Colores
Los comentarios de la prensa francesa sobre el Pabellón Argentino en la Exposición Universal de París en 1889 invariablemente mencionaban el variado colorido de sus componentes – no siempre de manera positiva.
El arquitecto del edificio, Albert Ballu, no parece haber recibido una orientación sobre qué colores eran adecuados para el Pabellón; queda la sensación de que se lo dejó librado a su criterio. En la sesión de la comisión de París del 23 de abril de 1889, un mes antes de la inauguración, se leyó una nota de Ballu del 15 de ese mes, indicando los cambios que el vicepresidente argentino, Carlos Pellegrini, había solicitado luego de su visita al Pabellón. Los más significativos eran el pintar de dorado toda la estructura metálica exterior, y el reemplazo de los vidrios curvos en la cúpula central. Allí se alternaban blancos y de color, originariamente verdes, inexplicable elección de Ballu; Pellegrini pidió cambiarlos por azules. Esta cúpula, como las cuatro más pequeñas que la rodeaban, lucía un tambor decorado con cerámicos en mosaico y cabujones de vidrios de colores.
El dorado de una estructura de hierro era algo inusual entonces; en palabras del mismo Ballu, citado por Santiago Alcorta en su obra sobre la Exposición:
…del dorado para las obras de hierro exteriores en vez de la aplicación de los tonos grises llamados de hierro, que el uso había consagrado hasta ahora.
También lo mencionó José Martí en su crónica publicada en La Edad de Oro.
Brilla un sol de oro allí por sobre los árboles y sobre los pabellones, y es el sol argentino, puesto en lo alto de la cúpula, blanca y azul como la bandera del país, que entre otras cuatro cúpulas corona, con grupos de estatuas en las esquinas del techo, el palacio de hierro dorado y cristales de color en que la patria del hombre nuevo de América convida al mundo lleno de asombro, a ver lo que puede hacer en pocos años un pueblo recién nacido que habla español, con la pasión por el trabajo y la libertad ¡con la pasión por el trabajo!
Por un comentario que se verá después, el color original parece haber sido el rojo, como el de la Torre Eiffel. También fueron dorados los grupos escultóricos, pero aparte de uniformizar el aspecto era para disimular que solamente un par de los de Barrias en los pilones esquineros eran de bronce – todos los demás, incluyendo el Hugues de la fachada y los de las cuatro pechinas en el interior de la cúpula principal, eran de yeso.
Imágenes coloreadas – París
Existen varias, de fuentes no identificadas. La primera es un dibujo preliminar del proyecto, lo que se comprueba por varios detalles como la ausencia del sol dorado coronando la cúpula principal (aquí, una bandera), los mosaicos triangulares en la fachada en vez de los más amplios definitivos, un toldo en el balcón lateral, los bosquejos de los grupos escultóricos, diferentes a los finales, etc.

La calidad de la imagen no permite determinar adecuadamente los colores, aunque se ve que en los arcos de la fachada principal, los cabujones de vidrio eran rojos, mientras que los de las columnas parecen verdes.
Una postal presenta una fotografía de la fachada, muy arbitrariamente coloreada con una caprichosa variación en los cabujones, algo que sabemos no fue así. También fueron coloreados los mosaicos, cuando todo indicaría que eran monocromáticos, en grisaille o tal vez azul.

Uan tercera imagen, utilizada en postales publicitarias, parece más fiel a la realidad. Se ve el sol de la cúpula principal, el dorado de toda la estructura y las esculturas, ahora sí similares a las definitivas; el celeste de las bandas de azulejos enmarcando las loggias, y el verde de los cerámicos en el fondo de las mismas.

Un testigo presencial
Repitiendo una exitosa experiencia de la anterior exposición de 1878, James Whitehead, el alcalde de Londres, envió a París un contingente de 75 delegados, representando diversas especialidades técnicas. La nómina incluía alfabéticamente desde los fabricantes de barómetros y termómetros hasta la zinguería. Los artesanos debían inspeccionar lo exhibido, recopilando información útil y práctica para sus respectivas industrias.
Para el rubro Tile and Mosaic Working (azulejos/baldosas y mosaicos) el elegido fue J. Brooke, de quien no se dan más datos. Comenta lo difícil que fue la tarea, debido al escrutinio constante de la policía, vigilando que no se hicieran bocetos, por lo que solamente podía hacer notas en trozos de papel. Esto explicaría por qué sus descripciones no se ajustan exactamente a la realidad en lo que hace a las medidas, y las diferencias aparentes en los dibujos y el texto que debe haber escrito al volver de la exposición. Las dos columnas en este dibujo son incorrectas, como también algunos detalles de la placa cerámica de la derecha y el ancho de la mencionada banda de siete pulgadas debajo de los felinos, que tanto en el dibujo como en la realidad era claramente algo más angosta que la de círculos concéntricos.

