1888-1889: Construcción y Exposición Universal
Índice
Comienzo de la obra y selección del proveedor de la estructura de hierro
Habiendo recibido el terreno adjudicado por la dirección de la Exposición, en junio de 1888 el arquitecto Ballu dió comienzo a los trabajos para el basamento del edificio. En la sesión de la comisión parisina del 281, informó que habiendo creído que sería necesario excavar hasta 15 metros de profundidad para asentar los cimientos, luego de sondear habían determinado que 4 a 6 metros serían suficientes, lo que implicaba una gran economía – el costo de la primera opción habría sido de 120.000 francos.
Ricardo Lezica, presidente de la comisión en reemplazo de Eugenio Cambacérès, quién se había retirado temporariamente a Trieste por problemas de salud, continuó leyendo la carta que le había dirigido Ballu el 20 de ese mes, indicando los nombres de las empresas invitadas a cotizar para la estructura metálica del edificio, el rubro de mayor peso en el presupuesto. Eran las firmas Eiffel, Fives-Lille, Le Creusot, Roussel, Jolly & Cie., Forges de Franche-Comté, Joret & Cie., Moisant, Cail, Robillard, Moreau frères, y Marc Taillandier. Ballu presentó respuestas de los cinco primeros y de Schneider & Cie. (que no aparecía en la lista inicial), manifestando no poder cotizar por diversas razones – excesiva carga de trabajo, no llegar a tiempo, etc. Lezica sugirió formar una subcomisión para estudiar las propuestas; fueron designados los arquitectos Pedro Christophersen y Norbert Maillart2, y Paul Matthey y Ballu.
En la reunión del 30 de junio3, la subcomisión presentó las cotizaciones de los siete proveedores restantes, expresadas en francos por 100 Kgr.; el tonelaje estimado, y el costo total.

Ballu señaló que las empresas Joret & Cie. y Moisant habían ofertado los precios más bajos (45 y 42 francos por Kg.), pero que diferían mucho en el tonelaje (630 vs. 500), porque a Joret se le había pedido una cifra de máxima, y Moisant había cotizado una de mínima. Lezica sugirió se le preguntara a Joret si podía revisar sus datos, y quedó en contestar el siguiente martes. Se decidió esperar su respuesta. No hay explicación de la falta de datos para la séptima cotización, cuyo precio unitario, 49,50 francos, era el tercero más bajo.
La subcomisión solicitó a Ballu preparar un pliego de condiciones detallado para evitar cualquier problema con el empresario. Cabirau lo examinaría y se le entregaría a Moisant el 5.
El acta de la siguiente reunión de la comisión, el 3 de julio4, indica que se presentó Rafael Igarzábal, que había renunciado a su puesto de vice presidente segundo de la comisión porteña para representarla en la comisión de París, y de inmediato se incorporó a la subcomisión, en reemplazo de Maillart, llamado de urgencia a Buenos Aires.
Joret redujo su estimado en 50 toneladas, dando un detalle – 430 de hierros y 150 de fundición, agregando que el peso habría sido menor salvo el requerimiento de que el edificio pudiera desmontarse. También estimaba que podría reducirse ese peso:
Los estudios detallados de ejecución probablemente nos permitirán evitar alcanzar este peso, especialmente en el caso de las piezas de hierro fundido, que son principalmente decorativas y cuyo peso depende de la extensión de las proyecciones o del desarrollo de las molduras. Hemos especificado la composición de estas piezas de hierro fundido para que pueda evaluar si hemos interpretado correctamente los planos que amablemente nos confió y que le enviamos junto con esta carta.
Confirmamos la oferta en nuestra carta del 27 de junio, fijando el precio medio de esta construcción en cuarenta y cinco francos por cien kilogramos, precio que no podemos reducir. Esperamos que la Comisión de la República Argentina nos confíe esta obra, a la que con gusto dedicaremos toda nuestra atención bajo su dirección. Atentamente, etc.
Ballu presentó a continuación una carta del otro proveedor, Moisant:
Respecto a nuestra carta del 28 de junio, tenemos el honor de informarle que, en caso de ser aceptadas nuestras propuestas, nos comprometemos a no exceder el peso total de 480.000 kilogramos de hierro y fundición utilizado en la construcción principal del pabellón de la República Argentina en la Exposición de 1889, de modo que el gasto total sería de 480.000 kilogramos a 42 francos los cien kilogramos, o sea frs. 201.600. Atentamente, etc.
No hay más información en la documentación disponible sobre lo sucedido después, ni por qué, siendo el presupuesto de Moisant más bajo, fue elegida Joret. Lo otro que no queda claro es por qué Ballu la denomina así, cuando para 1888 la firma ya era Société des ponts et travaux en fer, como aparece en toda la documentación posterior. Había cambiado de nombre cuando fue adquirida en 1882; su fundador, Henri Joret, falleció en 1883.
Tanto Joret como Ballu habían tenido amplio desempeño profesional en Argelia y sin duda se conocían, lo que puede haber influido en la selección final. Otro dato relevante es que las oficinas de esa empresa en París estaban en la misma cuadra de la rue Taitbout que las de la comisión argentina.
Otros proveedores
El ingeniero Henri Cabirau, secretario de la comisión de París, escribió el 4 de agosto de 1888 a Antonino Cambacérès, presidente de la de Buenos Aires, informando cuáles habían sido las empresas seleccionadas en los distintos rubros requeridos para la construcción del pabellón. El extenso documento, de más de cuarenta páginas, incluía para cada especialidad copias del pedido de presupuesto y las ofertas de las empresas convocadas a la licitación, las que según Cabirau eran «casas de 1er orden.» Se les había requerido cotizar à forfait (a precio fijo), para evitar incrementos posteriores.
Fueron seleccionadas, para los siguientes rubros:
Carpintería y estructura de madera: Drouard
Vidriería: Néret
Vitrales artísticos: Eugène Oudinot
Escultura ornamental: Bouet & Cie.
Cobertura y plomería: Piollet, Marie & Leguerrier
Finalmente, Cabirau informa que los trabajos en el pabellón se habían detenido por la grève des terrassiers – huelga de los excavadores o peones de obra, una de las tantas que afectaron la construcción de los edificios de la exposición.
En noviembre se eligieron otros proveedores: el 6, Thiébaut, fundición en bronce; el 18, Achille y Louis Parvillée, para siete de los rubros de cerámicos, en lozas y porcelanas; el 20, Henri Müller, para otros ocho, en gres, y el 27, J. Lœbnitz, para los restantes trece, en terracotas. El 10 de diciembre, Jean Dominique Facchina, mosaicos artísticos.
Entre fines de diciembre de 1888 y mediados de febrero de 1889, se seleccionaron las restantes empresas: Préaubert, para las telas de revestimiento (20/12); Durenne, herrería de arte, (24/1); Pillet et Schmidt, andamios (6/2); Drouard, amueblamiento, y Cornet, pintura y dorados (16/2).
Los artistas
Para la decoración del edificio, la comisión contrató artistas franceses de renombre. Los escultores fueron Jean Hughes para el grupo de la fachada principal; Louis-Ernest Barrias, los que coronaban los pilones esquineros, y Charles Gauthier, Camille Lefèvre, Jean Turcan y Édouard Pépin, las figuras de las pechinas del interior de la cúpula principal. Jean-Baptiste Daniel Dupuis realizó los medallones del friso de los pilones, representando las provincias argentinas, y el diseño de la medalla conmemorativa, y Jules-Pierre Roulleau creó el gran yeso ubicado en el hall de entrada, dando la bienvenida a los visitantes en París.
Ocho pintores fueron los autores, dos cada uno, de los dieciséis grandes paneles que decoraban los interiores de los recintos bajo los cupulines: Albert Besnard, Fernand Cormon, Henri Gervex, Hector Leroux, Jules Lefebvre, Luc-Olivier Merson, Tony Robert-Fleury y Gaston Saintpierre. Otros tres realizaron los más pequeños que cubrían los huecos de las cabriadas en el primer piso: Félix-Joseph Barrias (hermano mayor del escultor), Benoît Chancel y Louis-Stanislas Faivre-Duffer.
Los cartones para los mosaicos que decoraban la fachada principal, nuevamente Félix-Joseph Barrias, y Alfred Roll. Henri Toussaint, los dieciséis retratos de próceres, con marcos decorativos de Charles Lameire, que adornaban el interior del tambor de la cúpula principal. Charles Toché diseñó el cartón para el vitral de la fachada trasera. Finalmente, Ernest Ange Duez, Frédéric Montenard y Alfred Paris, los grandes óleos enmarcados, colgados en las paredes del primer piso.
Estas obras costaron 134.050 francos; hoy se conservan los bronces de Hugues y Barrias (uno, salvajemente vandalizado); de los dieciséis paneles, ocho de los cuales ya se habían perdido en el cruce del Atlántico, solo queda La pintura, de Leroux, en depósito en el Bellas Artes, y de los óleos enmarcados, los de Montenard y Paris (expuesto en el Museo Histórico Nacional), porque los de Duez tampoco llegaron a Buenos Aires.
Presupuestos y discusión del costo
Para el 22 de agosto se habían reiniciado los trabajos, y Cabirau solicitó se definieran los requerimientos de fuerza motriz de los industriales que participarían en la muestra. Los Srs. Sansinena, que instalarían un frigorífico para exhibir carnes congeladas, precisaban 75 CV.
El 10 de septiembre, la Ley Nº 2.314 autorizaba al Poder Ejecutivo invertir hasta 640.000 pesos (algo más de tres millones de francos) en la continuación de los trabajos para la concurrencia de la república a la exposición.
