Roulleau: La bienvenida

Roulleau: La bienvenida

Lo primero que veía el visitante al ingresar al Pabellón Argentino en París era una gran escultura blanca. Aparece en un grabado publicado en La Revue Illustrée du Rio de la Plata el 11 de septiembre de 1889, donde se destaca ante la escalera que ascendía al primer piso y el gran vitral de Toché. A la izquierda, la cámara frigorífica de la empresa Sansisena, a través de cuyos ojos de buey los visitantes podían admirar reses congeladas, y justo detrás, el gran mapa en relieve de la república debido a Ludwig Brackebusch, geólogo alemán de extensa trayectoria en la provincia de Córdoba.

La describe el periódico Le Courrier de la Plata, en su edición del 26 de junio de 1889:

Inmediatamente después de la entrada un bello grupo en yeso, cuyo personaje principal es una soberbia República Argentina protegiendo mediante la Paz y la Ley a un indígena puesto bajo su amparo y confiando en su palabra.

El Livre d’or de l’exposition, guía de la misma, aporta otra visión:

La escultura también fue invitada a la decoración interior del Palacio, y ni bien al entrar uno se encuentra en presencia de un bonito grupo del Sr. Roulleau. Este grupo representa a la República Argentina, bajo la apariencia de una mujer joven con una sonrisa de bienvenida, un gesto hospitalario, que invita a los visitantes a ingresar. Dos leones heráldicos, que se apoyan en la joven, dan un poco de majestad a esta familiar invitación. Detrás, la figura de una (sic) indígena agazapada simboliza la América primitiva, la que a su vez desarrolló las riquezas que nos mostrará la joven raza latinoamericana.

La composición del grupo era elaborada. Existen varias fotografías desde distintos ángulos, pero la mayoría están o sobreexpuestas, lo que no permite definir detalles, o son borrosas. La figura femenina, vestida con un peplo y tal vez un gorro frigio, da la bienvenida con su brazo derecho extendido; los rugientes “leones heráldicos”, rara elección para representar la paz y la ley. Bajo la cabeza del de la derecha se lee LABOR (trabajo en latín), lo que agrega dudas. Detrás de la figura femenina, el indígena, claramente un varón, sentado en el suelo y cabizbajo, más que protegido parece sometido. Del lado izquierdo se ve la figura de un niño que mira hacia arriba y parece sostener un escudo y una gruesa vara.

AGN Documentos Fotográficos – detalles de Inv. Nº 215400 (centro) y 21602 (derecha) – Ensamble cortesía de Gabriel de Meurville

El escultor era Jules-Pierre Roulleau. Una carta del 4 de agosto de 1889 de Santiago Alcorta, delegado de la Comisión de la Exposición en París a Enrique Olivera, presidente de la misma en Buenos Aires, revela la complicada génesis de esta pieza. Eugenio Cambacérès, antecesor de Alcorta, le había indicado a Roulleau que ésta admitiría y quizás compraría una estatua representando a la República Argentina recibiendo al que arriba a sus playas. La obra fue ejecutada y llevada al Pabellón cuando este efectuó su apertura. Posteriormente y ya fallecido Cambacérès, el escultor se presentó reclamando el importe de su obra, valuada en 14.000 francos. Varios miembros de la comisión consideraban que se había contraído un compromiso moral con el artista. En tales condiciones y pese a que no existía un contrato escrito, la comisión creyó que era una cuestión judicial enojosa en ciernes y entendió que debía arreglarla dentro de los límites de la equidad. En consecuencia y después de varias entrevistas con el autor de la estatua se arregló ese asunto definitivamente, abonándole la suma de 6.500 francos. Esto explica también por qué en los listados que preparó Alcorta de las sumas pagadas para la construcción del Pabellón, la de Roulleau no aparece con las de todos los otros artistas en el primero sino en el segundo, entre un pago por un fardo de lana y otro por embalsamar aves.

No se dispone de otra documentación con la descripción del trabajo, por lo que Roulleau se habría basado en una descripción verbal de lo que imaginaba Cambacérès. Estando todavía fresco el recuerdo de la Campaña del Desierto finalizada pocos años antes, cabe pensar que existiera una intención propagan-dística.

