nacional». Se votó afirmativamente y siendo el tercer artículo de forma, quedó finalizada la discusión.
Dos días después, el 29 de agosto, el proyecto ingresaba en Diputados y se enviaba a la Comisión de Obras Públicas, integrada por los diputados Francisco Seguí (Buenos Aires), Donaciano del Campillo y Gerónimo Amuchástegui (ambos por Córdoba). Se expidió el 2 de septiembre, pero recién se discutió en la sesión del 30; había un solo comentario – en la 7a base, reemplazar «En cualquier tiempo» por «Después de cinco años del plazo establecido en la base 9a.»
Iniciando la discusión general, Seguí hizo una reseña similar a la de Crespo en el Senado, con algunos comentarios de interés como el informe de la comisión inglesa y otro sobre el precario estado de los materiales:
La comisión real inglesa que fué a la exposición de París, dijo en su informe al gobierno británico: había allí dos obras notables de arquitectura que llamaban la atención de los inteligentes, que eran: el Pabellón de las Máquinas y el Pabellón Argentino.
….
Llegados los materiales aquí, fueron depositados en la dársena, y de allí han sido trasladados a Palermo, donde yacen en el local de la Exposición Rural, contándose 3.000 bultos, que contienen como 50.000 piezas, lo que demuestra la grandeza, el costo y la importancia de la construcción. Con pena se contemplan esos materiales, que parecen ya despojos; porque se ve que se están destruyendo día por día, a la intemperie y en el abandono.
Terminó su presentación remarcando la urgencia del proyecto, retrasado por la falta de sesiones en la Cámara de Diputados. Fue aprobado en general y en particular.
Pese a que La Prensa informaba el 24 de agosto de 1892 que la Municipalidad había contratado con Carlos Morra la reconstrucción del Pabellón, no surgieron más comentarios hasta el 21 de octubre, cuando la Municipalidad se dirigió al Ministerio del Interior solicitando el pronto despacho del asunto, que estando resuelto por la Cámara de Diputados, no lo había sido por el Senado. Esa nota terminaba con una ominosa advertencia: «Insiste la intendencia en la necesidad de solucionarlo a la mayor brevedad, a fin de poder entregar el pabellón en arrendamiento, antes que el tiempo complete la obra de destrucción empezada.» El 30 de octubre, The Standard informaba que la exposición preliminar a la de Chicago se realizaría «en los salones de Durán», en la esquina de Artes y Piedad.
A principios de noviembre, el Poder Ejecutivo notificó a ambas cámaras que el proyecto de ley referido al Pabellón debía ser tratado en las sesiones en curso. El 15, el Senado aprobó sobre tablas la modificación introducida por Diputados, dando sanción definitiva en esa fecha a la ley Nº 2900, Reconstrucción del Pabellón Argentino. El 21 de noviembre aparece publicada en el Registro Nacional como «Ley autorizando al P. E. para sacar a licitación la construcción del Pabellón en que se exhibieron los productos argentinos en la Esposición (sic) de 1889 en París.»


El 2 de diciembre apareció en el Registro Nacional el decreto presidencial autorizando a la Intendencia a sacar a licitación la reconstrucción. El artículo 3º prueba que el cuartel del Retiro aún estaba en pie.

Los diarios se hicieron eco de la noticia, con otra amarga crítica en The Standard el 16 de diciembre:
Whoever wants to lease for 15 years that white elephant the Argentine Pavilion of the Paris Exhibition can do so up to the 31st inst. Of all the follies of the crisis of progress, this outrageously costly Pavilion was the most pernicious. Most of the unfortunate European holders of Cedulas and other gilt-edged securities from here would never have touched them but for their visit to this famous Pavilion and the false idea it gave them of this country’s wealth. The Argentine Pavilion has now been going a begging for a couple of years, but nobody seems inclined to have anything to do with the unlucky thing.
Quien quiera arrendar por 15 años ese elefante blanco del Pabellón Argentino de la Exposición de París puede hacerlo hasta el 31 del corriente. De todas las locuras de la crisis del progreso, este Pabellón escandalosamente costoso fue la más perniciosa. La mayoría de los desafortunados tenedores europeos de cédulas y otros títulos de primer orden de aquí nunca los habrían tocado de no haber sido por su visita a este famoso Pabellón y la falsa idea que les dió de la riqueza de este país. El Pabellón Argentino ya lleva un par de años disponible e ignorado, pero nadie parece inclinado a tener algo que ver con el desafortunado asunto.
1893 – Contrato de reconstrucción y explotación
No está disponible el diario La Prensa en la versión microfilmada de la Library of Congress de Washington a la que tengo acceso, del 14 de enero de 1893 al 31 de marzo, ni los años 1893/1894 de The Standard, en la de la biblioteca de la Universidad de San Andrés de Buenos Aires, que tampoco posee el primer semestre de 1893.
Como informa el Digesto Municipal, de acuerdo con la Ley Nacional Nº 2900 y de conformidad con el decreto del Poder Ejecutivo del 2 de diciembre de 1892, encomendando a la Intendencia realizar la licitación, se procedió a llamar a concurso, verificándose dicha licitación el 31 de diciembre siguiente. De las dos propuestas presentadas resultó ser más ventajosa la de los señores Juan Waldorp y Cía., según lo informado por la Oficina de Obras Públicas y la Comisión de Paseos. No se menciona quién presentó la otra, y no aparece en todo el documento el nombre de Carlos Morra (ver biografías al final de esta nota).
De acuerdo a esos informes y con las modificaciones que propuso dicha Comisión, la Intendencia por decreto de fecha 3 de febrero de 1893 aceptó esa propuesta, disponiendo se formalizase la escritura correspondiente, como resultaba del expediente administrativo Nº 19.849, letra M, de 1892.
Estando presente en ese acto don Juan Waldorp en nombre de la referida razón social, se celebró el contrato reduciéndolo a escritura pública ante el escribano Carlos de la Torre, refrendando la firma del Sr. Intendente, Dr. Miguel Cané, su secretario Jorge N. Williams, con Eduardo Massot y Felipe Amadeo como testigos.






El contrato consta de 39 artículos. Al final se describe la sociedad, con razón social Juan Waldorp y Cía. Se había formado el 21 de febrero ante el escribano Manuel Garay, en cuyo registro figuraba el siguiente testimonio del contrato, celebrado entre Waldorp, Juan Bautista Medici y Julio Victorica:
1a La Sociedad girará bajo la razón social de Juan Waldorp y Compañía, tendrá su domicilio en esta Capital y durará por el término de quince años, salvo que antes la Municipalidad de esta Capital expropie el Pabellón, de acuerdo con la Ley que autoriza la explotación del mismo.
2a La firma social la tendrán los socios Juan B. Medici y Juan Waldorp, y la administracion inmediata de la Compañía estará a cargo de los tres socios, debiendo consultarse mutuamente, toda vez que se trate de emprender cualquier negociación a nombre de la Sociedad, celebrar contratos de locación u otros; para efectuar gastos que no sean los ordinarios, hacer nuevas instalaciones en el terreno, y en general para todos los actos y gastos que no sean los comunes de administración, es necesario el consentimiento previo y expreso del socio capitalista Juan B. Medici, o de los socios capitalistas que ingresaren en virtud de la condición 8a de este contrato. En todos los casos se dejará constancia del acuerdo de voluntades en un « Libro de Actas » que se llevará al efecto, en el cual se indicará la resolución que se adopte, firmando los tres socios.
Brilla por su ausencia Carlos Morra, lo que invita a especular si la segunda propuesta en la licitación había sido la suya. De todos modos, Morra fue parte del proyecto, como se verá a continuación.
Volviendo al contrato, citamos los artículos más relevantes.
1º Los Señores Juan Waldorp y Compañia, se obligan por este contrato a reconstruir por su cuenta el Pabellón Argentino de la «Exposición de París», poniendo al efecto sin erogación alguna para la Municipalidad todos los elementos necesarios a este objeto. El terreno donde se erigirá el Pabellón es el que ocupa el Cuartel del Retiro frente a la Plaza San Martin, incluso la parte baldía hasta la prolongación de la calle Florida.
La foto siguiente muestra el complejo de edificios del cuartel, construidos a través de los años sobre la ceja de la barranca, y esa parte baldía a la izquierda; la «prolongación de la calle Florida» era la diagonal que atravesaba esa manzana, que se denominaría luego Pasaje Falucho. La propiedad no estaba cercada del lado de Florida, aparentemente era suficiente la empinada barranca para su seguridad.