Eugenio Cambacérès estaba de regreso en París el 19 de septiembre, cuando envió una larga carta a su hermano informando que la dirección de la exposición había decidido iluminar todos los jardines del predio con luz eléctrica, y que como el pabellón argentino estaba en el medio de esos jardines, «la administración nos vería con sumo placer adoptar ese sistema de alumbrado, permitiendo así el acceso a nuestro pabellón mismo de noche.» Extraño comentario, porque el diseño de Ballu ya preveía lamparillas eléctricas bajo los cabujones de vidrio de colores que decoraban todo el exterior del edificio. Don Eugenio ofrece dos opciones – alquilar los equipos, o adquirirlos y llevarlos a Buenos Aires. Acusó además recibo de su carta del 24 de agosto, en la que, entre otras cosas, se le anunciaba que le remitía los uniformes militares, de policías y bomberos, y armas que pensaba presentar en el pabellón, y dos esculturas realizadas por el italiano Víctor de Pol5, representando un indio y un cacique, provenientes del museo de La Plata.
En su siguiente carta, del 20 de octubre, Cambacérès hace la primera mención de que la suma de 350.000 francos inicialmente fijada en el concurso de diseño era «de todo punto insuficiente para costear los gastos de una instalación que se hallase en relación con la importancia de la República Argentina y respondiese al decoro y la dignidad nacionales. Se trató pues de dar al pabellón un carácter de riqueza que exigía, como es natural, erogaciones mucho mayores y es precisamente a la realización de este fin que se han afectado las cantidades que figuran como exceso del presupuesto primitivo.» Agregó que hubo que excavar a mayor profundidad de la estimada para los cimientos, lo que insumió 70.000 francos, y que toda la estatuaria, vitrales y pinturas decorativas interiores habían sido encomendados a los artistas más acreditados de Francia. Otro factor había sido las importantes inversiones hechas por otros países latinoamericanos en sus pabellones, y que la Argentina «no podía concurrir en condiciones desfavorables al gran Torneo de 1889.» Y un comentario profético: «Puedo, en una palabra, asegurar al señor Presidente que el Pabellón Argentino por sí mismo y prescindiendo del interés que ofrezcan los objetos expuestos, será digno de ser visitado en todas sus partes y que una vez en Buenos Ayres figurará como un verdadero museo de Bellas Artes dado el mérito intrínseco de su ornamentación artística.»
El 22 de noviembre envió un presupuesto estimado para la construcción, detallado por rubro, que totalizaba 1.200.000 francos, al que se agregaban otros 85.000 de gastos varios.
Pocos días después, el 27, fallecía repentinamente Antonino Cambacérès en su establecimiento en Glew, provincia de Buenos Aires. Tenía 55 años. La noticia aparece en el Libro de Actas de la comisión porteña, al día siguiente6. Sorprende que su hermano Eugenio le escriba el 5 de diciembre, aparentemente ignorando aún lo sucedido. En su reemplazo, para la presidencia de la comisión porteña se nombró a Eduardo Olivera7.
Pese a que la carta con el presupuesto fue contestada el 5 de diciembre, según la anotación agregada, no se la menciona hasta la sesión del 19 de ese mes8, en la que Olivera asumió la presidencia. En la del siguiente 269, Olivera, alarmado por la magnitud del costo total del Pabellón consideró conveniente fijar un límite, y después de una larga discusión con León Walls, el tesorero, Julio Victorica, comisario general, y Enrique Stein, se decidió enviar un telegrama al delegado en París: «Comisión limita gasto máximo completa instalación Pabellón, incluso luz, un millón de francos». Era la cifra estimada por Roca en 1887.
En la siguiente sesión, el 2 de enero, Olivera dijo que no se había enviado el telegrama porque consideró conveniente consultar con la comisión para darle otra forma «que no pudiera dar lugar a resentimiento de parte del Sr. Delegado en París.»10 Siguió un largo debate en el que se sumaron otros miembros – Mauricio Mayer, Estanislao Zeballos, Adolfo Dávila y Guillermo White, del que surgió el nuevo texto: «Comisión hállase imposibilitada autorizar gasto mayor un millón francos, inclusive luz eléctrica.»
Sorprende que don Eugenio respondiera por carta, y no por cable, el 3 de enero, acusando recibo del telegrama:
Dadas por una parte, las facultades de la Comisión que presido para disponer en su esfera de acción todo lo relativo a la construcción del Pabellón Argentino en la próxima Exposición Universal, facultades no limitadas hasta ahora de parte de esa Comisión; y por otra, el cálculo que a la fecha debe existir en su poder de las sumas comprometidas y erogaciones previstas con tal objeto no puedo menos que manifestar al Sr Presidente la viva estrañeza que el tenor del referido telegrama me ha causado.
Espero sin embargo la correspondencia por carta que el Sr Presidente se sirve anunciarme para llegar a darme exacta cuenta de las razones que han podido pesar en el ánimo de la Comisión de Buenos Aires al dirigirme el despacho antes mencionado y del cual parece desprenderse una censura indirecta que no aceptaría desde luego reputándola de todo punto infundada a los procederes observados por esta Comisión.
La carta tiene una anotación indicando que fue contestada el 1º de febrero, pero no se conserva esa respuesta. En la sesión del 29 de enero11 se leyó otra carta de Cambacérès del 3 de enero que acompañaba un nuevo presupuesto por un millón de francos, pero que excluía el amueblamiento y la luz eléctrica, y un detalle de las cuentas de la comisión de París hasta el fin de diciembre. Se las pasó a examen de la comisión respectiva, quedando a juicio de Olivera indicar la oportunidad y forma en que había de contestarse.
El 20 de enero, don Eugenio agradeció por carta el telegrama de Olivera del 12 en el que le anunciaba su nombramiento como delegado oficial para la exposición. Agregó que planeaban ahorros, haciendo en yeso piezas que originalmente se pensaron en bronce, y simplificando en lo posible otras obras de ornamentación. También había decidido alquilar el servicio de luz por 50.000 francos, porque de comprar los equipos, habrían quedado demasiado dañados por el uso y habría que hacerlos reparar, con costos adicionales. No volvieron a surgir diferencias de opinión respecto al costo del Pabellón.
Mientras tanto, crecía la expectativa y el interés en Buenos Aires, reflejados en un irónico comentario del corresponsal de The Standard en París12: «Buenas noticias para los argentinos que vengan a la Exposición el año próximo: hay 48.000 departamentos en alquiler; de ellos, 3.000 son pequeños; los restantes, palaciegos, son, por supuesto, los únicos que convendrían a sus dignos ciudadanos.»
Primeras imágenes del proyecto
Retrocedemos al 20 de julio de 1888. Don Eugenio estaba de vuelta en París y entre otros asuntos, informaba a su hermano que el 30 le enviaría 4.500 vistas perspectivas del pabellón, «que facilitarán hacer mayor propaganda entre los expositores argentinos.»
El Libro de Actas de la comisión porteña menciona, en la del 8 de agosto de 188813, como décimo item de los asuntos entrados «una nota del Secretario del Delegado en París, Señor Cabirau, remitiendo un plano de la Exposición y una lámina de la fachada (Pabellón Argentino) y dando cuenta del estado de los trabajos.»
Sorprende, dado el número de copias enviado, que no se haya conservado una en el archivo de la comisión porteña, por lo que se desconoce su autor y tamaño. Es posible que fuera la siguiente, con varios detalles que la identifican como una versión temprana: los grupos escultóricos son bocetos muy diferentes a los finales; aparece una bandera coronando la cúpula principal, cuando finalmente sería un sol dorado; se ve un balcón techado en el lateral, que no se realizó, y los mosaicos decorando la fachada principal tienen el borde inferior plano en vez de curvo.

En lo que parece el borrador de una carta desde Buenos Aires a Eugenio Cambacérès, fechada octubre de 188814, se menciona que se habían distribuido el plano y la vista del pabellón que había enviado. «No solo han contribuido a estimular la concurrencia de nuevos expositores sino que todos han reconocido el buen gusto que ha presidido la adopción del plano, sin que una sola voz se haya hecho sentir para censurarlo – por lo que reitero a ustedes las felicitaciones de esta Comisión.» Tampoco se conserva ese plano en este archivo, pero era probablemente el siguiente, reproducido en Le Génie Civil en ese mismo mes; fue el modelo para la perspectiva.

En una carta posterior15, don Eugenio acusa recibo de los elogios y aclara que la perspectiva había sido «hecha directamente sobre imagen muy imperfecta del arquitecto. Los colores son mucho más armoniosos y el diseño no puede ofrecer la riqueza de decoración con vidrios, loza, mosaicos etc. de la fachada que será muy apreciada. Para fijar sus ideas a este respecto, le remito bajo este pliego una de las vistas en perspectiva con algunas anotaciones.» Una nota al margen indica que no se la recibió.
El 2 de diciembre, Le Moniteur de l’Exposition16 anunciaba que se estaban instalando las primeras piezas de hierro de la estructura del edificio. El 20 de ese mes Eugenio anunciaba que el 25 enviaba una fotografía17 del Pabellón en construcción, tomada el 1º de ese mes, con una aclaración:
A juzgar por lo que la fotografía representa, podría esa Comisión abrigar la idea de que la obra no marcha con la rapidez que sería de desear. Esto no es así sin embargo, pues está ya concluida la totalidad de la construcción en fierro, faltando solo el montaje en el Campo de Marte, montaje que a su vez, en dos meses más (es decir el 31 de Enero) habrá sido terminado por completo.