Continúa Alcorta en su carta:

La estatua hecha por el señor Roulau (sic), sin ser una obra eminente, es una obra de arte que puede reputarse buena. Sería conveniente ofrecerla a la Municipalidad para colocarla en algún paseo público. La entrada del muelle de pasajeros sería, a mi juicio, el puesto señalado para la colocación de esa estatua. Su fundición en bronce no excedería de la suma de 12.500 francos y el ornato público de la Capital se vería enriquecido con una obra de arte.

Se la menciona tiempo después en otra carta de Alcorta a Olivera, del 12 de diciembre de 1889:

Según un telegrama de ese Intendente, la Municipalidad debe haber aceptado la estatua de la República, cuyo modelo en yeso esta comisión pidió V. que le ofreciera.  Me ocupo de pedir precios aquí para fundirla en bronce y en Italia para hacerla en mármol, para sometérselos al Sr. Seeber.

A mediados de enero de 1890 Alcorta recibió la orden de dirigirse exclusiva- mente al intendente Seeber para todo lo referido al Pabellón, por lo que no sorprende que no surjan otras referencias en el legajo de la comisión porteña. Tal vez la correspondencia se encuentre en archivos municipales, pero conociendo la difícil situación económica del país se entiende que la estatua no fuera ni fundida en bronce ni esculpida en mármol: a Buenos Aires se envió el yeso.

Al reconstruir el Pabellón frente a la plaza San Martín, no tenía sentido ubicarla en su posición original y se la colocó en el parque, a mitad de camino entre la fachada noroeste del edificio y el restaurant diseñado por Carlo Morra, que cerraba el predio sobre Maipú.

El reconstruido Pabellón se inauguró en abril de 1894. Agradezco a Cristina Corsini señalar una licitación de la Municipalidad, fechada el 2 de septiembre de ese año y publicada en el Boletín Oficial, para el vaciado en bronce de la escultura, algo que obviamente no se realizó.

Allí estuvo hasta mediados de 1910, como muestra una foto tomada durante la construcción del pabellón Lavigne, que alojaría la Exposición Internacional de Arte del Centenario.

AGN Departamento Documentos Fotográficos – Inventario Nº 21602

Pero en otra descubierta por Marcelo Caradonna, tomada desde un lugar similar y poco después ya que el Lavigne está terminado, la escultura había sido reemplazada – notar los diferentes tamaño, formas y pedestal. Era probablemente una de las expuestas en la muestra, que aún no se ha logrado identificar.

Trask, John E. D., The United States Section – International Fine Arts Expositions at Buenos Aires and Santiago

El yeso de Roulleau no volvió a su lugar y se desconoce su destino; años a la intemperie deben haberlo afectado seriamente. Al terminar la exposición, en su lugar se instaló el Velázquez de Mariano Benlliure y Gil, otra de las obras expuestas, adquirida por el gobierno nacional. Permaneció allí hasta la demolición del Pabellón en 1933 y hoy se encuentra en el Museo de Calcos Ernesto de la Cárcova, en Costanera Sur.

El artista: Jules-Pierre Roulleau

Su entrada en el diccionario de Gustave Vapereau, de 1895, detalla su trayectoria y obra:

ROULLEAU (Jules-Pierre), escultor francés, nacido en Libourne (Gironda) el 16 de octubre de 1855, primero hizo escultura industrial, llegó a París a la edad de veinte años, ingresó en la Ecole des Beaux-Arts, fue alumno de Jules Cavelier y Louis-Ernest Barrias y ganó el segundo Gran Premio de Roma en 1880. Había debutado en el Salon en 1878, enviando un retrato/busto y un medallón de bronce, y exhibió desde entonces un gran número de bustos y algunos temas importantes, en particular : Un muchacho, medallón de yeso (1879); Lazare Carnot, estatua destinada, por suscripción nacional, a la ciudad de Nolay (Côte-d’Or); Hebe, estatuilla de bronce (1882); Leda, grupo de yeso (1884); Dr. G. Nivert, estatuilla de bronce (1885); Paul Fouquiau y Paul Pujol (1880); El violinista Hermann, medallón (1887); Léon Gambetta, estatuilla de bronce (1888); Leda y el cisne, grupo de mármol (1890); Jules Roche, ministro de Comercio, busto de mármol (1891); Juana de Arco, grupo de yeso (1892); Buvet-Ladubey, busto de mármol (1894), sin contar los retratos-bustos con sólo iniciales. Roulleau, que colaboró ​​en el monumento de la Defensa de París y el de la Defensa de Saint-Quentin, también produjo la tumba de la princesa Zoé Bibesco, el busto de Théodore de Banville, en el jardín de Luxemburgo, y una estatua ecuestre de Juana de Arco para la ciudad de Chinon en 1893 (clara fuente de inspiración del monumento al Quijote de Aurelio Teno, en la avenida 9 de Julio).