2º El edificio del actual cuartel será demolido por los contratistas y los materiales que, a juicio de la Oficina de Ingenieros, sean utilizables, podrán emplearse en las fundaciones del Pabellón y en los muros del cerco, como también para fabricar polvo de ladrillo para las mezclas y granza para los caminos de los jardines. Todos los demás como madera, fierros, piedras, ladrillos impregnados de humedad y cascotes sobrantes serán entregados a la Municipalidad en el punto que esta designe para emplearlos en las calles del municipio.
Varios autores mencionan que el cuartel fue demolido en 1891, cuando obviamente seguía en pie a principios de 1893. Tal vez algún edificio del complejo habría sido eliminado ese año, pero no el principal.
6° Se construirá el muro de cerco en la parte lindera con las propiedades vecinas, siendo este muro del espesor conveniente para resistir el empuje de las tierras defendiendo el contacto del terreno por un tabique revestido de una capa aisladora de cemento higrófugo coronado por una balaustrada con pilares de materiales y balaustrez (sic) de cemento Portland. Este muro será del tipo que la empresa presente a la aprobación de la Oficina Técnica de la Municipalidad, lo mismo que la mezcla para dicho muro. Cualquier cuestión con los vecinos medianeros será a cargo exclusivo de la Municipalidad. El deslinde del terreno estará marcado en el plano general que por duplicado deberá firmarse. Las líneas de dicho plano serán parte integrante del contrato.
Como se ve en fotos de la obra terminada, ese muro era realmente importante en sus dimensiones; no se descuidó tampoco el aspecto estético.
12° Los materiales del Pabellón se entregarán en el estado que se encuentran en depósito y en el punto donde se hallan; y los contratistas los trasladarán de su cuenta al lugar de la instalación, sin derecho a reclamo alguno por las roturas ó piezas que falten, debiendo reponerlas todas de su cuenta para armar el edificio con todos sus adornos en una forma exactamente igual a la que tenía en París. Es entendido que los cuadros al óleo, libros, documentos y otros enseres que se encuentran entre los bultos, no son parte integrante del Pabellón. El Pabellón, como se ha dicho, se reconstruirá en la misma forma que tenía en Paris, y es así mismo entendido que se podrán reemplazar ciertos materiales de detalle que llenen del mismo modo el objeto de aquellos que falten ó que se encontraren rotos.
La Municipalidad se cubría ampliamente de los reparos que pudieran surgir una vez que los contratistas tomaran posesión del cargamento. Sorprende, sin embargo, la mención de que los cuadros al óleo no se consideraran parte integrante del edificio, y la única explicación es que se refiriera a los grandes óleos enmarcados de Paris, Montenard y Duez, y no a los paneles, también pintados al óleo, que decoraban los recintos debajo de los cupulines, o a los más pequeños que cubrían los hierros de las cabriadas en el primer piso, como hemos visto en las notas Pechinas y paneles y Mosaicos y otras pinturas.
13° Los grupos esculturales que ha sacado la Municipalidad y el Gobierno para colocarse en el Parque 3 de Febrero y frente a la casa de Gobierno serán sustituidos por otros adornos adecuados, siendo estos adornos vaciados en cemento Portland puro y costeados por los contratistas.
Cuesta entender el énfasis y la preocupación manifiesta en que lo reconstruido fuera idéntico al original, cuando se aceptaba un cambio tan radical como el de reemplazar los bronces de Barrias por otros adornos.
19° La empresa contratista dispondrá del Pabellón por el término de quince años, a contar desde la fecha de esta contrato, para destinarlo a salón de fiesta, conciertos y exposiciones u otro destino análogo, y vencido este plazo deberá entregarlo a la Municipalidad en perfecto estado de conservación y sin derecho a reclamación alguna.
20º Después de cinco años de concesión, la Municipalidad podrá rescindir el contrato abonando a la empresa los gastos de reconstrucción del Pabellón y otros accesorios, más un veinte por ciento de indemnización.
Es claro que los contratistas tenían gran fe en el proyecto, a diferencia de lo que pensaban otros, como el director del diario The Standard. Por algún motivo, la Municipalidad se reservaba el derecho de rescindirlo después de cinco años.
26° El Pabellón deberá quedar armado y puesto en condiciones de servicio a los cinco meses hábiles despues de entregado el terreno, bajo la multa de tres mil pesos nacionales por cada mes de retardo, salvo fuerza mayor comprobada. Como queda dicho los cinco meses se entienden días de trabajo, salvo los casos de fuerza mayor o si faltaran piezas importantes del Pabellón que fuera necesario hacerlas venir de Europa o construirlas en París. Todo será constatado por los Inspectores nombrados especialmente por la Municipalidad.
27° La falta de los detalles u ornamentos que no sean absolutamente indispensables para habilitar el Pabellón no dará lugar a la aplicacion de la multa que se establece en la condición anterior.
A pesar de que claramente había conciencia del problema de las partes faltantes y/o rotas, el plazo de cinco meses era decididamente optimista.
28° La empresa no podrá en caso alguno oponerse a que se levante un monumento nacional en el local que fue ocupado por el antiguo Cuartel de Granaderos a Caballo.
Este artículo responde a la polémica generada por los que veían con malos ojos la instalación de un centro de diversión en un lugar de profundo significado histórico.
32° Toda modificación o ampliación que se desee hacer durante los quince años será efectuada previa aprobación de la Intendencia. Las ampliaciones determinadas en este contrato quedarán incluídas para ser tomadas en cuenta en el caso de expropiación y las que no fueren aceptadas podrán ser construidas por la empresa, pero podrá levantarlas a la expiración del contrato, siempre que la Intendencia no resolviera quedarse con ellas. El valor de tales construcciones será fijado por peritos que se nombrarán uno por cada parte y un tercero para el caso de discordia. Los Sres. Waldorp y Compañía, podrán de acuerdo con los planos presentados ejecutar de su cuenta tambien dentro de un plazo prudencial las siguientes obras adicionales:
1° Fuentes luminosas del mismo sistema de las que figuraron en la Exposición de París. 2º Arquerías y Pabellones con vista al rio. 3° Kiosko Morisco. 4° Otro Kiosko para Cervecería. 5. Un teatro de verano. 6° Un tambo (Lechería Suiza). 7° Colocarán los bancos que figuran en el plano. 8° Hará letrinas y lavatorios para señoras y caballeros. 9º Dos kioskos a la entrada para librería y juguetería. 10º Establecerá en los sótanos del Pabellón un calorífero, una cocina y water-closet.
El listado final revela lo ambicioso del proyecto. Entre los edificios accesorios aparece un kiosko cervecería, sin duda una referencia al exitoso instalado por Bieckert en la plaza el año anterior. También un teatro de verano, un eco del proyecto de Thays. Aparece la mención de un sótano, algo que no tenía el Pabellón en París.
Existe en el CeDIAP un plano de una fuente luminosa que responde a lo descripto en el primer item de ese artículo. Una de las grandes atracciones de la Exposición de París, aparte de la Torre Eiffel, había sido la fuente diseñada por Jules Coutan (1848-1939), ubicada entre la torre y el domo central. De día, presentaba cientos de juegos de agua, pero al anochecer, esos chorros se iluminaban con diferentes colores, que también iban cambiando. La idea básica no era nueva – había sido inventada en 1841 por el físico suizo Jean-Daniel Colladon (1802-1893) y utilizada en varias exposiciones en Inglaterra.
El plano, fechado en mayo de 1893 y debido a la empresa Guillermo Kexel y Cía, muestra una bonita fuente con varios juegos de agua flanqueados por dos dragones arrojando agua por sus bocas, y el mecanismo de iluminación, ubicado en el subsuelo. Se planeaba instalarla en la explanada, frente al gran vitral de la fachada trasera, y habría sido un bellísimo espectáculo de noche. No se llevó a cabo, y en su lugar se levantó el kiosco de música.