Más allá de lo que parece un error, ya que dos meses más sería a fines de febrero y no de enero, es la primera mención de una fotografía de la obra. Cabe suponer que es la siguiente:

No voy a repetir las imágenes que muestran el progreso de los trabajos, ya publicadas en la nota Cerámicos y en la sección En construcción de Imágenes.
El comisario general y su equipo

Julio Victorica Vivanco (no confundir con su sobrino nieto Julio Victorica Roca), nacido en Buenos Aires en 1844, era el director del Departamento de Agricultura en octubre de 1886, cuando se incorporó a la comisión directiva porteña como comisario general18. En la sesión del 2 de enero de 1889, se pasó a discutir quienes debían integrar el equipo, liderado por Victorica, que viajaría a París para la instalación en el pabellón de los productos a exponer y para administrarlo. Propuso a Carlos Gallardo, encargado de los depósitos de Palermo donde se recibían los productos enviados por los expositores de todo el país; habiendo hecho el registro de todo lo recibido y dirigido su embalaje, lo consideraba el más apropiado para realizar la instalación en París. También al prosecretario de la comisión, Eduardo Caamaño, calificado por su desempeño para el rol de secretario de la Comisaría General, para la reunión de datos necesarios para la memoria que debía presentarse al final de la muestra y encargarse de todo lo concerniente a publicaciones, folletos, etc., mientras la exposición estuviera abierta. Como auxiliares, agregó a los jóvenes ingenieros agrónomos, egresados del Instituto Santa Catalina, Pedro Pagés y Carlos Girola, quienes ya habían realizado tareas para la comisión. El Dr. Zeballos consideró que lo de las publicaciones era demasiada carga de trabajo para Caamaño y sugirió, para ello, a Enrique Ortega, periodista español que había sido subdirector de La Prensa en Buenos Aires, como auxiliar de secretaría. Se definieron luego los sueldos que cada uno recibiría19. Durante enero y febrero se fueron agregando sucesivamente como auxiliares del comisario a Alfredo Tello, ingeniero de minas, y Gustavo Niederlein, naturalista (muy objetado por Walls y Stein)20; Carlos Lix-Klett, de la Sala del Once de Septiembre21; Enrique Nelson, otro ingeniero agrónomo22; y finalmente, Jorge Frank, ex-traductor del ministerio de RREE, porque ninguno de los demás hablaba francés23. En la sesión del 30 de enero24, por moción de Victorica se modificaron las designaciones de los empleados que iban a París: Caamaño sería secretario del comisario general, y todos los demás, auxiliares de dicho comisario y sujetos en un todo a lo dispuesto en las instrucciones aprobadas el día anterior (no se conservaron). Victorica se embarcó el 5 de febrero en el vapor Perseo25, y los demás, poco después.
El 12 de enero, La Prensa anunciaba que como a Eduardo Olivera, presidente de la comisión porteña, no le era posible ausentarse del país para representar a la Argentina en París, se nombraba delegado oficial a Eugenio Cambacérès. Se designarían oportunamente las personas que habrían de acompañarlo.
Progreso de la obra
Cambacérès escribió nuevamente el 4 de octubre26, informando el envío del modelo en yeso de una de las cuatro esculturas que adornarían las pechinas de la cúpula principal. Era la que representaba el comercio marítimo, que don Eugenio llama La Navegación, debida a Jean Turcan, y fotografías «de los modelos Metalurgia y Curtiembre, pero no de la Agricultura por no estar terminada la imagen.»

Como vimos en Pechinas y Paneles, Cambacérès mencionó a Barrias, Lefèvre y Pépin como los autores de las otras tres, pero más adelante Barrias fue reemplazado por Charles Gauthier, probablemente porque se le asignó el diseño de las alegorías para los pilones esquineros, encargo mucho más importante. También se cambiaron los motivos.
Eugenio Cambacérès visitaba con frecuencia los talleres de los escultores y pintores contratados, y se mostraba muy satisfecho con el progreso de las obras, como lo indicó en su carta del 20 de diciembre, en la que también anunciaba que por el último vapor de El Havre había enviado el segundo de los cuatro modelos que adornarían la cúpula, de 3.59 metros de alto, y que sería fundida en bronce, algo que no sucedió – quedaron en yeso.
En lo que parece ser el borrador (por las correcciones) de una carta del 14 de enero de 1889, de Victorica a Cambacérès, dice no tener ninguna noticia sobre el estado en que se encontraba la construcción, y por lo tanto ignoraban en qué fecha estaría en condiciones de recibir los objetos a exhibirse. Agrega que correspondencias de París publicadas en diarios porteños, fechadas el 5 de diciembre, mencionaban que se estaban construyendo los cimientos, mientras que otros informes de viajeros lo daban como ya techado
El 20 de enero, Cambacérès estimaba que para el 10 de marzo el edificio estaría terminado, salvo trabajos de decoración, y que a partir de esa fecha recibirían los productos a exponer.
Un mes después, informó que los trabajos estaban muy adelantados y que desde el 15 de marzo podrían comenzar los trabajos de instalación de productos. «Puede Vd. tener la seguridad que nuestro Pabellón estará pronto el 5 de mayo, día oficial de la inauguración de la Exposición.» Cambacérès confundía esa fecha, el centenario de la reunión de los Estados Generales de 1789, el histórico evento que marcó el inicio de la Revolución Francesa, para la que se planeaba uan gran celebración en Versailles, con la de la inaguración de la Exposición, el día siguiente, 6 de mayo.
Enrique Ortega, el periodista español nombrado auxiliar de Victorica, era el corresponsal especial de La Prensa en París. Envió una primera y extensa crónica el 7 de marzo, con un breve párrafo sobre el Pabellón, de tono ambiguo:
El Comisario General de la República Argentina en la Exposición, doctor Julio Victorica, se encuentra en esta con todo su personal, listo para dar principio al Pabellón Argentino que, dicho sea de paso, figurará en primera categoría por su belleza y su magnitud, siempre dentro de proporcionalidades que no deben echarse en el olvido.
No es el momento de entrar en detalles que adolecen de fijeza y de exactitud por prematuros.
La prensa francesa se hacía eco del ambicioso proyecto argentino, como lo demuestra el artículo publicado en Le Moniteur de l’Exposition el 10 de marzo27. El 19, Cambacérès informaba detalles de la construcción:
Con respecto a las decoraciones internas del Pabellón debo manifestar a Vd que las paredes se hallaran cubiertas con una tela de color unido, teniendo como solo adorno una banda decorativa de 0 m. 80 de ancho. Únicamente la escalera y las cúpulas llevaran trabajos de pintura artística. En cuanto a escultura, tan solo en el interior, las cuatro grandes figuras que Vd conoce. Por estas ligeras indicaciones la Comisión, que Vd tan dignamente preside, se hará cargo de la discreción con la cual hemos procedido al adorno de nuestro Pabellón.
La construcción propiamente dicha está casi concluída. Adjuntas hallará Vd dos vistas fotográficas sacadas el 1º de marzo cte. Desde ese día, toda la armadura de fierro ha sido montada; los pisos terminados, los techos cubiertos; y las paredes de ladrillos, del basamento,
levantadas. Falta solo colocar los vidrios artísticos y las baldosas (faïences), de manera que en la semana entrante podremos ocuparnos de la organización definitiva interior e instalación de los productos.
He conferenciado detenidamente con el Sr. Victorica y puedo, desde luego, asegurar a Vd. que la presencia aquí de dicho funcionario ha de contribuir eficazmente al mejor desempeño de nuestro cometido, por lo que mucho me felicito de la resolución adoptada por la Comisión.
El cuerpo de auxiliares enviados para el arreglo y acomodo de los productos argentinos ha llegado ya en parte y aguardamos el regreso del señor Victorica, actualmente en Alemania por pocos días para empezar de acuerdo con los trabajos antes mencionados.
Las dos fotografías mencionadas eran las siguientes:


Una extensa nota del 22 de marzo, publicada en Le Courrier de la Plata el 22 de abril en Buenos Aires, mencionaba el estado del edificio:
La primera impresión al contemplar el pabellón argentino es ésta: la República Argentina ha hecho algo grandioso y hermoso. Téngase por seguro que en este juicio no entra ninguna idea de adulación. Me limito simplemente a constatar un hecho. Esta construcción rectangular cuyo plano conocen ustedes, y que es toda de hierro, se eleva imponente y graciosa a la vez, teniendo delante el pabellón brasileño, bastante coqueto, pero que parece un tanto mezquino, y a su lado la sección mexicana, un verdadero bloque metálico.
El pabellón argentino —francamente, la palabra «pabellón» resulta impropia, vistas sus dimensiones—, la sección argentina es, como ustedes saben, una construcción de hierro; toda la considerable armazón ha sido suministrada por la «Société des Ponts et Travaux en fer»; es verdaderamente una obra de arte. La obra de albañilería es bien poca cosa en estas condiciones; sin embargo, ya ha comenzado, y todo hace prever que estará terminada de aquí a dos semanas. La cubierta del techo no existía hace ocho días; hoy está terminada; finalmente, el piso del primer piso, cuya parte central (un tercio de la superficie) es de vidrio estriado, está colocado desde hace bastante tiempo. Además, se ha comenzado a pintar las columnas y los ornamentos de fundición.