Quedé muy impresionado con la exhibición argentina y la forma admirable en que se habían empleado azulejos pintados, mosaicos y ladrillos vidriados en la decoración exterior de este edificio. El efecto fue tan bueno y tan sugerente que toda la obra merece especial atención.
…
La parte baja del edificio argentino es muy interesante y sugerente, mostrando muy buenas combinaciones de color … su base está formada por grandes bloques lisos de terracota de color ante (o gamuza, buff en el original), luego por una gruesa hilera de molduras, luego por una banda de baldosas de seis pulgadas incisas con círculos concéntricos, una mancha de color azul oscuro en el borde, luego, un rayo verde brota del mismo a través del azulejo, con un rayo de azul profundo a cada lado. El efecto general sugiere el ojo de una pluma de pavo real. Luego, cuatro hileras de bloques oblongos de terracota, de doce pulgadas por seis pulgadas, con bordes biselados, colocados como ladrillos, que tienen un efecto encantador, siendo de color marrón grisáceo, y parecen tener un vidriado de sal sobre ellos, similar a la que se aplica a las botellas de piedra comunes; luego sigue otra banda de baldosas de seis pulgadas, con anillos concéntricos como antes; luego otras cuatro hileras de bloques, con bordes biselados de doce pulgadas por seis pulgadas como antes; luego una banda de siete pulgadas de bloques marrones de terracota, doce pulgadas por siete pulgadas, con protuberancias amarillas en la banda marrón, con molduras en los bordes superior e inferior; luego un friso continuo de losas de terracota vidriadas con bordes biselados, de quince pulgadas por doce, con un animal grotesco amarillo sobre un rico fondo verde; luego una rica disposición de bloques de terracota de colores claros, formando una cornisa moldurada.
La artista Jane Loeffler realizó la siguiente interpretación de los colores descriptos por Brooke.

En otra descripción, Brooke se refiere a la decoración de las loggias del primer piso, y a la banda de azulejos que las enmarcaban:
Los recesos están decorados con un zócalo de ricos ladrillos vidriados de color verde oscuro, y sobre esto hay una serie de paneles decorados con azulejos de seis pulgadas con diseños de carácter persa, un fondo gris blanquecino, el adorno realizado con cobalto claro y oscuro y azul verdoso, perfilado con una línea verde oliva oscuro; el contraste de colores armoniza muy bien con el friso de losas oblongas de ladrillo vidriado, dispuestas en diagonal, sugiriendo un pañal. En la parte superior del zócalo hay una hilera de azulejos de seis pulgadas, con un vidriado verde oscuro.

Brooke también describe otras piezas cerámicas en gran detalle, pero no ha sido posible identificarlas, ya sea por las medidas o por las combinaciones de colores que menciona. Agradezco a Cristina Corsini la referencia a esta publicación.
Otro testigo
Jules Méry (1867-1943), periodista, poeta y dramaturgo francés, firmó una extensa nota publicada en El Sud-Americano del 20 de mayo de 1889, titulada «El palacio de la República Argentina en la Exposición de París.» Se basó en la información disponible antes de la construcción del edificio, comentando sobre los efectos de las luces coloreadas e incluyendo un croquis:

El aspecto de este palacio, de noche, será realmente mágico, gracias a una sabia combinación de luces. En todas las columnas F están colocadas lámparas eléctricas blancas, de forma de puntas de diamantes. Los semicírculos G están compuestos de cabujones rojos formando lámparas en imitación de rubíes; las pequeñas cúpulas están ceñidas por hileras de cabujones azules, lámparas en imitación de zafiros. La gran cúpula central estará guarnecida de lámparas rojas. Todo este conjunto producirá, por la noche, el más rico juego de luces.
Todo indicaría que los cabujones F de las columnas de la fachada, pese a que tenían forma de diamantes, no eran blancos, como escribe Méry. Existe otra referencia en el AGN – es el cahier des charges (pliego de especificaciones) para el rubro vidriería, que fue asignado a la empresa Néret. Allí se lee:
Pilones: 168 cabujones facetados, tinte verde esmeralda con reflejos metálicos, de 0,40 m de diámetro
Y para los arcos de la fachada:
Dovelas de los grandes arcos circulares: 80 cabujones facetados color rosa al oro, 40 de 0,35 de diámetro y 40 de 0,20

Las fotografías muestran que los cabujones de los arcos no eran facetados como dice el texto, sino semiesféricos. Esto genera dudas sobre la validez del resto de lo descripto, que se sustentan al intentar verificar las cantidades de cabujones de cada tipo con lo que se ve en el edificio terminado.