33º Si la Municipalidad resolviese suprimir la calle que pasa frente a los cuarteles para ensanchar la actual plaza General San Martín, la empresa establecerá la verja divisoria, colocando las entradas a su local para peatones sobre la misma plaza, si le conviniere, y para el acceso de los carruajes sobre la calle Florida y Maipú.
La calle en cuestión era Arenales, y es otra referencia al proyecto de ensanche de Thays.
36º La Intendencia Municipal se obliga a garantir el uso del terreno arrendado y a tutelar el derecho adquirido por la empresa, a los efectos del presente contrato. No permitirá en consecuencia en la plaza San Martín se establezcan diversiones análogas a las que da la empresa, como tambien prohibirá, dentro de sus facultades propias, todo lo que pudiera ocasionar molestias al ejercicio del derecho que tiene la empresa para dar conciertos al aire libre.
Esta cláusula recuerda lo pedido por Bieckert sobre no permitir el desarrollo de actividades competitivas en la plaza.
Comienza la obra
Una extensa nota de La Prensa del 15 de abril titulada «Embellecimiento de la Capital – En el Retiro», describe la última etapa de la demolición del cuartel, hecha a la cincha:
Ayer por la tarde vimos caer los últimos lienzos de pared, que quedaban del viejo cuartel. Habían empezado a demolerlo tres días antes dejando de pie solo algunos débiles trozos de muro, y debido a la circunstancia de ser hecha en barro la construcción, pudieron derribarse a la cincha, después de ligera preparación al efecto; convenientemente enlazado cada pedazo de pared, con una cuerda, el extremo de esta fue puesto en manos de los forzudos obreros que tirando, tirando, concluyeron por echarlos todos abajo. Los pobres peones no sospecharon que habían abatido a un siglo.
Hoy, del tradicional edificio del Retiro solo ha quedado provisoriamente en pie la parte izquierda, que da frente a la calle Maipú. La empresa de los señores Waldorp y Cía., la reservará así para las oficinas de sus empleados y para los talleres de pintura, decoración, etc.; después, será demolida.
Sigue un párrafo de tono conciliador que parece dirigido a los que objetaban el proyecto:
Muchas personas lamentarán la desaparición de ese monumento histórico, delante del cual han pasado tantas generaciones de argentinos, pero, cuando sepan que en su sustitución se levantará antes de seis meses el pabellón de la República Argentina, de la última exposición de París, rodeado por elegantes kioskos, chalets, jardines y un teatro de verano, es indudable que todos se congratularán del cambio, que viene a proporcionarle a nuestra capital un gran centro de diversiones y paseos.
Luego se listan los distintos componentes del complejo, y la primera mención del restaurant, diseñado por Morra, que cerraría el predio sobre Maipú, reemplazando a la parte no demolida del cuartel que se estaba usando como oficinas de la empresa.
Todo el terreno del cuartel, más otros dos inmediatos, serán destinados al «Pabellón Argentino» con sus jardines y demás anexos, rodeados, delante, por una primorosa verja de dos y medio metros de alto, y por una balaustrada, al fondo. En frente al eje de la plaza San Martín se levantará el palacio, abarcando una superficie de 70 metros por 23,50 y una altura máxima de 30 metros; en el sitio que actualmente ocupan las oficinas de la empresa, se construirá el local para un gran café y restaurant-galería de 51 mts de longitud, con tres cuerpos salientes sobre grandes arcos, terraza, balaustres entre columnas, azotea corrida y escalinatas; hemos tenido oportunidad de ver los planos de esta construcción, y podemos afirmar que será una de las mas bonitas y elegantes en el género. Desde ella se contemplará todo el panorama del río y el de las pintorescas costas inmediatas.
Los otros dos terrenos inmediatos serían sobre Maipú, debajo de la ceja de la barranca, donde se instalaría la usina eléctrica del complejo que, sorprendentemente, no se menciona.