La sección argentina, que se encuentra cerca de la cabecera de la línea del ferrocarril Decauville y a cincuenta metros de un gran restaurante francés, es, sin lugar a dudas, la más imponente y la más importante de las secciones sudamericanas, del mismo modo que la nación que representa es la primera nación de América del Sur. No dejaré de volver a hablarles de la sección argentina a medida que avance su terminación. Estos detalles les interesan ciertamente. ¿Acaso la colonia francesa no ha contribuido, y no continúa contribuyendo poderosamente, al maravilloso desarrollo de este país?
F. Simonnet

El 31 de marzo, Gustave Eiffel celebraba la terminación de su torre; muy criticada cuando se la propuso, había capturado la imaginación de todo el mundo. Los invitados subieron a pie hasta la cima, porque todavía no funcionaban los ascensores. Se desplegó una gran bandera de siete metros de largo, y veintiún cañonazos, desde la tercera plataforma, anunciaron el evento a toda la ciudad. Finalmente, al pie de la torre donde se habían dispuesto numerosas mesas, Eiffel ofreció un lunch a los doscientos obreros que la construyeron28. Se abrió al público el 15 de mayo.
Otra nota de Simonnet29 hace una comparación el 5 de abril con esa temprana imagen colorida: «El Pabellón argentino se transforma a ojos vistas y, a medida que avanzan los trabajos, puede comprobarse que su conjunto ofrece un aspecto más bello y grandioso que el que mostraba la litografía en color de la que ustedes deben haber recibido ejemplares.» El día anterior, el corresponsal del porteño The Standard30 había escrito que el argentino era el de mayor tamaño de los pabellones extranjeros, pero que no estaba lo suficientemente avanzado como para evaluarlo, y que aún quedaba mucho por hacer. «Pero todo lo relativo a la estructura es de lo más prometedor. La ornamentación en cerámica será rica sin resultar ostentosa.»

El 8 de abril, Cambacérès admitía que pese a no estar enteramente concluido el pabellón, la mayor parte de los cajones con productos habían sido almacenados en él y ese mismo día principiaban los trabajos de clasificación e instalación. Agregaba que había tenido que remitir el día anterior a la dirección de la muestra, la lista de expositores a ser incluida en el catálogo oficial, porque era la fecha límite. Reconocía que sería incompleta, pero había logrado, después de muchas diligencias, conseguir la autorización de publicar un catálogo especial para la Argentina, en francés, conteniendo toda clase de datos sobre lo expuesto y el país en general. Aparecería mucho después.
Llega Carlos Pellegrini: Cambios
La Prensa publicó31 una larga carta de Victorica a Olivera, del 19 de abril. Cambacérès, muy afectado por su enfermedad, había viajado a Arcachon, pero esperaba estar de regreso para la inauguración, algo que no sucedería, porque viajó luego desde Burdeos a Buenos Aires, donde fallecería poco después. Los vicepresidentes primero y segundo, Lezica e Igarzábal, estaban viajando por España. Victorica mencionó que pese a que había sido autorizado para disponer de todo lo relativo a la instalación de los productos y objetos, auxiliado por el arquitecto de la obra y por Cabirau, pidió a la comisión que se reuniese diariamente en el pabellón para estar seguro de proceder con el mayor acierto.
Se trabajaba con mucha actividad en la obra del pabellón y Ballu aseguraba que estaría concluido el interior y los tres principales frentes exteriores para el día de la inauguración. Solo faltarían algunos detalles del frente opuesto al de la entrada, que quedarían terminados en la primera quincena de mayo.
Victorica agregó que él y los venidos de Buenos Aires para el arreglo interior perdieron mucho tiempo por el atraso en que estaba la obra, pero que trataban de recuperarlo con la esperanza de estar, sino prontos del todo para el 6 de mayo, al menos en condiciones de recibir dignamente a los visitantes, porque «Vd. sabe bien, que en esto de exposiciones, en los últimos quince días se hacen prodigios.»
Habría querido acompañar la carta con algunas fotografías para dar una idea del estado de la obra y de lo que sería una vez terminada, pero desistió porque eran tantos los andamios colocados que no permitían tomar buenas vistas.
Al principio, cuando llegué a París, el pabellón estaba en esqueleto y no podía darme cuenta de lo que alcanzaría a ser. Mi primera impresión mas bien fue desfavorable, pero hoy que todo está cubierto y se colocan los detalles de ornamentación, estoy convencido de que es una verdadera obra de arte, infinitamente superior a todas las otras instalaciones que existen en el Campo de Marte, salvo siempre las construcciones francesas en que se ha desplegado un lujo de grandeza extraordinario.
…
Ayer visitó detenidamente nuestro pabellón el ingeniero Guillermo Villanueva, examinando los planos, detalles, etc., y como le pidiese su opinión para trasmitírsela a usted me manifestó que era del todo favorable, que nada tenía que observar y que una vez concluido llamaría la atención por su belleza.
Hoy han empezado traer los panneaux para las cuatro cúpulas. Son magnificos cuadros alegóricos de gran efecto firmados por artistas reputados. Los dos que he visto representan la astronomía y la electricidad. Serán diez y seis los que se coloquen.
Cuando estaba en Buenos Aires no me parecía bien que la comisión aquí se hubiese preocupado tanto de los adornos, pero hoy que veo en los demás el mismo empeño y que a todos los hemos sobrepasado, me siento orgulloso como argentino de que nuestra hermosa patria esté así representada. Y como todo está hecho para ser trasportado á Buenos Aires, donde no tenemos de estas construcciones para adornar nuestras plazas y jardines, nunca estará de más esa ornamentación, puesto que se trata de un edificio permanente.
En las pinturas interiores y en los vidrios de la cúpula se habían olvidado un poco nuestros colores nacionales, pero sin dificultad conseguí que esa omisión fuese en gran parte salvada.
Sigue un extensa y detallada descripción de dónde estaban colocando las distintas clases de productos, y que todavía tenían 300 bultos sin abrir, más los que estaban en camino. Termina elogiando el desempeño del infatigable Cabirau y el acierto en el proceder de Gallardo, y que los demás, Lix-Klett, Pagés, Ortega, Girola Tello y Nelson, trabajaban muy bien, pero Caamaño seguía enfermo y a Niederlein lo esperaba reestablecido a fin de mes.
Había establecido como horario de trabajos de 8 a 11 de la mañana, de la 1 a las 5:30 de la tarde y de las 8 a las 11 de la noche. «Le estoy escribiendo con un ruido infernal de martillazos y en medio de un grupo de expositores y obreros ocupados cada uno de su asunto.»
Carlos Pellegrini, vicepresidente de la República Argentina, había llegado a París el 7 de abril, representando oficialmente a su gobierno en la Exposición Universal32. En la sesión de la comisión parisina del 23 de abril, se presentó una nota de Ballu que refleja que había sido Pellegrini el que requirió los cambios, mucho más extensos de lo indicado por Victorica. Los más notables eran el cambio de los vidrios verdes por azules en la cúpula, y el dorado de la estructura metálica. Cuesta entender que nadie de la comisión hasta entonces hubiera objetado la elección de Ballu de ese color verde allí, o en la pintura de las paredes interiores, tan criticado después como vimos en Colores.
París, Abril 15 de 1889
Señor Presidente,
Después de la visita del Señor Vicepresidente de la República Argentina al Pabellón he recibido la orden de practicar los trabajos siguientes, fuera de los contratados, concluidos y aprobados:
1º Doradura al bronce de los fierros pintados de rojo en la parte interior de la planta baja
2º Modificación de los tonos de color ya dados a una parte de las construcciones de hierro y madera en el interior del 1er piso. Doradura de todos los tirantillos y de una parte de los fierros de las cúpulas
3º Reemplazar los vidrios curvos de color verde de la cúpula central por otros de color azul
4º Construcción de una pieza de ladrillo para instalación de una caldera, forrada con láminas de hierro y revestida interiormente de lozas
5º Doradura al bronce de todos los fierros de fundición en la parte exterior, con una capa de barniz para asegurar la duración al precio de 1.98 metro superficial
6º Establecimiento de una pared interior en todos los costados de la planta baja para mejor resguardo
En consecuencia me dirijo a la Comisión rogándole que para la debida regularidad quiera aprobar la ejecución de estos trabajos, que han de ocasionar gastos suplementarios, aparte de los presupuestados.»
Dígnese aceptar…
A. Ballu
Adicionalmente, Ballu solicitó en forma oral que se aprobara la remuneración de treinta francos ofrecida a los vidrieros que cerraban el techo, así como la de los obreros que colocaban las estatuas, porque trabajaban hasta las diez de la noche. Así se hizo, pero da una idea de lo demorado de la obra.
6 de mayo: Inauguración de la Exposición
El 4 de mayo Victorica le escribía a Olivera, finalmente reconociendo amargamente que el Pabellón Argentino distaba de estar terminado:
Le escribo en vísperas de la apertura de la exposición que se verifica pasado mañana. Ya el telégrafo, antes que llegue esta carta, les habrá comunicado todo y que nosotros no podemos estar listos hasta el 25 de Mayo; cuando nos habría sobrado tiempo si el pabellón hubiera estado más adelantado de lo que lo encontramos.
Le repito lo que creo haberle manifestado en otra carta anterior. Aquí nos han estado engañando desde el primer día con la obra del pabellón. Todo está pronto, nos decían, en cara de los respectivos proveedores: no hai mas que colocar las cosas ay sin embargo, esto no era cierto, y los días pasaban, y las cosas no venían sino incompletas, al extremo de que hoi mismo no está concluido el techo del edificio, de modo que penetra agua por algunos puntos. Ya ve Ud. como habremos estado desesperados los que vinimos de Buenos Aires sin poder hacer la instalación inmediata de lo que teníamos listo. La verdad es que la embrolla ha sido general, nadie está pronto, unos a otros se han estado arrebatando obreros llegando a pagarse como a los pintores cinco francos por hora. Si nuestros arquitectos nos engañaban, es preciso convenir que a ellos también.