Rosa al oro era un color de vidrio que se obtenía de la fusión de arena silícea con óxido de oro, lo que lo hacía muy costoso.
Otras opiniones
Louis Rousselet comenta en su obra publicada en 1890:
La República Argentina ocupa un edificio inmenso, el primero que ve el viajero transportado al Campo de Marte por el ferrocarril Decauville. Es un palacio de oropel: el vidrio, el hierro, la loza que entró en esta construcción tienen los colores más deslumbrantes. Por la noche, cuando la luz eléctrica hace resplandecer toda esta cristalería, el efecto es verdaderamente maravilloso; de cerca, el trabajo parece un poco tosco.
De la versión española de una revista sobre la exposición, debida a François G. Dumas y Louis de Fourcaud:
A su cabeza figura el pabellón argentino, edificado por M. Ballu, y que, desarmado y trasportado a Buenos Aires, figurará allí en breve con el título de Palacio de las Exposiciones. Su ornamentación fastuosa y multicolor, en la que el hierro fundido y forjado está realzado con el brillo de los azulejos polícromos, con el esplendor de los mosaicos y con los tornasolados reflejos de los cabujones de vidrios de colores, le da el carácter de una monstruosa joyería. Por la noche la electricidad enciende en sus cuatro fachadas novecientos puntos luminosos, y a semejanza de las piedras preciosas que destellan al ser heridas por las luces de una araña, los vidrios iluminados despiden reflejos encarnados, verdes y azules de los múltiples adornos de sus calados balconajes.
El secretario de redacción del periódico Le Courrier de la Plata, F. Simonnet, escribió varias cartas desde París describiendo la exposición. En la séptima, del 26 de junio de 1889, comenta:
El pabellón argentino está formado por una enorme estructura metálica rellena y decorada con porcelanas de varios colores un poco vistosas pero no chillonas, ladrillos esmaltados en verde y amarillo anaranjado y hermosos mosaicos.
…
El arquitecto elegido, el Sr. Ballu, artista y maestro, realiza una verdadera obra maestra, grandiosa y original al mismo tiempo… original por su decoración exterior en porcelana y mosaico salpicado por todas partes con cabujones en vidrio de color rojo, verde y azul, iluminado por la noche con lámparas eléctricas incandescentes.
Este nuevo tipo de iluminación tiene un curioso efecto que será aún más curioso cuando el pabellón, reconstruido en Buenos Aires, muestre sus cuatro caras iluminadas sin que ningún edificio lo enmascare a la distancia como inevitablemente sucede en el Campo de Marte.
Maurice Brincourt era un arquitecto adscrito al servicio de instalaciones de la Exposición Universal y en su obra sobre la misma, comenta sobre el Pabellón:
La forma del palacio es rectangular. Toda la base es de piedra arenisca vidriada y está rematada por un friso de gatos geométricos, de diseño muy original. Un grupo decorativo en bronce dorado se recorta contra el dosel de un gran arco central, que acentúa la entrada, y se acompaña de uno más pequeño a cada lado. Estos tres arcos están decorados con terracota, grandes cabujones de vidrio rojo y mosaicos. Cabujones similares, pero de un tono verde brillante, enmarcan todo el palacio y decoran las metopas entre las ménsulas de hierro que sostienen el canalón de terracota. Los dos tímpanos sobre los arquillos de la entrada están decorados, el de la izquierda con un mosaico que representa un Pastor en las pampas, composición de Barrias, el de la derecha un Labrador, de Roll.
Las dos alas, a cada lado, están perforadas cada una con tres tramos, enmarcados por un ancho borde en loza azul turquesa, y forman, en el primer piso, una galería o logia, con revestimientos de loza verde. En las esquinas se encuentran cuatro pilones, con revestimientos de porcelanato y aplicaciones de vidrio tallado; estos pilones están coronados por cuatro grupos y decorados con medallones que representan a las provincias argentinas. Las fachadas lateral y trasera se tratan con el mismo espíritu que la fachada principal.
Párrafo aparte merece la reconstrucción digital animada y tridimensional de la torre Eiffel y edificios de la exposición realizada por Des racines et des ailes (Raíces y alas), un programa televisivo del canal France 3 que trata la arquitectura e historia de ese país. El Pabellón aparece a partir del minuto 5:27, pero los colores elegidos por los animadores y detalles como los vidrios de las cúpulas, los dos mosaicos de la fachada, etc., no se ajustan a la realidad. Sorprende la estructura de hierro pintada de celeste en vez de dorado, error tal vez debido a que la del interior, en el primer piso, llevaba ese color.