Describe luego varios edificios como el kiosko para orquesta, que se erigió en el centro de la explanada trasera, y el teatro, el chalet morisco y el tambo, que no se llegarían a construir.
El teatro, con capacidad para 1500 personas, irá detrás del gran pabellón; tendrá la forma más moderna, desconocida hasta ahora entre nosotros, y amplitud, desahogo y balconajes a los cuatro vientos. Se trasformará de teatro de invierno en teatro de verano, según la estación, y los carruajes llegarán aI gran vestíbulo por el jardín.
El chalet morisco, original edificio que mucho llamará la atención, levantaráse frente a la calle Florida, y tendrá un gran torreón de 25 metros de alto; una vez iluminado a luz eléctrica, ofrecerá un bonito aspecto, como el edificio del tambo, que estará inmediato, con su lechería suiza a estilo de las de la exposición de Chicago.
Después se levantarán otras construcciones de menor importancia, pero consultando en todas la solidez y la belleza arquitectónica, para la venta de periódicos, libros, juguetes y otros comercios análogos; habrá también un kiosko para orquesta.
El último párrafo menciona a Morra como integrante de la empresa.
Conocida es la obra que hizo el celebrado arquitecto Mr. Ballu, del Pabellón Argentino, para que volvamos a hacer su descripción. Reconstruida entre nosotros por la empresa que representan los Sres. Waldorp y Morra, y destinada a ser el local obligado de nuestras grandes fiestas sociales y de los torneos del trabajo, ahí quedará como elocuente prueba de nuestra cultura.
En su discurso de apertura del congreso, el 12 de mayo, el presidente Luis Sáenz Peña dijo:
Los terrenos ocupados por el antiguo cuartel del Retiro y adyacentes, han sido ya entregados a la empresa que, por licitación, obtuvo la reconstrucción del pabellón argentino de la Exposición de París. Se construirán, además, jardines y sitios de recreo, que convertirán aquel paraje en un gran desahogo para el pueblo de la Capital.
El no disponer de los archivos de la empresa Juan Waldorp y Cía. es una de las tres grandes lagunas de información que afectan la recreación de la historia del Pabellón (las otras dos son el archivo de la comisión en París, y el de la gestión del intendente Seeber de los años 1889-1890.)
No aparecen más noticias hasta una en La Prensa el 18 de julio, donde se relata una reunión el día anterior, en el despacho del Intendente, de la Comisión de Paseos con los contratistas del Pabellón, para discutir modificaciones en los planos aprobados para la reconstrucción del edificio. Después de oir la opinión del jefe de la oficina de Obras Públicas, Dr. Morales, se acordó aplazar el asunto hasta practicar una visita al sitio de las construcciones, para poder resolver sobre el terreno las dificultades que se presentaran. No se aclara cuáles eran los cambios propuestos ni las dificultades, pero se menciona que la más esencial era que «dicha alteración no quite la vista al río que debe tener el pabellón, y que es uno de los detalles principales que se trata de conservar.» El 6 de agosto La Prensa notificaba que ese día se hallaba citada la Comisión de Paseos a fin de resolver las dificultades que se habían presentado respecto a la modificación de los planos aprobados.
Invitación a representantes de la prensa
La empresa constructora invitó a los representantes de la prensa a visitar la obra el 22 de octubre, para dar a conocer su estado de adelanto. El resultado fueron extensas notas en La Prensa al día siguiente y en el número de octubre de la Revue Illustrée du Rio de la Plata, y una más breve en el del 1º de noviembre de La Ilustración Sud-Americana.
Antes de proceder a visitar el local, Julio Victorica dirigió algunas palabras a los invitados, exponiendo las malas condiciones en que habían llegado a puerto los materiales procedentes del Pabellón, los desperfectos que sufrieron luego en el local de la Sociedad Rural, donde quedaron depositados, y las muchas averías que sufrieron los objetos pertenecientes a la ornamentación, que venían encerrados en 300 cajones, así como los notables lienzos decorativos debidos al pincel de reputados artistas franceses. De los hierros procedentes de la armadura, que tenían un peso de 650.000 kilos, una buena parte hubo que extraerla de los lagos que existían en el citado local, donde algunos trozos habian sido arrojados. Fue necesario un penoso trabajo para poner en orden los materiales y se estimaba que sería grande también el que se requeriría para restaurar lo extraviado o que había quedado destruido, especialmente los detalles de ornamentación y decorado.
Acto seguido comenzó la visita, en la que el arquitecto director de las obras, el Sr. Morra, acompañó a los invitados para irles mostrando el estado de las obras en cada parte del edificio principal, así como las diferentes instalaciones que a su alrededor se estaban levantando. En esta tarea ayudó al señor Morra el administrador señor Noël, «dispensando uno y otro las mayores deferencias a los visitantes.»
Luego, una descripción del predio:
El terreno que ocupa la empresa reconstructora del Pabellón Argentino, mide por la plaza San Martín 131 metros, y 110 por la barranca de la calle Maipú, teniendo un frente extensísimo por la calle Florida.
Es verdaderamente notable la construcción del muro de sostenimiento que arranca desde la esquina de Florida y llega hasta la medianerías de otras propiedades, con un ancho calculado matemáticamente para evitar que los arrastres o empujes de las tierras pudieran perjudicar la estabilidad de la construcción.
…En el frente de la calle Florida existe una curva de 40 metros de radio próximamente y al final de ella, en el punto de unión de la parte curva con la recta, se ha construido un artístico balcón terraza con basamento en relieve poligonal, ladrillo en limpio y perfectos perfiles arquitectónicos.
Coronan este balcón, preciosos balaustres originalísimos, que corren en toda la longitud de cerramiento del terreno.
Adosado al muro de sostenimiento se construye una terraza belbedere (sic) que tiene por objeto romper la rutinaria monotonía de los jardines generalmente trazados; consiste en un túnel apropiado para confitería y su planta alta a la que da acceso una amplia y artística escalinata, servirá para proporcionar desahogo y buena perspectiva.El frente principal, construido con pilares de ladrillo y alto zócalo, sobre el cual descansa la verja de fundición, tiene tres entradas, una principal al centro, a cuya derecha e izquierda se terminan dos chalets boleterías y dos grandes portones laterales cuya arquitectura difiere mucho de lo generalmente observado, y que ayudan a dar hermosura y amplitud al conjunto arquitectónico de la gran obra.
Con un frente de 60 metros a la calle Maipú y 12 a la plaza de San Martín, se está terminando el restaurant galería, que es un edificio intercolumnio con cuatro frentes, amplias gradas de acceso y cúpula central de preciosa vista.El gran teatro que se pensó construir, y cuyo proyecto se hizo, se ha sustituido por un teatrito guignol, pista de velocípedos y otras distracciones para muchachos, a cuya sección se baja por una gran escalinata estilo de la famosa construida en la exposición universal de Barcelona.
Un túnel que tiene la entrada por esta parte baja se destina a ejercicios de tiro al blanco, práctica que el arquitecto señor Morra se preocupa de difundir tanto en su estudio de tiro federal que tanta aceptación encontró en la opinión, como ahora que trata de implementarlo en la empresa Waldorp y Ca. con el citado túnel.
Lo que no pudimos ver prácticamente, porque todavía no se han podido comenzar, como el trazado de los jardines, retretes y obras accesorias, lo observamos en los planos expuestos en tableros, y ha sido satisfactoria la impresión que nos produjo.
Prosiguió el cronista comentando que peligraba la armonía del edificio por la supresión de los grupos escultóricos que coronaban «los gallardos torreones de los ángulos», pero que la empresa había solicitado y obtenido que la casa de Gobierno se desprendiera de los que adornaban su terraza norte. No se mencionó el par que estaba en el parque 3 de Febrero, pero dos días después, La Prensa informó sobre la devolución de ambos pares.
También indicó que dos reconocidos pintores habían retocado los óleos que decoraban los recintos bajo los cupulines, deteriorados durante la travesía. No está claro el nombre del primero, pero el segundo era Nazareno Orlandi (1861-1952), responsable, entre otras, de las pinturas del teatro Gran Splendid, hoy librería El Ateneo.
Terminada la visita, los invitados pasaron a tomar una copa de champagne en un extremo de la nave central, donde se había servido un exquisito lunch.
Morra pronunció un breve discurso en el que hizo un gran elogio de su colega Albert Ballu:
Señores,
Al agradecer a los representantes de la prensa los benévolos conceptos que han emitido a favor de la obra que dirijo, y de la confección de mis planos, como director de estas obras, siento la necesidad de formular un pedido; este es, que al hacer la reseña de lo que han visto hoy, desearía que figurara en primera línea el nombre del Sr. Ballu, el distinguido arquitecto francés autor de esta hermosa y originalísima obra.
En ella han colaborado artistas renombrados del arte francés, basta recordar Merson, Cormon, Barrias, Hugues, Leroux, Roll, Facchina, Faure y muchos otros.
Ballu no conocía la República Argentina, pero había oído hablar de ella, sabía que a este hermoso país concurría numerosa la inmigración de Francia, Italia, Inglaterra, España y Alemania, sabía que esta República era la tierra prometida del trabajador inteligente y laborioso que venía a explotar sus grandes riquezas, que Buenos Aires era la ciudad de los grandes negocios y de las grandes fortunas improvisadas en poco tiempo. Conocía también los efectos maravillosos de la puesta del sol en el Río de la Plata. Con esas ideas y guiado hábilmente por los consejos de los miembros de la comisión argentina y principalmente por los Sres. Eugenio Cambacérès, Ricardo Lezica y Julio Victorica, dio forma nueva y apropiada a su pensamiento y representó en el gran torneo mundial a esta joven nación con un monumento en el cual todo recuerda la riqueza y exuberancia de vida de la República Argentina.
En este pabellón no hallamos la pureza y la majestad de las líneas de la arquitectura clásica, no hallamos las formas esculturales griegas con sus mantos clásicos: todo es original, todo es moderno.
Ballu se dio bien cuenta que debía representar a una nación que no tenía tradiciones artísticas, pero que poseía el gran resorte de todas las artes y de todas las industrias: la riqueza.
Ballu mereció los elogios unánimes de la prensa parisiense y yo pido a la prensa porteña que haga otro tanto.
He dicho.
Tras otras palabras de uno de los representantes de la prensa y de Julio Victorica, terminó la reunión, dando como fecha de inauguración el siguiente 15 de febrero.
El cronista de la Revue Illustrée aportó otros datos:
Tras la verja de dibujo elegantísimo, construida en los talleres del Sr. Basch, con su entrada central para las personas y dos laterales para carruajes, se eleva el pabellón. A su derecha se extiende el nuevo edificio del restaurant, más allá hasta el fondo, el parque de niños, con paseo, «velódromo,» ó lugar para correr en velocípedo, teatro Guignol y últimamente tiro al blanco. El depósito de las máquinas para el alumbrado eléctrico se halla en el ángulo del parque y es un edificio severo que por su solidez, refleja bien el objeto a que se le destina. Al otro lado del pabellón se extiende el paseo con gruta, y tras él otro paseo con fuente. Sobre los edificios hay terrazas en que se disfruta de la vista del río y de la ciudad, aunque con más limitados horizontes que los magníficos que abarcan los balcones del pabellón.
El alumbrado eléctrico prodigado en todos los edificios, será sin duda de un efecto sorprendente. Habrá en dias de fiesta 5000 luces. Es la primera vez que vemos usada en un edificio la luz como elemento de la ornamentación. Colocadas las lámparas en el fondo de las hornacinas, vierten sus reflejos sobre los mosaicos, multiplicando sus tonos brillantes.
La concurrencia fué obsequiada espléndidamente con un lunch, que fué roseado (sic) con champagne o con cerveza según las preferencias, pero debemos declarar que en esta ocasión, fué la cerveza Pilsen la que llevó la palma.
En ninguno de los planos disponibles ni en fotos tempranas se ve la gruta, que aparece a la derecha del kiosko de música, en una acuarela publicada en 1895 sin mayores detalles.