Envió el 6 a la tarde un telegrama, informando que el argentino era el único pabellón americano inaugurado, aunque parcialmente, y confirmando que la apertura oficial sería el siguiente 25.

Le Courrier de la Plata publicó una extensa reseña de Simonnet de la fiesta inaugural fechada el 7 de mayo33, con un breve pero positivo comentario sobre al pabellón argentino, donde se podía visitar la planta baja, pero no el primer piso.
Entremos en el Pabellón Argentino, que es muy visitado. Sus alrededores están custodiados por un destacamento de soldados del país, cuya buena presencia todos admiran.
En la planta baja todo está en su sitio, salvo tres vitrinas que aún no han sido instaladas, y ya puede uno hacerse una idea del enorme interés que presentará esta exposición. Volveremos en detalle sobre las maravillas de la industria y del comercio de las orillas del Río de la Plata. Observamos de paso una muy bella exposición de trigos y harinas del país, y el envío de la casa Viuda de Marius Berthe; aquí, el chocolate Seminario y las pastas Devoto; allí, curiosos ejemplares de pieles de Tierra del Fuego; más allá, los licores de Holfriro y de Clarac.
Los vinos de las diversas provincias, los productos agrícolas de Santa Fe, las maderas del Chaco y de Misiones, las conservas de Gruget, de Champagnie y de Kemmerigh, los alcoholes de Valençon, Ocampo y Riffard, los mosaicos, los ladrillos y los mármoles merecen un examen atento al que hoy no tenemos tiempo de dedicarnos.
Hay que señalar también una inmensa tabla de madera de cedro, de una sola pieza, de seis metros de longitud. Esta pieza se distingue no sólo por sus dimensiones extraordinarias, sino también por la riqueza de la madera, de una calidad excepcional.
Muy diferente fue lo escrito ese mismo día34 por Enrique Ortega, el corresponsal de La Prensa y miembro de la comisión argentina en París, auxiliar del comisario general, trabajo por el cual recibía un salario mensual. Aparentemente irritado y ofendido por haber sido hecho trabajar arduamente por Victorica, se descargó con una larga perorata, sumamente crítica del proceder del comisario general.
La víspera de la gran manifestación había concluido y quedaba mucho que hacer para alistar la inauguración de la Exposición, en cuyo vastísimo recinto se oía el martilleo incesante, el ruido infernal de diez o doce mil hombres que trabajaban sin reposo.
En esa última hora de fiebre, cuando los trabajos distan mucho de estra concluidos y se hace, no lo que se debe, sino lo que humanamente se puede, el trabajo tiene algo de enloquecedor.
En el Pabellón Argentino se produjo ese día una desgracia, primera y ojalá sea la última. En la nave central desprendióse un enorme madero de la andamiada y con él un obrero que dio con la cabeza en el entarimado. El infeliz recibió lesiones mortales.
Todo ese día, la noche y a la mañana siguiente se hizo en el Pabellón lo que en las comedias de magia: transformar en salas un taller revuelto y atestado de útiles de trabajo.
¿Qué sucedió con esa precipitación infantil y alocada?
Que la colonia argentina pudo esa tarde sentarse en el Pabellón a conversar de la lejana patria; ver los soldados argentinos y evocar un mundo de recuerdos de aquel suelo querido que baña el Plata y que abraza y guarda cariñosamente el coloso andino.
Pero los expositores y el país entero, que ha hecho un fuerte sacrificio para concurrir á la Exposición dignamente, quedaron destrozados con la comedia representada al hacer la apertura de lo que no podía humanamente abrirse.
¡Qué de errores tan perniciosos y tan caros se han cometido en el Pabellón Argentino!
Primer error y de gran trascendencia, fué el llevar los cajones al Pabellón y lo que es más grave, abrirlos y esparcir los objetos sobre unos tablones cuando el local estaba en embrión, con el esqueleto de hierro, con un techo provisional, que hubo después que sacarlo para poner otro definitivo; entrando el agua por todas partes; que con el polvo, la pintura y el continuo rodar de una á otra parte quedaban á la miseria.
Y no es lo peor eso, sino que teniendo que andar al lado de todos esos objetos entre los que había pieles de mérito, tejidos valiosos, cereales delicados, tarros de conservas sabrosas, botines bien trabajados, vinos, galletas, etc., etc., los obreros de todas clases, se notaron bien pronto desapariciones de objetos á exponer que indudablemente han sido robados.
En ningún pabellón, ni galería de toda la Exposición se ha abierto cajón alguno hasta que todo ha sido concluido y las estanterías, muebles ó instalaciones han estado listos para recibir los objetos cuidadosamente colocados.
Así se ven galerías enteras concluidas con muebles o vidrieras listas y sin nada expuesto aún. Y es que las prisas en perjuicio de terceros son prisas criminales.
El comisario general, señor Julio Victorica, que llevaba atribuciones extraordinarias para resolver todos esos puntos y para destituir á todos sus empleados, ahogó las protestas de todos, con una autoritaria frase: “No admito discusiones” y allá se echaron a rodar los objetos, para que se empolvasen, mojasen o desapareciesen; y después ordenó que se inaugurase el pabellón el 6 de Mayo, con un trabajo ímprobo, unos gastos extraordinarios brutales y un resultado funestísimo.
En la planta baja, sin puertas, sin orden ni concierto, se echaron a rodar en los estantes, trigos mezclados con porotos, con semillas oleaginosas y con maíz y afrecho; harina y cal, estaban en una misma escalerilla, alternando con víboras en aguardiente y carne conservada. Los alcoholes sin etiqueta, porque aún no se tenían, estaban en un mueble de un pobre expositor, cuyos objetos dormían bajo los estantes.
Una verdadera criollada que, como digo, si no hubiera sido en perjuicio de altos intereses, hubiera causado risa.
Y á todo esto, por debajo de las mesas y escondidos en los rincones, todos los cereales, harinas y demás artículos de otros muchos expositores que no han tenido la suerte de salir á la luz y sí de andar de Herodes á Pilatos, sufriendo un poco con estas andanzas.
No quiero, ni sería justo decir detalle alguno de lo que se veía el 6 en el Pabellón Argentino. En los altos, que aún falta mucho para que se concluyan, hay mucho que exponer y en el piso bajo no se ha hecho sino una comedia, un sainete de exposición, mal representado.
El señor Olivera envió un telegrama que fué contestado, o no si las cosas fueron por sobre rieles. Es un exceso de impudencia.
Como reunión social estuvo muy animada. Las familias se sentaron en las sillas formando alegres corrillos y era precioso el murmullo sordo de cien conversaciones en puro castellano, mezclado con correcto francés de que teníamos también muchos y buenos visitantes.
Pero echaré un velo sobre estas lástimas y trataré de la Exposición en general.
No hay registro de reacciones inmediatas en París a la crítica de Ortega, lo que implica que recién salió a la luz al publicarse en Buenos Aires, el 4 de junio.
En la sesión del 8 de mayo de la comisión de París se volvió a discutir el tema del cambio de los colores de los interiores; se decidió no hacerlo, por el atraso que traería a ls trabajos de instalación de productos. Se le preguntó a Ballu cuándo estaría terminado el interior del pabellón, estimó que en cinco días, salvo la escalera. Victorica indicó que era necesario instalar toldos para tamizar la luz que entraba por las secciones vidriadas de los techos, lo que se aprobó. También se aprobó su propuesta de una remuneración de 200 francos al obrero accidentado (y no muerto, como dijo Ortega), que se hallaba en un hospital, y el Dr. Terry agregó que se le pagara su jornal mientras se restablecía.
Carlos Lix-Klett, también miembro de la comisión y corresponsal de The Standard, envió ese mismo día su crónica35, donde resaltaba que el argentino había sido el único abierto y que pese a que los arreglos eran provisionales, se había podido demostrar a los visitantes, que estimaba en 25.000, las riquezas del país. Una leve crítica, referida al color: «El exterior del Pabellón atrae mucho la atención por la variedad de los colores, aunque predomina el verde. Por mi parte, habría preferido el azul claro, por estar más en armonía con el gusto francés.»
El 11 de mayo, Victorica escribió nuevamente a Olivera, con su versión de la fiesta inaugural; el nuevo estimado de la terminación de los trabajos era ahora el 20 de mayo
Inauguración de la Exposición – El Gobierno francés solo por cumplir con el decreto que había designado el 6 de Mayo para la apertura de la exposición hizo la fiesta ese día, cuando ninguno de los pabellones ni de las instalaciones estaban listos, de modo que al día siguiente continuaron los obreros sus tareas y era casi imposible recorrer los pabellones por el polvo, la falta de piso y hasta el temor de recibir un golpe. Esta situación seguirá todo el mes de Mayo en algunos pabellones y Junio en otros.
Inauguración provisoria – Abierta así la exposición general, nosotros creímos oportuno proceder de la misma manera. Habíamos arreglado el piso bajo de nuestro Pabellón instalando provisoriamente los cereales, vinos, maderas, etc., para recibir a los argentinos, pero cada uno de estos llegaba con dos o tres franceses, de modo que fue preferible dar puerta franca. Más de 10.000 (20.000?) personas visitaron el pabellón y se notaba en todos que lo encontraban bien. El más entusiasmado de todos era nuestro colega Igarzábal que no sabía como ponderar el esfuerzo hecho para improvisar en un día y una noche una exposición tan presentable.