Obtuvo una segunda medalla en el Salón de 1882, una medalla de plata en la Exposición Universal de 1889 y fue condecorado con la Legión de Honor en 1890. Murió en París el 30 de marzo de 1895; se le había encargado hacer, para la ciudad de Nolay (Côte-d’Or), un grupo que representara a Sadi Carnot, cayendo en los brazos de Francia; este trabajo estaba casi terminado y fue completado por Alexandre Falguière, pero fue destruido en la segunda guerra mundial.

Ningún autor francés o europeo menciona que Roulleau realizó en 1889 el gran grupo en mármol con el busto de Diego de Alvear, para el interior de su mausoleo en el cementerio de la Recoleta en Buenos Aires.

Imágenes © @luispicarellifoto «Luis Picarelli Fotografía»

Como señalan Pablo Chiesa y Adolfo Brodaric, es muy probable que su viuda Teodelina Fernández Coronel de Alvear haya encargado la obra en París durante una visita para asistir a la Exposición Universal, porque su marido había fallecido en 1887, el sepulcro fue diseñado por Albert Ballu, arquitecto del Pabellón Argentino; decorado con esculturas exteriores de Jean Hugues, quien realizara el gran bronce de la fachada del Pabellón, hoy en las Escuelas Raggio, y construido por la empresa de albañilería Riffaud, también involucrada en el Pabellón.

Fuentes

  • Archivo General de la Nación, Buenos Aires. Fondo de la Exposición de París, Documentos Escritos, Sala VII, Legajo 3586, y Departamento de Documentos Fotográficos
  • Alcorta, Santiago – La República Argentina en la Exposición Universal de París de 1889 – Colección de Informes Reunidos, París, P. Mouillot, 1890, vol. 1, p. 56 & 57
  • Chiesa, Pablo y Adolfo Brodaric, “Pabellón Argentino: por amor al arte” en Buenos Aires Ausente, Revista Lugares, Edición Especial, Buenos Aires, La Nación, 2019
  • Huard, Charles-Lucien (ed.), 1889 – Livre d’or de l’exposition, L. Boulanger, Paris, 1889
  • Trask, John E. D., The United States Section – International Fine Art Expositions at Buenos Aires and at Santiago, Lippincott, Philadelphia, [1911]
  • Vapereau, Gustave – Dictionnaire universel des contemporains, supplément à la sixième édition, Paris, Hachette, 1895
  • Revue Illustrée du Rio de la Plata, Première année, Nº 1, Paris, septembre 1889, p. 13
  • Le Courrier de la Plata, Vingt-quatrième année, Nº 10.110, Buenos Aires, mercredi 26 juin 1889
  • Boletín Oficial de la República Argentina, Año II, Nº 349, 7 de septiembre de 1894, p. 1572
  • Roulleau, Jules Pierre, en Wikiphidias – L’Encyclopédie des sculpteurs français, http://www.wikiphidias.fr/
  • Jules Roulleau, Monument à Jeanne d’Arc (1893, détail), Chinon. Scooper -Travail personnel, Domaine public, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2476318
  • Aurelio Teno, Monumento al Quijote, https://turismo.buenosaires.gob.ar/es/atractivo/monumento-al-quijote

4 comentarios sobre “Roulleau: La bienvenida

  1. Querido Alejandro,
    Impecable como ya nos tenés acostumbrados en este tan interesante blog. Te agradezco que me hayas mencionado (no era necesario).
    Quedo ansioso va la espera de tú próximo artículo sobre nuestro querido Pabellón y sus historias.

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