La exposición permanente
El 16 de noviembre, La Ilustración Sud-Americana anunciaba con un confuso artículo que la empresa Juan Waldorp y Cía. destinaba los «salones laterales» de la planta baja y el primer piso a la «Exposición Permanente de productos de la industria y de las artes, tanto nacionales como extranjeros.» Mencionaba que el espacio disponible sería de 1200 metros, pero continuaba diciendo que «los salones centrales (2600 metros) se destinarían a exposiciones especiales de obras de arte, plantas, flores, etc.» No se entiende el plural centrales, ya que el primer piso estaba abierto hacia la cúpula, y tampoco la diferencia en el metraje, salvo que se estuviera considerando hacer esa exposición en los extremos de las alas. Seguía un amplio detalles de las condiciones y los requerimientos para inscribirse.
1894 – Informe de Juan A. Buschiazzo y recta final
No aparecen más noticias hasta la nota del 16 de enero de 1894 en La Prensa, sobre el informe que había elevado el ingeniero y conocido arquitecto Juan Antonio Buschiazzo, nombrado por la Intendencia para vigilar los trabajos del Pabellón.
El edificio del pabellón «estaba completamente armado, faltando para su completa terminación los vidrios de la cúpula que hubo que encargarlos a Europa, y otros trabajos accesorios como ser armar las escaleras, los pisos de la parte superior e inferior, la colocación de las telas decorativas y los cuadros, los adornos de yeso de la cúpula y los trabajos de pintura, para cuya terminación definitiva se requiere aún algún tiempo.» Como vimos en la nota Cúpulas, excepto la de uno de los cupulines, que era de vidrio, el cerramiento de todas las otras fueron láminas de plomo. Si realmente se encargaron los piezas de vidrio a Francia, no se sabe por qué no se recibieron.
El restaurant estaba siendo revocado exteriormente, faltando hacer los cielorrasos, carpintería, pisos, pinturas, decoraciones, etc.
El siguiente item del informe es interesante, porque menciona que la gruta estaba en obra: «En la gruta y terraza se ha concluido la parte interior adornada de estalactitas, faltando solamente las escalinatas exteriores.» El comentario es confuso, porque lo que tenía escaleras exteriores era el belvedere.
El local destinado al tiro al blanco estaba casi terminado, faltando solamente revoques y adornos. También se menciona que el pequeño teatro a construir cerca de la usina (era el Teatro Guignol) se comenzaría en breve.
También estaba muy adelantado el edificio de la usina:
El gran edificio destinado a la generación de la luz eléctrica se encuentra muy adelantado. Se están colocando los techos y se construye la chimenea que tendrá una altura de 45 metros. En este edificio, que es uno de los más importantes de su género, se colocarán dos motores semi-fijos, sistema Wolff de alta y baja presión, con una fuerza de 100 caballos: dos dínamos del poder de 300 amperes y 120 volts.
Con esta maquinaria se cuenta poder iluminar amplia y profusamente todo el pabellón y demás edificios comprendidos en el terreno cedido a la empresa.
Termina Buschiazzo su informe diciendo que la empresa había invertido hasta entonces la suma de 327.150 pesos m/n.
El 15 de febrero, La Prensa anunciaba que la Comisión de Paseos había propuesto a la Intendencia la idea de vaciar en bronce, «utilizando al efecto los cañones que existen en el arsenal de guerra», el yeso de Jules-Pierre Roulleau que en París, era lo primero que veía el visitante al entrar al Pabellón. También recomendaban colocarla en «algún paraje del puerto de la Capital». Como vimos en la nota Roulleau: La bienvenida, por su significado no tenía sentido volver a colocarla en la entrada. El vaciado no se realizó y el yeso fue finalmente ubicado en el parque, entre el Pabellón y el restaurant, donde estuvo hasta 1910.
En marzo, el Pabellón ya era un referente porteño, como puede verse en el aviso de Collet y Llambí, publicado el 18 en La Prensa, ofreciendo en venta 10 «terrenos únicos»:

El 3 de abril, La Prensa anunciaba que en el Pabellón se realizaría a partir del 1º de mayo una gran kermesse – en el piso bajo, a beneficio de las Damas de Misericordia, y en el alto, de la Sociedad de Beneficencia, con comisiones integradas por una extensa nómina de damas y caballeros.
Esa noche, según informó La Prensa al día siguiente, los Sres. Morra y Waldorp estaban muy complacidos con el resultado del ensayo de la luz eléctrica. También anticipaban que se había contratado varios artistas líricos y cómicos.
Inauguración
El 10 de abril, La Prensa anunció que terminadas las obras, la empresa Juan Waldorp y Cía. había resuelto inaugurar el Pabellón con una comida dedicada a los representantes de la prensa de capital, el siguiente jueves 12 a la 7:30 de la noche. Ese día se definió que la inauguración oficial sería el sábado 14, a las 8:30 de la noche, siendo invitados «el presidente de la República, los Ministros y sub-secretarios, los miembros del Congreso, los de la Suprema Corte, el Arzobispo, Cuerpo diplomático, tenientes generales, jefes del Estado Mayor del Ejército y de la Marina, los principales funcionarios de la Intendencia Municipal, comisión de paseos y los ministros del Concejo Deliberante», y que los invitados debían asistir en traje de etiqueta.
El público podría entrar desde las 7 de la noche y visitar todo el establecimiento, menos el salón alto del Pabellón. Se contaba ya con varias atracciones como la orquesta de profesores, dirigida por el maestro Ismael; el teatro en que funcionaría una compañía lírica y otra dramática y de zarzuela (este era el Teatrito Celeste, en la planta baja del Pabellón); exposición permanente; restaurant, confiterías, metempsicosis, linterna mágica, teatro guignol, lago para que los niños hagan navegar vaporcitos calentados con aguardiente, jardines en que habrá cochecitos tirados por cabras, carneros y avestruces; tambo, etc. También había un tiro con blancos móviles, «como no existía en Buenos Aires otro, por su organización y arreglo.»
El 16 de abril, La Ilustración Sud-Americana publicó una reseña del banquete ofrecido por el empresa a los representantes de la prensa, el día 12.
No recordamos haber asistido, en América, a una fiesta de esta índole superior, ni siquiera igual a la que hacemos referencia. Y no fué sólo, ciertamente, por los delicados manjares y perfumados crus, sino por aquel chic sui generis, que cuando no es obra de una señora de la casa en reuniones de familia, es ciertamente fruto del delicado tacto de algún francés, en las fiestas públicas. ¿Nos equivocamos? Tiene la palabra Mr. Noël para contradecirnos.
Asistieron a la comida, además de los invitados, «el Sr. Waldorp, los ingenieros marqués Carlos Morra de Monterocchetta, Kexel y Medici, así como el señor Victorica.» Todos, al destaparse el champagne, hablaron con frases de agradecimiento a la prensa por el apoyo decidido prestado y que prestarían a la empresa, a los obreros que habían llevado a cabo la obra y «a cada uno de sus compañeros de lucha y de trabajo.» Finaliza la nota con el menú del banquete, «para darles un avant-goût de los deliciosos dîners y déjeuners à la fourchette que podrán a su vez muy pronto disfrutar en el Restaurant del Pabellón Argentino.»