Cabe notar que Carlos Lix-Klett, que se desempeñaba en la comisión parisina, era también el corresponsal especial del periódico porteño The Standard, que publicó varias de sus reseñas, con menciones conflictivas sobre los colores, salvo que se refiriera a los de los interiores:
El 25 de mayo vamos a dar una fiesta. El exterior del Pabellón llama mucho la atención, debido a la variedad de la coloración, aunque predomina el verde. Por mi parte, habría preferido el azul claro, por estar más en armonía con el gusto francés.
París, 8 de mayo de 1889, publicada el 8 de junio
La Sección Argentina es la única, teniendo en cuenta su gran tamaño, que estuvo realmente terminada el día de la inauguración. Su exterior luce muy seductor, y los colores blanco y azul están admirablemente trabajados.
París, 10 de mayo de 1889, publicada el 20 de junio
Los colores blanco y azul del Pabellón Argentino le dan a la estructura una apariencia bastante vernal, juvenil, de savia y vigor. Es un templo donde cada visitante se retira como un adorador, impactado a la fuerza con la muestra de riquezas de la República.
París, 19 de mayo de 1889, publicada el 23 de junio
Los colores del interior
Nuevamente Simonnet, en su séptima carta:
Subamos los doce escalones que ocupan la mitad del ancho de la fachada de 80 metros y entremos al interior. Allí, la estructura metálica aparece en su imponente sencillez. El metal no está enmascarado por ningún mosaico; son los pilares del centro en hierro calado cuyos contornos se aprecian, cuyos bulones se distinguen, únicamente revestidos con una capa de pintura alternando blanco y azul.
…
En cuanto a las paredes, su parte superior está revestida con telas de color gris plata sobre las que destacan muy artísticamente agrupadas las pieles de tigre, puma, zorro, gato montés, cisne, zorrino, etc., así como una boa de respetables dimensiones.
Carlos Girola y Enrique Nelson eran dos de los jóvenes egresados del Instituto Agrícola Santa Catalina, la primera escuela de agronomía del país, inicialmente en Llavallol, provincia de Buenos Aires. Realizaron trabajos de investigación por el interior del país cuando se planeaba la exposición, y fueron luego invitados a formar parte del equipo que organizaba la disposición de los productos expuestos en París e investigaba diversos temas. En sendas cartas a Eduardo Olivera, considerado el primer ingeniero agrónomo argentino (educado en Francia), presidente de la comisión directiva porteña y creador de ese instituto en 1872, se explayaron sobre los colores elegidos para el interior del Pabellón:
Hubiera merecido aún más la apreciación de los argentinos si se hubiera procedido con más conocimientos en la elección de las pinturas y algunos otros detalles. Así en el salón del piso bajo dominan el amarillo y el verde los que representan la bandera brasilera – el salon del piso alto es al contrario mucho mejor adornado debido probablemente a las críticas que se hicieron antes de proceder a pintarlo, porque se temía que se escojerían los mismos colores del piso bajo, que eran antes rojo y verde, los que lo convertían en una verdadera bodega de buques. El exterior adornado con muchos vidrios (cabochons) rojos, verdes, azules, amarillos, blancos y no se que colores más, se resiente de falta de seriedad, es algo liviano pero el conjunto es agradable.
Carlos A. Girola a Eduardo Olivera, 26 de mayo de 1889
Entro a ocuparme primero del edificio. Allá en los tiempos en que nuestra Exposición era un hacinamiento disforme de cajones, fierros, tablas, piedras, etc., casi todos los argentinos que vi acercarse al entonces futuro pabellón no tuvieron más que palabras de protesta, esclamaciones de sentimiento, de lástima, desilusiones, en fin.
Enrique M. Nelson a Eduardo Olivera, 16 de agosto de 1889 (terminada el 20)
Por el aspecto general del esqueleto medianamente articulado, por su color y por otros diversos detalles, dedujeron lo que sería el todo una vez terminado, descubriéndolo muy inferior a aquella maravilla sin ejemplo que las descripciones de la prensa habían hecho crear en la imaginación de cada uno.
Qué reproches contra la disposición del piso bajo que encontró entera relación con la bodega de un barco de carga! Qué ataque a las pinturas! Qué crítica jocosa a los pavos reales!
No niego, señor Olivera, que había su verdad en esta bulla, pues efectivamente el ala inferior del edificio, en los costados adolece aun hoy de graves defectos; es demasiado baja, careciendo por completo de aberturas que permitan la circulación del aire.
No niego tampoco la justicia del ataque a los colores. Yo mismo fui incansable sostenedor de la abolición absoluta de determinados colores. Pero, cómo no ser así si en cualquier sentido la vista se estrellaba contra un fondo verde-oscuro, feo, y para complemento de fealdad, matizado con fajas blancas, coloradas y amarillas!! Qué hubiera dicho el pueblo francés, pueblo del gusto, al encontrarse con tan artística y bien inspirada combinación de colores?
Reconocido el éxito desgraciado que aguardaría a ese original retazo de arco-iris en caso de seguir mostrando sus chillones reflejos, se resolvió hacer desaparecer el rojo sangre pasandole por encima una mano de pintura dorada. Con esta modificacion, el aspecto ganó mucho aunque no lo bastante para vencer al que ofrecen las pinturas de la planta alta, mas clara y mas alegre. Por suerte, el repulsivo verde no había invadido allí y por tal motivo se pudieron adoptar los hermosos colores de nuestra bandera que se imponían desde un principio no solo por esta circunstancia, sino porque el azul se apropia mas al hierro, y hasta si se quiere, por ser ese color el preferido de toda al Exposición Universal. Ah! Pero mediada la manía de querer edificar el Pabellón sin semejantes, sin imitar, y para conseguirlo se eligió lo mejor, nada menos que el verde, amarillo y colorado!
Dos piezas
El Museo Histórico Cornelio de Saavedra conserva en su colección dos piezas cerámicas del Pabellón.
Una es el coronamiento de una las espigas (Inv. Nº MHS006183) que en número de doce decoraban la cresta de las fachadas. Debidas a la empresa Lœbnitz, una de las tres adjudicatarias en el rubro cerámicos, el museo conserva dos ejemplares, de un patriótico color celeste.