El Pabellón – Le repito una vez más lo que le he dicho en cartas anteriores. El pabellón es mui hermoso, es quizá el más lindo de todos, pero nos ha hecho mucho daño que estuviera tan atrasado, sobre todo en la parte decorativa. Pasan y pasan los días y nunca concluye. Ahora dicen que los obreros saldrán el 20 de Mayo. Ojalá que así sea! De todos modos nuestra inauguración definitiva la haremos el 25 de Mayo, con toda la pompa y la solemnidad que el hecho y el aniversario requieren. Una Comisión especial de fiestas, presidida por Amancio Alcorta es la encargada de preparar la cosa.
Agregaba un estimado de que los gastos al cierre de la exposición alcanzarían a 1.570.000 francos, sin incluir el envío de los productos expuestos de vuelta a Buenos Aires ni el desarme, traslado y reconstrucción del pabellón allí.
En la sesión del 14 de mayo, Igarzábal pidió la palabra y explicó minuciosamente las razones que le habían impelido, como vicepresidente segundo a cargo de la presidencia, estando ausente Lezica, a ordenar la apertura del pabellón el día 6. La comisión aprobó por unanimidad lo hecho por Igarzábal y fue felicitado por su acertado proceder.
En su crónica de la Exposición del 16 de mayo, también para La Prensa36, Gabriel Carrasco estimaba en más de un centenar las personas que trabajaban diariamente en el pabellón argentino, con una actividad «devoradora». Se había terminado la escalera interior, y estimaba que se llegaría a tiempo a la inauguración oficial, el 25. En la del 18, se discutió esa fiesta. Alcorta, en nombre de la comisión de fiestas, anunció que se había convenido prescindir de todo gasto de buffet, que diera a este otro carácter que el de un refresco. Lezica hizo saber el presidente de la República, Sr. Carnot, había ofrecido concurrir el 25, acompañado del ministro de Relaciones Exteriores, y que para no establecer etiqueta en una fiesta que de antemano sabía era familiar, había resuelto concurrir de levita, y a las 2 de la tarde. La comisión resolvió que todos sus miembros concurrirían con igual atuendo.
Los trabajos continuaban sin interrupción. Ortega, el 1937, nuevamente negativo:
El Pabellón Argentino se inaugurará el 25 de Mayo, porque es día patrio; pero no porque se le haya puesto en condiciones de inaugurarse ese día.
De todas modos la inauguración del 25 será más formal que la de la apertura del 6 del pasado. Hoy 19, esto es, cinco días antes están los albañiles, herreros, pintores y carpinteros, en todo su apogeo, con el correspondiente polvo de cales, yesos o chorretones de pinturas y aguachirles.
La nota de Simonnet del 21 de mayo38 informaba que todavía había cajones sin abrir en el pabellón; que la fachada principal y las laterales estaban terminadas, pero no la trasera, todavía con andamios y que requeriría unos diez días más. La cúpula principal estaba coronada con un gran sol de oro, el Sol de Mayo.
25 de mayo: Inauguración del Pabellón Argentino
Telegramas del 26 anunciaron que la fiesta había sido un gran éxito, superando todas las expectativas, y que el presidente Carnot había felicitado calurosamente a la comisión argentina. Otra extensa crónica de Ortega, del 2639, de la que excluyo los comentarios sobre los productos expuestos:
¿Por dónde empezar? Si fuera posible dar comienzo por las tres fases de la fiesta de ayer, más me gustaría; pero, fuerza es conformarse con el orden cronológico que, en este caso, es el siguiente: exterior del Pabellón Argentino, interior y concurrencia a la fiesta inaugural.
Ya he dicho, que la entrada a la Exposición por el puente de Iena, es la más preferida, quizá porque la torre Eiffel tiene más fuerza de atracción. Pues bien: desde que se entra en el puente, se empieza a ver a la derecha, una cúpula de cristal a franjas azules y blancas. Antes eran las franjas verdes y blancas; pero fue tal la gritería en contra de ese mal gusto, que se cambiaron por las actuales.
Coronando la cúpula, hay un sol grande, dorado, con sus ojazos vacíos, su boca mefistofélica y la consabida melena de rayos cortos y puntiagudos. Este sol es giratorio, es decir, sirve de veleta y causa risa verle dar vueltas a uno y otro lado, juguete del viento, como is buscase con su mirada torva, al autor de la ocurrencia de haberle puesto allí, a tomar el sol de veras y ser acariciado por las brisas.
Alrededor de la cúpula grande, hay otras cuatro más pequeñas, blancas, y en las que ondea la bandera argentina.
Por encima de las construcciones pertenecientes a la historia de la vivienda del hombre, se ven además las figuras decorativas que coronan las torrecillas situadas en los cuatro ángulos del edificio y un buen trozo de la fachada posterior que da al paseo inmediato al ferrocarril Decauville, que rodea la Exposición.
Todo eso que se ve desde el puente, tiene mucho oro, mucha pedrería colorada, verde, amarilla, blanca y azul. Vistoso llamativo: gritón, si se quiere.
Elegancia, severidad y grandiosidad, no se busque en aquel conjubto abigarrado de colores. Es precioso para infantiles ojos y hace venir a la memoria los palacios que dicen que tenía Mustafá o Aladino, la hada de las Migajas o Perico de los Palotes.
Pero vamos a buscar el frente.
Siguiendo en dirección a la gran torre y al llegar junto a la base misma se encuentra a mano derecha el pabellón de la compañía de Suez. Doblemos por la calle estrecha que forma el dicho pabellón por un lado y el pabellón del Imperio del Brasil por el otro. Mientras avanzamos, se presenta en frente el pabellón de Méjico, hermosa imitación de un templo azteca, y a pocos pasos del de Suez se levanta el pabellon Argentino que por su ubicación hay que mirar de lado. Está frente al del Brasil del que le separa una calle de siete a ocho varas. Desde el invernadero de plantas del Brasil, se ve a cómoda distancia y de frente la fachada principal.
Una regia escalinata, de una docena de anchos escalones, da acceso á la gran portada, cuyos elevados marcos y cornisas y chapiteles son dorados.
Sobre esa gran portada descansa el grupo dorado también de la República, hermosa joven de formas correctas, que descansa indolente sobre un corpulento toro ó vaca, que tanto da para el caso, también dorado y que tiene á sus pies otras estatuas doradas que representan el trabajo.
El fondo de ese grupo lo forma una gran vidriera de colores en cuyo centro está el escudo argentino, y en derredor del gran arco los escudos de las provincias.
En los dos lados de la parte superior del arco hay dos mosaicos artísticos representando el uno un gaucho sentado en el suelo, teniendo al lado un caballo blanco que figura estar en una barranca y unas ovejas y un perro; el otro un agricultor dedicado á sus tareas. Como mosaicos son bastante buenos.
La galería alta en su exterior es un poco extravagante. Desde el piso hasta una altura de cerca de tres metros tiene un azulejo verde papagayo ó cotorra que se tira á las tapias y para completar el desatino sigue hasta el techo una lona dorada que está más negra que camisa sucia y que hace el más detestable efecto.
En esa fachada el decorado es también de pedrería de todos colores, que despiden rayos hasta cierto punto como los de los brillantes de á diez centavos el carat. Es en su conjunto un bello ejemplo de rastaquerismo. Es una verdadera lástima, porque la construcción en su exterior y en sus líneas generales es bella y apropiada.
También algunos mosaicos caprichosos y de buen gusto así como cenefas con dibujos de los enviados del Museo de La Plata que algunos resultan artísticos.
Vamos adentro.
La atención al salvar el umbral se divide á derecha é izquierda y al frente, prefiriendo cada cual una de esas direcciones, según sus gustos. Dejo de intento para después el mapa de la República Argentina en gran relieve que está á la entrada y debajo de la cúpula.
Al frente está la escalera de dos brazos que lleva á la galería alta. La escalera es de fierro con escalones y baranda de madera, regularmente tallada.
Una gran vidriera de colores da luz á la escalera y llena el arco de fierro que hace juego con la otra de encima de la puerta de entrada. Representa á la República francesa y á la ciudad de París recibiendo á la República Argentina. Dos matronas sentadas la una en un trono y la otra de pie á su lado son las dos primeras40. Una hermosa joven con alguno que otro retazo de red clara que no vela son opulentas formas, representa á la segunda.
En torno de las dos matronas se ven algunas figuras con trajes de fantasía y cabezas del Dr. Pellegrini y de Ballu el arquitecto y Cabirau, director de los trabajos, cuyos retratos sirvieron de modelo. ¡Debilidades humanas!
Sobre la vidriera en el medio, punto de material que queda descubierto, han colocado algunos cueros lanares formando dibujos, que á la vez que decoran la pared exhiben esos productos, si bien á tan soberbia altura que dudo puedan distinguir ni con anteojo el nombre del expositor ni el contenido de la etiqueta.
El interior de la cúpula es atrayente. En los cuatro triángulos que forma la nave al reposar sobre los arcos que la sostienen hay cuatro alegorías, bellas mujeres con traje sumario, que representan la industria, el comercio y las artes.
En derredor de la base de la cúpula están los retratos de San Martín, Rivadavia, Dorrego (que por cierto lo han puesto con una r sola), Moreno, Alsina41, Cambaceres (A.), Lavalle, General Paz, Velez Sarsfield, Alvear, Sarmiento, Belgrano, Lopez, Urquiza y Pueirredon.
Los retratos son de tintas azuladas y están bastante parecidos. Siguen después las bandas azules y blancas de arriba abajo de los vidrios de la cúpula que hacen bonito efecto.