La inauguración oficial fue el 14 de abril. Al día siguiente aparecía la crónica en La Prensa:
La fiesta que prepararon los empresarios del Pabellón Argentino para anoche, ha resultado plenamente satisfactoria, por el número y la calidad de la concurrencia y porque se ha comprendido toda la importancia de la instalación como centro recreativo y de fines más útiles, al mismo tiempo.
Buenos Aires puede contar con un sitio de reunión de que se enorgullecería cualquier capital europea; reina en él el buen gusto y la comodidad y el más delicado confort para todas las exigencias de una sociedad de buen tono.
Desde muy temprano se aglomeró un inmenso gentío en la plaza San Martín, esperando el momento de la iluminación, cuyos efectos son bellísimos; la concurrencia empezó a llegar a las 8, y a las 9 los salones estaban poblados de la más distinguida concurrencia, viéndose entre ella a familias distinguidas, altos personajes de la política y de los poderes públicos.
El Intendente Municipal, que representaba al Gobierno y a la institución que preside, llegó con su secretario y otras personas a las 9. Pasóse enseguida al salón alto, cuerpo izquierdo, donde se hallaban preparados los asientos para la ceremonia oficial de la inauguración; en frente de la mesa que ocuparon el Intendente, sus secretarios y empresarios constructores Sres. Morra y Walthorp (sic), se instalaron los artistas que debían cantar el himno nacional, y la orquesta de Ismael que ejecutó un hermoso repertorio durante toda la fiesta. El himno nacional fue cantado por la señora Bourman y otros distinguidos cantantes de ambos sexos, que merecieron aplausos.
Hablaron después el ingeniero Walthorp, que pronunció palabras sencillas pero oportunas, y el Intendente Dr. Pinedo, que en un discurso que pocos pudieron oir, explicó y dio al acto y a la nueva y gran instalación con que de hoy en adelante cuenta la capital, toda su significación del punto de vista de nuestros progresos edilicios.
Después de la ceremonia, la concurrencia se dispersó por los diversos departamentos del edificio, no oyéndose más que frases de elogio y admiración, y votos por la buena suerte de la meritoria empresa: las felicitaciones que los distinguidos ingenieros Sres. Morra y Walthorp recibieron anoche, expresaban suficientemente la aprobación del público entendido y culto que asistió, y que servirá de legítima y necesaria propaganda para que el Pabellón cumpla los fines de su instalación.
El salón bajo, izquierda, es vasto y hermoso, y hallábase lleno de familias; el cuerpo derecho, que ocupa el teatrito, está destinado a gozar de gran favor en todas las estaciones porque es hermoso, abrigado en invierno y fresco en al estación calurosa.
Los salones altos serán, sin duda, los favorecidos para las grandes fiestas sociales, conciertos, bazares, kermesses, exposiciones de arte, de industria, etc., y el panorama que desde sus balcones se contempla, vale por sí solo las horas que allí se emplean.
Varias casas comerciales de lujo han instalado allí sus vidrieras, elegantes y dignas del local; funcionó anoche un fonógrafo, que estuvo concurrido por distinguidas señoras y señoritas.
Merece capítulo especial el cuerpo del edificio, separado del Pabellón, al Oeste; sus galerías bajas y altas, sus salones y terrazas, están hechas con gusto indudable y las instalaciones interiores no dejarán que desear al más exigente de nuestros hombres de mundo.
Luego, los jardines fueron elogiados por todos los que por competencia profesional o por haber viajado y visto mucho, ya que no todo el que viaja sabe ver, los conocieron anoche. La avenida de las palmeras es deliciosa, con su hermoso pavimento y la vista al Río de la Plata, que promete para el verano próximo muchas horas de verdadero gozo.
Un grabado de Capua publicado en la Revue Illustrée du Rio de la Plata en su número de abril muestra el momento del canto del himno nacional.

El cronista de La Nación fue más poético y detallista, pero también más crítico:
Anoche aquellos afortunados que el 25 de mayo de 1889 asistieron a la primera inauguración del Pabellón Argentino, pudieron hacerse la ilusión de hallarse aún en París, como si el tiempo se hubiera detenido en aquella hora venturosa, tal cual le aconteció al viejo Perrault con «La Bella del bosque durmiente». En verdad ha sido una evocación; hemos podido creernos durante un rato al pie de la torre Eiffel, en los jardines ingleses de la gran exposición.
Buenos Aires cuenta hoy en más con un precioso sitio de recreo, vasto, elegante y cómodo, sin excluir lo gracioso y lo fantástico, cuando al venir la noche, millares de luciérnagas lo envuelven en una red de chispas; el pabellón se convierte entonces en un palacio encantado; las luces trepan a los minaretes, decriben parábolas de fuego en los arcos de medio punto, corren por las cornisas y estallan gloriosas en los ventanales pintados, como ruedas crepitantes de un fuego de artificio.
Las calles enarenadas de los jardines primorosamente cuidados y la terraza abierta hacia el río, complementan aquel centro de atracción y constituyen, con sus golpes de vista tan variados como hermosos, un sitio único en esta capital.
No tenemos tiempo á la hora avanzada en que escribimos estos apuntes, para detenernos ante la grande y bella vidriera de Charles Toché, «La república francesa y la ciudad de París reciben a la República Argentina», que ocupa el sitio de honor en el palacio; apenas podemos señalar de paso las interesantes pinturas que decoran las cuatro cúpulas centrales, entre las que descuellan la Química y la Física, de Luc Olivier Merson, con su línea impecable; la Escultura y la Arquitectura, curioso y lindo spécimen de Interpretación naturalista; la Astronomía y la Electricidad de Cormon; son inferiores á éstas la Pintura y la Música de Héctor Leroux, el pintor de las vestales, quien esta vez se equivoca de plano con una intentona de localismo, que ubica al paisano argentino en Batignolles.
Hay un cuadro de Montenard cuya escena parece pasarse en el puerto Madero y otro de Alfredo Paris «á través de la pampa»; hemos creido distinguir entre los soldados argentinos al mismo Héctor Leroux, tomando datos en este cuadro para sus decoraciones criollas.
En suma: el pabellón, el teatro, el restaurant y las terrazas, están destinados a alcanzar un éxito completo.
La escasa publicidad hecha, lo alto deI precio de entrada y la advertencia de que era de rigor el traje de etiqueta, hicieron que la concurrencia no fuera todo lo numerosa que debía haber sido. No bajó, sin embargo, de mil personas.
El acto inaugural fué abierto cantándose el himno nacional y pronunciando un discurso el representante de la empresa, al que contestó el intendente Dr. Pinedo.
Verificada esta ceremonia, que tuvo la solemnidad del caso, el público se esparció por el vasto recinto o acudió á los balcones, de Ios que se dominaba ora los jardines de la plaza, llenos de pueblo, ora la superficie del inmenso río, plateada por la luna.
El pequeño teatro, una joya de buen gusto, todo blanco y oro con adornos de terciopelo celeste, obra del arquitecto Sr. Morra, fué muy ponderado, así como el restaurant, cuyos planos y decorado pertenecen al mismo cabaIlero. Respecto del restaurant, que dará hoy comienzo a su servicio, hay que elogiar como irreprochable el mobiliario, todo de encina esculpida; la vajilla elegantísima y la tenue de los garçons, vestidos de frac con chaleco de pana cereza, como en los grandes clubs de Europa. Cada mesa estaba, por otra parte, adornada con flores e iluminada por una bujía cubierta de una fina pantalla de seda de colores. En fin, un restaurant ideal, superior como instalación a los más afamados de París.
A las once de la noche, el centenar de mesas que ocupa la parta baja del pabellón frente al teatro, estaban completamente llenas de concurrencia; en los jardines no faltaba gente tampoco ni en las terrazas del restaurant; la orquesta por el maestro Ismaël y banda de policía, contribuían a dar animación a la fiesta y la impresión general era favorable; pero hubo una deficiencia. Se esperaba ver todo el exterior del pabellón iluminado a luz eléctrica; pero apenas si lo estuvo parte del frente y los costados. Quizá la premura con que ha sido llevada a cabo la inauguración explique esta deficiencia; pero la verdad es que siendo la iluminación el mayor atractivo que ofrece el pabellón, el público puede decir con justicia que a este respecto anoche le han robado la plata. ¡Luz, mucha luz, muchísima luz! la mitad del éxito dependerá de esto.
Por lo demás, la impresión general, como queda dicho más arriba, ha sido muy favorable, y ha de serlo aun más a medida que los servicios se perfeccionen, que el teatro funcione, se llene el restaurant de comensales y la exposición de muestrarios de productos.
Una de las primeras imágenes
Un detalle permite ubicar a esta fotografía de Samuel Rimathé a principios de 1894, al inaugurarse el edificio. El predio se cerraba a la izquierda sobre Maipú con el elegante restaurant diseñado por Carlos Morra. Debe haber habido un problema de tiraje con las dos pequeñas chimeneas que se ven en la azotea a la izquierda de la cúpula, porque en imágenes posteriores aparecen elevadas un par de metros. Este es un detalle de la fotografía de la colección del Buenos Aires Museo, tomada probablemente desde lo de José León Ocampo, en la esquina noroeste de Esmeralda y Santa Fe, casa demolida en el ensanche de esa calle en 1913.