La otra es una de las grandes placas cerámicas que flanqueaban los medallones de Daniel Dupuis representando a las provincias argentinas, en el friso superior de los pilones esquineros. También debida a Lœbnitz (Inv. Nº MHS005833), el marco celeste rodea un motivo floral en tonos ocre.


En Buenos Aires
El contrato firmado por la empresa Juan Waldorp y Cía. en febrero de 1893 para el rearmado del pabellón frente a la plaza San Martín y su explotación como centro de exposiciones y esparcimiento, estipulaba que el aspecto del edificio fuera idéntico al que tenía en París.
Sabemos que no se cumplió el requisito, por lo menos en lo que hacía a las cúpulas, porque la mayoría de los vidrios que formaban las coberturas originales se encontraron rotos y fueron reemplazados por láminas de plomo.
No se dispone de los cahiers des charges para el rubro cerámicos, por lo que no queda claro si los pedidos originales de partes en París contemplaban las roturas que inevitablemente se producirían al desarmar y transportar el cargamento. Sin embargo, no parece que se lo hubiera previsto tampoco para las piezas de vidrio, cuyo cahier sí figura en el fondo de la exposición en el AGN, o no se explicita.
A diferencia de lo comentado en París, la prensa porteña no se detuvo en los colores de los componentes. Lo que no parece es que la estructura de hierro y los grupos escultóricos exteriores, ahora sí todos de bronce, estuvieran pintados de dorado.
No encontré una sola referencia en los diarios y revistas de la época, al color de la estructura de hierro. Sin embargo, parece haber cambiado a lo largo de los años. Las dos imágenes siguientes son detalles de fotos tomadas, la primera, poco después de la inauguración en abril de 1894, y la segunda, varios años después, cerca de 1900. Inicialmente, la estructura de hierro muestra un color oscuro, muy visible en las aristas de las columnas y también en el vértice del frontis triangular. Ese color es mucho más claro en la segunda.