…
El decorado de esos salones bajos es así no más; mucha pintura verde, bastante dorado y techo blanco con alfajías férreas pintadas de azul.
Las vidrieras de un gusto pobre ostentan cuatro pavos reales, uno en cada ángulo del salón, que pegan allí como unas pistolas de arzón en manos del pacífico San José.
El salón alto es por sí mismo mucho más vistoso y elegante que el bajo. El techo elevado, con grandes claraboyas de cristales á uno y otro lado de la cúpula, los colores café claro en el fondo y más oscuro en los tirantillos hacen elegante combinación con el azul blanco y dorado de las esbeltas columnatas que sostienen la techumbre.
En los medios puntos de los arcos interiores de las cuatro cúpulas pequeñas, en los testeros y en los triangulos de los otros arcos hay diferentes cuadritos que representan la telefonía, la metalurgia, la química, la corta de la caña; la curtiembre, la pesca, la vendimia y otros más, alegóricos todos y bien ejecutados en general.
Tres grandes vidrieras en las dos paredes laterales del salón, que reproducen jarrones de flores y hojas, con una franja o marco que tiene los nombres de las provincias argentinas, completan el buen efecto. Las paredes, revestidas de la lona plateada igual á la de abajo, se salvan de este defecto debido á la gran cantidad de pieles de tigre, chinchilla, nutria, lanares, etc., etc., con las que se han hecho artísticas combinaciones.
Dos cuadros al óleo, «La conquista del desierto» uno y «El puerto» el otro, figuran en la pared, uno a cada lado de la escalera.
…
El sol del 25 de Mayo sorprendió á obreros y comisionados en la labor de poner el pabellón en condiciones de poder ser inaugurado. Faltaba todavía bastante que hacer y el reloj que para nada se preocupaba de las prisas del hombre daba sus vueltas con imperturbable rijidez.
Á las 12, aún se oían martillazos, o se notaba el suave rozar de las escobas.
Los soldados en traje de parada estaban en su puesto.
Se había invitado á cuanto argentino hay en París, se entiende, sabiendo su domicilio, salvo error u omisión.
El Presidente de la República, M. Carnot, anunció su visita para las dos de la tarde.
Dos bandas de música se aprestaban á la tarea y un modesto buffet esperaba á los concurrentes en el piso alto.
A la una el pabellón era escaso para contener á la gran masa de invitados.
El bello sexo, espléndidamente representado. Lindos rostros, arrogantes figuras y trajes de gusto. Del feo, no hablaré. Mucho calvo, bastante juventud elegante y algunos viejos verdes.
A las dos casi en punto, que en puntualidad el Sr. Carnot parece cronómetro, hizo su entrada en el pabellón al compás de la Marsellesa. Acompañábanle el Presidente del Consejo M. Tirard y el Ministro de Relaciones Exteriores M. Spuller.
El Dr. Pellegrini iba a su lado y seguían algunos miembros de la Comisión y muchas otras personas.
Mr. Carnot visitó ligeramente lo expuesto y manifestándose complacido y aún sorprendido de todo lo que veía.
Venía de levita, circunstancia que anunció oportunamente porque como los inauguraciones parciales no pueden tener carácter oficial venía al pabellón como visitante simplemente y no como jefe del gobierno á presenciar la ceremonia.
Una vez en el salón alto y terminada la visita de todo el Himno Nacional Argentino, que fue escuchado con cariñoso recogimiento. Después la Marsellesa nuevamente.
El Presidente y sus miembros fueron invitados á poner su firma en un álbum en cuya primera página se leía lo siguiente: «Hoy 25 de Mayo 1889 y aniversario glorioso para la República Argentina, M. Carnot, presidente de la República Francesa ha honrado con su visita la exposición de la República Argentina».
En el buffet se humedecieron los labios para brindar por una y otra parte por los triunfos, prosperidades y bienestar de ambas repúblicas.
Vivas éticos a Mr. Carnot y al doctor Pellegrini se ahogaron en aquel mar agitado de saludos afectuosos; de encontrarse inesperados; de preguntas sobre lo que se sabe de allende el Atlántico, interrogando los que ya estamos aquí hacía algún tiempo á los que recién desembarcan.
Se respiraba una atmósfera argentina y hasta el tiempo caluroso, pero con sol radiante que reinaba, parecía transportar todo aquel hermoso conjunto á la Plaza de Mayo y allí se veía con la imaginación el Cabildo abatido dejándo libre paso á la proyectada Avenida.
En suma, una fiesta gratísima y que dejará grato recuerdo en los asistentes.
El Pabellón Argentino en la Exposición Universal de 1889, queda inaugurado.
Carlos Girola, uno de los ingenieros agrónomos auxiliares de Victorica, envió el 2642 una larga carta a Olivera describiendo el edificio y la fiesta inaugural. Mencionó que había tenido serias dudas de que se pudiera hacerla, pero que felizmente el plan el plan trazado por Victorica fue modificado en algunas de sus partes y a eso se debió la feliz conclusión de los trabajos, porque la autoridad absoluta que se le había conferido al Sr. Gallardo había sido hasta entonces el escollo contra el cual se estrellaban todas las buenas iniciativas. Agregó que debido al Sr. Ortega, se les concedió un poco más de libertad de acción, se trabajó con más amor, con más interés y con más coraje y se logró el fin que se quería conseguir, inaugurar el Pabellón el día 25.
Del edificio, muy elogiado por todos y por muchos diarios, lo veía bonito y grande, pero que habría merecido aún mas la apreciación de los argentinos si se hubiera procedido con más conocimientos en la elección de las pinturas y algunos otros detalles. En el salón del piso bajo dominaban el amarillo y el verde, que representaban la bandera brasilera. El salón del piso alto estaba mucho mejor adornado, debido probablemente a las críticas que se hicieron antes de proceder a pintarlo, porque se temía que se escogieran los mismos colores del piso bajo, que eran antes rojo y verde, los que lo convertían en una verdadera bodega de buques. El exterior adornado con muchos vidrios (cabochons) rojos, verdes, azules, amarillos, y blancos, se resentía de falta de seriedad, era algo liviano pero el conjunto es agradable. Aprobaba los mosaicos que decoran la parte media de la fachada, el grupo que representa a la república, y las estatuas de las torres, así como las decoraciones interiores de las cúpulas.
La crónica de The Standard, también del 2643, hace un comentario interesante sobre el estilo del edificio:
El señor Ballu, cuando recibió el encargo de diseñar un pabellón argentino, debió de mesarse los cabellos desesperadamente y decirse a sí mismo: «Ces Argentins», ¿quiénes son y qué son? Para el exterior ha ideado una mezcla de decoraciones moriscas, bizantinas y aztecas, y en el interior ha representado el elemento moderno y occidental mediante cúpulas con frescos, sostenidas por pilastras corintias estriadas. Pueden imaginarse, pues, cómo debe ser el «estilo moderno». Espléndidamente eléctrico. Eficaz para una exposición. Grandiosamente representativo de una joven República que surge de la barbarie en el lejano Oeste con demasiada rapidez como para permitirle tanto el autoexamen como su clasificación por parte del observador distante.
La prensa francesa, según recortes conservados en el Fondo Exposición de París de los periódicos La République Française, L’Écho de Paris, y La Patrie, mencionó positivamente al edificio y la fiesta inaugural. También la breve nota de Le Figaro44, firmada por Georges Grison, fue elogiosa.
Después de la inauguración
El 31 de mayo Victorica le escribe a Olivera con una detallada narrativa, recalcando los apuros de los últimos días: «Baste decirle que el 25 de Mayo por la mañana, había obreros en la parte exterior e interior del Pabellón y que nosotros teníamos que instalar los objetos a medida que nos iban dejando listo el espacio que debían ocupar!» Menciona que solamente los de Guatemala y Paraguay también habían abierto, pero eran más pequeños. Y un párrafo donde reconoce problemas con los empleados, y especialmente con Ortega, claramente sin saber todavía lo que aquél había escrito el 7:
Es probable que le lleguen quejas de algunos de mis empleados. He tenido que apretarlos demasiado y eso, como Ud. sabe, no crea muchas simpatías. Gallardo echó el resto, trabajando día y noche con una inteligencia y actividad que yo ya le conocía. El 25 se retiró enfermo a su casa, pero ya está mejor. Lix Klett se ha portado bien; no tengo ninguna queja de él. Ortega, el pobre, ha trabajado mucho y mui bien. Ha hecho hasta de peón, porque así era preciso. Al principio la cosa le mortificaba un poco porque no era esa la misión que traía, pero hoi cuando está convencido de que si no hubiera metido hombro habríamos quedado atrás, está mui contento. Los de Santa Catalina han podido hacer más, pero son disculpables por su edad y las tentaciones de París. Estar aquí, encerrados siempre en el Pabellón, sin poder visitar la ciudad y sus distracciones, sin pasearse por la Exposición, era serio para ellos, y sin embargo no había mas remedio. Yo tenía que hacer cara fea siempre, así es que algunos rezongos he de haber cosechado. Todo esto ya pasó!
Al comentar la apertura del pabellón de México el 27 de junio, Ortega aprovecha para inisitir en su crítica a Victorica:
Pero volviendo a Méjico, añadiré que en su Pabellón se revela una dirección en los trabajos, atinadísima, delicada y del mejor gusto; precisamente todo lo contrario de lo que ha presidido a la dirección de los trabajos del Pabellón Argentino. Gracias a que en virtud de la esplendidez de sus productos naturales sigue la República Argentina siendo la buena moza, robusta y frescachona, hermosa hasta en su más desaliñada y remendada vestimenta y más apetecible para los prácticos que las muchachas lindas, flacas y elegantemente vestidas.