Una visita al complejo
En el catálogo del CeDIAP están registrados unos 200 planos del Pabellón (ID Nº 0315-00001 a 00199, 201 y 207), realizados por la empresa fabricante de la estructura de hierro, la Société des ponts et travaux en fer, cada uno con su descripción, pero los planos en sí no se conservan.
Los que sí están disponibles son algunos de circuitos eléctricos debidos a la empresa Juan Waldorp y Cía. Dan una idea de cómo estaban distribuidos los diferentes componentes del complejo. El que sigue es un «Plano según obra construida», con modificaciones fechadas 1º de junio de 1894 y aprobado el día siguiente por Tomás Huergo. Otra nota reza «Servicio desde el 1º de abril de 1894».

El edificio se ubicó en el centro del terreno frente a la calle Arenales, la que llegando a Florida presentaba entonces una empinada barranca descendiente. El restaurant cerraba el predio del lado izquierdo, sobre Maipú, continuando la explanada unos metros más hasta llegar al borde del muro de contención. Este entraba hacia la derecha y luego describía una gran curva, acompañando la ceja de la barranca. La balaustrada continuaba sobre la misma hasta llegar sobre el pasaje Falucho (entonces, esa calle diagonal todavía era la prolongación de Florida) y siguiendo sobre Florida, que estaba varios metros por debajo de la explanada.
Podemos hacer un recorrido visual del entorno del predio, con la advertencia de cierto anacronismo en las imágenes, siendo algunas posteriores a la época de la inauguración.
La Ilustración Sud-Americana publicó en la portada de su edición del 16 de mayo de 1894 un precioso grabado de la entrada principal del complejo, debido al valenciano Rafael Juan Contell y Darder (~1855-?), uno de los fundadores de la revista.

Esta imagen de Samuel Rimathé muestra prácticamente todo el frente sobre la calle Arenales, con la entrada principal en el centro de la cuadra y uno de los portones para carruajes a la derecha. Si bien se ve el declive de Arenales hacia Florida, pasado el gran portón aumentaba bruscamente la pendiente.

Del extremo opuesto de Arenales, el otro portón para carruajes.

La esquina de Arenales y Maipú, con el elegante restaurant diseñado por Carlos Morra, cerrando el predio.

A la izquierda del restaurant se ve el nacimiento del muro de contención, con su pequeño balcón/mirador circular; luego el espacio abierto con un alto muro y a continuación el edificio de la usina, con su gran chimenea.

Otra vista del comienzo del muro de contención y el del espacio abierto. Los ñandúes eran unos de los animales, además de carneros y cabras, que tiraban de los cochecitos en los que paseaban los niños en el parque del Pabellón.

En el espacio abierto nacía la gran escalinata que llevaba a la explanada; la puerta daba acceso al teatro Guignol y a la galería de tiro al blanco, otra iniciativa de Carlos Morra.

Esta foto, de una carrera de embolsados, es varios años posterior, pero muestra ese mismo espacio con la escalinata y la entrada al tiro al blanco a la izquierda.

Vista de la gran curva del muro de contención; abajo estaba ese espacio abierto, y la escalinata nacía a la izquierda. En la explanada, el precioso kiosko de música.

En una foto de 1896, el nacimiento de la escalinata y la explanada; el kiosco de la derecha era temporario, un stand de la Exposición Vinícola Italiana.

All llegar al Pasaje Falucho (entonces todavía calle Florida), el muro se desviaba unos 30º hacia la izquierda, hasta llegar a la esquina donde se había levantado el belvedere. Esta foto de ese tramo del muro es muy posterior, cuando ya se había demolido todo lo que se encontraba de ese lado de la explanada, al erigir el pabellón Lavigne para la Exposición Internacional de Arte del Centenario, en 1910. La diferencia de nivel entre la calzada y la explanada era de unos seis metros. Otro balcón/mirador circular muestra el cuidado con que se había diseñado este muro.

Ese mismo tramo del muro pero visto desde la explanada, con el vértice del ángulo. Todos los edificios de altos eran posteriores a la instalación del Pabellón.

No he encontrado fotos del siguiente tramo del muro sobre la calle Florida, hasta llegar a la esquina de Arenales. Una postal de por lo menos 1909 la muestra desde la explanada, con el Plaza Hotel detrás. La escalera de la derecha conducía a los baños. El edificio de la izquierda era la gran Caballeriza Gral. San Martín.

Un detalle de un plano de la empresa Juan Waldorp y Cía., realizado por la empresa de Guillermo Kexel y Cía., fechado diciembre de 1894, muestra la disposición de esos baños, aparentemente para caballeros, y un depósito.

En este detalle de una foto de H. C. Moody de 1906, de la colección de Daniel Sale, a quien agradezco, tomada desde la casa de Mercedes Castellanos de Anchorena, que entonces estaba en obra, se ve detrás del poste telefónico esa esquina con la balaustrada del muro en el último tramo sobre Florida, y las escaleras. Y el portón de la caballeriza.

Sigamos ahora por la explanada, donde vemos el belvedere en una foto de la época de la inauguración, donde la vista no estaba afectada por edificios de altos. También la avenida de palmeras, mencionada antes.

Como muestra este otro detalle del plano que comentamos, debajo de la terraza del belvedere había una galería (el «túnel» del cronista de La Prensa) donde funcionaba una confitería.

Siempre de ese lado de la explanada, el estanque donde los niños hacían navegar vaporcitos calentados con aguardiente.

En la base de esa fachada del Pabellón se ven las ventanas y puertas de acceso al sótano, algo que el edificio no tenía en París. Eran cinco ambientes que se extendían bajo la fachada trasera, con escaleras que comunicaban con la planta baja.

En el centro de la explanada, el kiosco de música, y el restaurant al fondo.

El restaurant diseñado por Carlos Morra, en una imagen temprana porque las chimeneas todavía eran las originales (bajas). A la izquierda, el portón de carruajes. En el borde derecho de la foto se ve al fondo lo de Pereyra Iraola en Arenales y Esmeralda; todavía no estaba construido lo de Ortiz Basualdo en Arenales y Maipú.

Otro plano Waldorp/Kexel, también fechado diciembre de 1894, muestra que el restaurant tenía un sótano, donde estaba la cocina, con ventanas y en ese nivel, una puerta a la calle Maipú. El nivel alto tenía azoteas a cada lado de la cúpula, con excelentes vistas.

Otra diferencia con París: la fachada izquierda tenía puertas a cada lado, que permitían acceso directo al parque y al restaurant.

Y una más – los escalones del acceso a la entrada principal tenían las esquinas redondeadas en París, pero en Buenos Aires eran rectangulares, tal como figuran en el plano original de Ballu.


Entretenimientos
El teatrito celeste
Abandonada la idea del teatro externo, Morra diseñó uno pequeño para el ala derecha de la planta baja del Pabellón, que ya hemos comentado. Allí se presentaban diferentes espectáculos musicales y teatrales.