Este color «oscuro» se ve también en una foto temprana de la fachada posterior, tomada desde la explanada:

Existe una temprana imagen del Pabellón en Buenos Aires que parece una fotografía en color. Es una PhotoChrom Print de la colección de la Library of Congress en Washington. Creadas por las empresas Photoglob de Zurich, Suiza, y la Detroit Publishing Company de Michigan, EEUU, las imágenes rica y arbitrariamente coloreadas son en realidad fotolitografías en tinta, de 17 x 23 cm.

Sería imprudente tomar como reales los colores que aparecen an las postales de la época. Sin embargo, el color original de los hierros parece haber sido un marrón oscuro. Notar la diferencia en las dos siguientes en la franja de baldosas que enmarcaban las loggias, y que sabemos eran celestes o parecían así de lejos, al tener un dibujo azul sobre fondo claro; en la primera, son anaranjadas.


Más adelante, el color de la estructura habría sido cambiado por un tono grisáceo.

Una fotografía de H. G. Olds fue utilizada por varios editores de postales. La serie da una idea de lo arbitrario de la selección de colores por parte de los iluminadores. La primera de las coloreadas, gentileza de Carlos Vertanessian.







Resumiendo, más incógnitas que certezas, sobre todo en los colores empleados en Buenos Aires. Si algún día se llegara a excavar el sitio en Palermo donde supuestamente se enterraron los restos del edificio, tal vez se encuentren piezas que ayuden a despejar algunas de estas dudas.
Fuentes
- Archivo General de la Nación, Buenos Aires. Fondo de la Exposición de París, Documentos Escritos, Sala VII, Legajos 3586 y 3753, y Departamento de Documentos Fotográficos
- Library of Congress, Prints and Photographs Division, Washington, D.C., EEUU
- Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires – Fondo Eduardo Schiaffino
- Museo Histórico Cornelio de Saavedra, Buenos Aires
- El Sud-Americano, Buenos Aires, año I, Nº 21, 20 de mayo de 1889
- Le Courrier de la Plata, Buenos Aires, vingt-quatrième année, Nº 10.110, mercredi 26 Juin 1889
- The Standard, Buenos Aires, 8, 20 y 23 de junio de 1889, Biblioteca Max von Buch, Universidad de San Andrés, Buenos Aires
Bibliografía
- Alcorta, Santiago (ed.), La República Argentina en la Exposición Universal de París de 1889 – Colección de Informes Reunidos, París, P. Mouillot, 1890
- Brincourt, Maurice, L’Exposition Universelle de 1889, Paris, Firmin-Didiot, 1890
- Dumas, François Guillaume y Louis de Fourcaud, Revista de la Exposición Universal de París en 1889, Barcelona, Montaner y Simón, 1889, p. 513
- Martí, José, «La Exposición de París» en La Edad de Oro, vol. I, Nº3, New York, septiembre 1889
- Rousselet, Louis, L’Exposition Universelle de 1889, Paris, Hachette, 1890
- ______ Reports of artisans selected by the Mansion House Committee to visit the Paris Universal Exhibition, 1889, London, C. F. Roworth, 1889
Querido Alejandro, una investigación interesantísima sobre los colores originales del pabellón con un final que deja el gran anhelo de poder saber alguna vez si dichos restos se encuentran aún enterrados en el sitio sospechado. Gracias por seguir investigando y compartir con tus seguidores. Gabriel
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Gracias Gabriel!
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Hola Alejandro, gracias por este blog. Hoy fui al Museo Saavedra y solo está expuesta la pieza coronamiento de las espigas, deun brillante color turquesa, ¡bellísima! Pregunté por la placa cerámica y nadie supo darme respuesta 😦
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Hola Alejandro, gracias por este blog. Hoy fui al Museo Saavedra y solo está expuesta la pieza coronamiento de las espigas, deun brillante color turquesa, ¡bellísima! Pregunté por la placa cerámica y nadie supo darme respuesta 😦
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De nada, Marcela. El Nº de inventario de la placa cerámica es MHS005833, como puse en el blog, deberían poder identificarla con ese dato.
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Siendo que la última modificación de todas las cúpulas fue con láminas metálicas de una textura escamada, tal vez de cobre, podemos asumir que el color final fue un verde cobre (como la del Congreso)?
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Sí, pero sin ninguna evidencia documental… tal vez algún día encuentre una referencia.
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