El tiro al blanco
Morra era un gran aficionado de ese deporte, y ya había proyectado el primer edificio del Tiro Federal Argentino. No sorprende entonces que haya incluido en el complejo una galería para practicarlo, con blancos móviles, debajo de la explanada. Se accedía, como vimos, por la base de la escalinata que llevaba a la usina.

Otros
Como se ve en el plano anterior, también se había instalado en ese espacio un teatro Guignol (de títeres), y una pista para andar en bicicleta, que seguramente se alquilaban allí.
Ya mencionamos el estanque para hacer navegar barquitos y otro entretenimiento muy popular, los cochecitos tirados por ñandúes, cabras o carneros, en los que los niños recorrían el parque.

Esbozos biográficos
Lazos familiares y profesionales conectaban a los cuatro integrantes del proyecto de rearmado del Pabellón.
Carlos Morra (1854-1926)

Italiano, arquitecto e ingeniero, era de noble familia – tenía el título de marqués de Monterocchetta. Nacido en Benevento, Campania, se educó en la Academia Militar de Turín y actuó como oficial de artillería en el ejército. En 1881 se radicó en Argentina, en cuyo Colegio Militar fue catedrático de fortificación y arte militar, y en 1886, de balística en la Escuela Naval, siendo además el iniciador de la práctica de ejercicios de tiro. Como director de Construcciones Militares en 1887, intervino en obras como el antiguo edificio del Tiro Federal, cuarteles y bibliotecas. También diseñó residencias particulares y hoteles. Fue arquitecto del Consejo Nacional de Educación y responsable de muchas de las llamadas «escuelas palacio.» También se desempeñó como director de Obras Municipales de La Plata y director de la Oficina Técnica del Ministerio de Obras Públicas, y presidió la Sociedad Central de Arquitectos. Fue autor de varias publicaciones y recibió gran número de condecoraciones. Estaba casado con Carmen Victorica Urquiza, hija del general Benjamín Victorica, sobrina de Julio Victorica y nieta de Justo José de Urquiza.
Juan (Jan Abel) Waldorp (1859-1930?)

Nació en Arnhem, Gelderland, Países Bajos, hijo de Jan Abel Adriaan Waldorp (1824-1893), ingeniero holandés que diseñó el puerto de Ensenada/La Plata. Trabajó con su padre y otros dos hermanos en ese proyecto y luego continuó su carrera, asociado con Juan Bautista Medici, su concuñado – su esposa Carolina Boursetty era hermana de Gemma, la Sra. de Medici. Su hijo Juan Abel Adrián Waldorp (1885, Ensenada – 1962, Buenos Aires) desarrolló una larga y exitosa carrera como arquitecto. Juan Waldorp habría fallecido en 1930 y la foto adjunta, detalle de una grupal publicada en Caras y Caretas del 7 de junio de 1913, en una nota sobre la inauguración de una obra de canales en el Delta del Paraná, aparte de lo borrosa no es seguro que sea la suya por lo ambiguo del epígrafe.
Juan Bautista Medici (1843-1903)

Ingeniero italiano nacido en el Piamonte, en su país natal trabajó en proyectos de ferrocarriles domésticos y luego en la red de agua potable de Montevideo, Uruguay. Llegó en 1870 a la Argentina, y luego de participar en un estudio de la ciudad de Buenos Aires asumió la dirección de Saneamiento Hidráulico de la capital. Asociado con Francisco Lavalle en la empresa constructora del puerto de Ensenada/La Plata, trabajó allí junto con los Waldorp. Estuvo largo tiempo al frente de trabajos de nivelación y canalización en la provincia de Buenos Aires y también dirigió con éxito construcciones particulares. En octubre de 1900 recibió la patente estadounidense Nº 658.795 para un proyecto de creación de canales navegables en el delta del Mississippi. Varios autores dicen que siendo ingeniero municipal, desde el 1º de febrero de 1890, supervisó el desarme del Pabellón en París, dato que no he logrado verificar.
Julio Victorica (1844-1907)

Funcionario, periodista y diplomático, era tío de la esposa de Carlos Morra, y estaba vinculado al Pabellón desde sus inicios. Dada su experiencia en varias exposiciones internacionales, siendo director del Departamento de Agricultura en 1886 integró como comisario general la comisión directiva porteña encargada de organizar la concurrencia de la Argentina a la Exposición Universal de París de 1889. Viajó a esa ciudad el 5 de febrero de 1889, como comisario general de la comisión parisina, que presidía Eugenio Cambacérès. Estaba a cargo de los empleados argentinos que trabajaban en el alistamiento del Pabellón; debían recibir todos los objetos destinados a la muestra, arreglarlos, clasificarlos y colocarlos. Desempeñó su cargo hasta su regreso a Buenos Aires, el 8 de enero de 1890, reintegrándose a la comisión porteña. En el Fondo Exposición de París del AGN se conserva su extensa correspondencia con la comisión de Buenos Aires. En diciembre de 1891 fue nombrado para igual cargo en la Exposición Colombina de Chicago en 1893, organizando la muestra preliminar en los salones de Durán, y luego en Chicago. Fue uno de los fundadores del diario La Razón.
Procesamiento de imágenes, gentileza de Gabriel de Meurville
Fuentes
- Archivo General de la Nación, Buenos Aires. Departamento de Documentos Fotográficos
- Buenos Aires Museo. Departamento de Documentos Fotográficos
- CeDIAP- Centro de Documentación e Investigación de la Arquitectura Pública. AABE- Agencia de Administración de Bienes del Estado
- Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires – Fondo Eduardo Schiaffino
- Buenos Aires, Revista semanal ilustrada, Año II, Nº 68, Buenos Aires, 26 de julio de 1896 – Ibero-Amerikanisches Institut
- Caras y Caretas, fechas varias. Hemeroteca Digital, Biblioteca Nacional de España.
- La Ilustración Sud-Americana, Buenos Aires, fechas varias. Biblioteca Nacional Mariano Moreno
- La Nación, Buenos Aires, fechas varias. Biblioteca Nacional Mariano Moreno
- La Prensa, Buenos Aires, fechas varias. Microfilm, Library of Congress, Washington, DC
- Revue Illustrée du Rio de la Plata, París, Imp. Alcan-Lévy, fechas varias. Biblioteca Nacional Mariano Moreno
- The Standard, Buenos Aires, fechas varias. Biblioteca Max von Buch, Universidad de San Andrés, Buenos Aires
Bibliografía
- Alcorta, Santiago (ed.), La República Argentina en la Exposición Universal de París de 1889 – Colección de Informes Reunidos, París, P. Mouillot, 1890
- Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Senadores – 1892, Buenos Aires, Compañía Sud Americana de Billetes de Banco, 1893
- Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Diputados – Año 1892 – Sesiones ordinarias, Buenos Aires, Imprenta General Belgrano, 1892
- Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Diputados – Año 1892 – Sesiones extraordinarias, Buenos Aires, Imprenta General Belgrano, 1892
- ______, Registro nacional de la República Argentina – Año 1892, segundo semestre, tomo 42, Buenos Aires, Taller Tipográfico de la Penitenciaría, 1892
- _______, Digesto de ordenanzas, decretos, leyes, etc. de la Municipalidad de Buenos Aires, 1892, AGN – Biblioteca Pillado
- Cutolo, Vicente Osvaldo, Nuevo Diccionario Biográfico Argentino (1750-1930), Buenos Aires, Editorial Elche, 1968-1985
- Hindle, Richard L., «Prototyping the Mississippi Delta: Patents, alternative futures, and the design of complex environmental systems», en Journal of Landscape Architecture, 12:2, 32-47, DOI: 10.1080/18626033.2017.1361084, 2017
- Schiaffino, Eduardo, La pintura y la escultura en Argentina, 1783-1894, edición del autor, Buenos Aires, 1933
IN CRE I BLE, Alejandro! Voy a tener que leer otra vez porque no puedo creer todos los datos que das y las imágenes que subiste! Excelente!
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Tercera vez que lo leo y siempre encuentro algo nuevo para aprender. Felicitaciones Alejandro!!!
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Muchas gracias, Daniel!
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