Dos días después, Victorica le escribe a Olivera – había leído la crónica de Ortega del 7 de mayo:
Acabo de leer la correspondencia de Ortega publicada en La Prensa del 4 del corriente. Todo cuanto dice es exageradamente falso. Ud que ha estado sabiendo, día por día, cuanto pasaba, habrá comprendido que se trata de un desahogo personal.
En los momentos de apuro, cuando era preciso proceder con gran actividad, reuní a los empleados y les dije que debíamos aprovechar la noche durante unos cuantos días. Ortega quiso oponerse manifestando que no lo juzgaba necesario y yo le contesté que era resolución tomada y que no era el momento de discutir, sino de trabajar. Esto fue lo que pasó, ni nada más ni nada menos. Probablemente esa noche había correo y alla va la correspondencia, llevándoselo todo por delante.
Cuatro días después, todo había concluido, mis relaciones con Ortega eran las más cordiales y nada podia hacerme sospechar que semejante brulote hubiera sido lanzado por un hombre ya de edad, inteligente y al parecer discreto.
Por supuesto que lo de la pérdida de objetos, deterioro de otros, etc., etc., todo es falso y falsísimo. La exposición argentina ha sido un éxito y lo será hasta el último día. Ningún expositor tendrá derecho para quejarse y el fallo de los jurados hará justicia a todos.
Dávila45 se queja de que Latzina por satisfacer una venganza personal haya inutilizado el II Tomo del Censo Municipal y él mismo, por satisfacer una venganza personal de Ortega, ha permitido que en su diario aparezcan los desahogos de un empleado desleal que él mismo recomendó como bueno – y que con una plumada pregona el descrédito de una experiencia que honra al país y a su gobierno y lleva la zozobra a los expositores que nos han confiado sus intereses.
Me propongo escribirle por las mensajerías, con detalles sobre este asunto y otros. Esa carta llegará probablemente antes que esta.
Entretanto, Ud. me conoce desde hace muchos años y ha de dar más crédito a mi palabra, aun cuando no estuviere como está hoi apoyada en hechos de una completa notoriedad, que el desahogo de un advenedizo solo ligado al país por el sueldo que le pagan.
Criollada dice que hemos hecho en la exposición. Es cierto, como criollos, como patriotas hemos procedido, saliendo vencedores. Esa criollada nos ha conquistado el primer puesto entre las naciones americanas: una gallegada no nos daña.
El 1º de julio, Victorica informaba a Olivera que por decisión unánime de la comisión, Ortega había sido suspendido un mes. El 5 de julio, Victorica envió otra larga carta a Olivera, explayándose sobre lo sucedido con Ortega, desacreditando todo lo que había dicho, incluyendo lo del obrero muerto, que a los pocos días estaba bueno y sano. Sin embargo, la suspensión se le levantó el 9, por un pedido escrito de todos los empleados.
En la sesión de la comisión porteña del 3 de julio se registró que el anterior 27, por decreto del ministro del Interior, se había nombrado delegado en París a Santiago Alcorta, quien ocupó ese puesto hasta que el Pabellón volvió a Buenos Aires.
El 19 de julio, en el Bulletin Officiel publicó un extenso artículo sobre el Pabellón, con su imagen en la tapa. También se lo mencionó en muchos otros periódicos, guías y libros franceses.

Cabe mencionar la carta de treinta y tres páginas que otro de los jóvenes ingenieros agrónomos, Enrique Nelson, envió a Olivera el 20 de agosto46. Consciente de lo mucho que se había publicado en la prensa porteña sobre el pabellón, se preguntaba, dada la gran diferencia de opiniones, si se realmente conocía lo sucedido. Pensaba aclararlo; tendría que refutar críticas malas e injustas, pero también reconocer muchas otras, válidas.
Había llegado a París con sus compañeros a principios de marzo. Encontraron un hacinamiento de cajones, hierros, tablas y piedras, y un esqueleto que por su color y otros detalles, parecía muy inferior a lo que había imaginado por los comentarios leídos en los medios. Como Girola, comparaba el piso bajo con la bodega de un buque, sin aberturas que permitieran la ventilación; hacía una encendida crítica a los colores elegidos para la pintura, especialmente el verde «brasileño», y se sumaba al coro de burlas a los vitrales de esa planta, que le habían valido al edificio el apodo de «el Pabellón de los Cuatro Pavos.»
Las modificaciones introducidas surtieron efecto, pero el edificio se había levantado entre el desorden y la desorganización más colosal que hubiera visto; recién tres meses después de la inauguración habían dejado de trabajar los obreros. Agregaba que faltaban muchos detalles y estimaba que por su diseño, el costo de rearmarlo en Buenos Aires sería tan alto como el de su construcción en París. Cuando llovía, aparecían goteras; las pinturas perdían sus colores primitivos.
Menciona la opinión positiva del Pabellón en publicaciones locales como las guías del Figaro y del Petit Journal, que transcribe, pero hace una comparación muy desfavorable entre el renombre de los pintores elegidos para la decoración, y lo que para él era un fracaso en la representación de lo argentino: no eran cuadros de costumbres nacionales, sino un réclame francés, y que los mexicanos habían hecho un mucho mejor trabajo con arquitectos de su país.
No quiso entrar en detalles sobre lo sucedido durante la instalación de productos, dado el éxito alcanzado, pero sugiere que hubo dificultades. Dedica muchas páginas a desmentir la visión negativa de lo expuesto, del corresponsal de La Nación47.
Un premio al Pabellón Argentino
Fueron numerosos los premios recibidos por los expositores argentinos, pero además, Rafael Igarzábal solicitó al jurado superior un premio para el Pabellón Argentino. Alcorta, en sus Informes Reunidos48, detalla lo sucedido:
Se le objetó que no era de orden, en las exposiciones, el premiar edificios, pero insistió tanto, que acabó por obtener el apoyo de Mr. León Say, quien, en un brillante discurso, elogió la riqueza y la belleza de su construcción, y dijo, que la República Argentina, por el importante contingente que había traído á la Exposición, se había hecho acreedora á toda clase de consideraciones. Toda la discusión versó solo sobre nuestro pabellón, pero para no desairar á las otras naciones, se mandaron examinar todos por una comisión, la que, al día siguiente, presentó su dictamen, atribuyendo 25 puntos, que es el máximum, al Argentino, 22 al de Méjico, y 20 al del Brasil, quedando así comprendidos los tres entre los grandes premios de honor.
Continuaron las comunicaciones entre París y Buenos Aires, pero sin novedades sobre el edificio, salvo las referidas a su futuro desarme y traslado, ya mencionadas en 1890: De París a Buenos Aires.
Notas
- El Legajo 3586 del Fondo Exposición de París del AGN incluye toda la correspondencia entre París y Buenos Aires, entre los años 1887 y 1889 (salvo excepciones). Esta Acta Nº 8 de la comisión de París es, como las demás de esa entidad, una copia enviada a Buenos Aires, porque no se dispone de su libro de actas (pero sí del de la comisión porteña). ↩︎
- De destacada trayectoria en Argentina – Palacio de Correos, de Justicia, Colegio Nacional Buenos Aires, etc. ↩︎
- Acta Nº 9 ↩︎
- Acta Nº 10 ↩︎
- De gran trayectoria en La Plata y Buenos Aires, una de sus obras es la cuadriga que decora la fachada del Congreso ↩︎
- Folio 162 – este Libro de Actas se conserva en el Legajo 3594 ↩︎
- Decreto Nº 869 del Ministerio del Interior, 15 de diciembre de 1888 ↩︎
- Folio 166 ↩︎
- Folio 168 ↩︎
- Folio 169 ↩︎
- Folio 177 ↩︎
- 4 de diciembre de 1888, publicado el 10 de enero de 1889 ↩︎
- Folio 124 ↩︎
- AGN Exposición de París, Legajo 3585 ↩︎
- 22 de noviembre de 1888 ↩︎
- Año IV, Nº 205 ↩︎
- En el listado de gastos al 31 de diciembre de 1888, aparece para el 22 de ese mes «Factura Renaudinot, fotógrafo, 127 francos». No he encontrado información sobre este profesional ↩︎
- Alcorta, Informes Reunidos, vol. I, pág. 3 ↩︎
- Folios 169/170 ↩︎
- Sesión del 16 de enero, folio 174 ↩︎
- Sesión del 26 de enero, folio 176 ↩︎
- Sesión del 20 de febrero, folio 180 ↩︎
- Acta de la comisión de París del 26 de abril (copia) ↩︎
- Folio 177 ↩︎
- La Prensa, 27 de enero ↩︎
- AGN Exposición de París, Legajo 3586 ↩︎
- Año V, Nº 219 ↩︎
- Le Courrier de la Plata, 28 de abril de 1889 ↩︎
- Le Courrier de la Plata, 29 y 30 de abril de 1889 ↩︎
- Publicado el 3 de mayo, Nº 8025 ↩︎
- 23 de mayo de 1889 ↩︎
- Le Moniteur de l’Exposition, Año V, Nº 224, 14 de abril de 1889 ↩︎
- Publicada el 26, 27, y 28 de mayo ↩︎
- Publicado el 4 de junio ↩︎
- Publicada el 8 de junio ↩︎
- Publicada el 11 de junio ↩︎
- Publicada el 19 de junio ↩︎
- Le Courrier de la Plata, 23 de mayo de 1889 ↩︎
- Publicada el 27 de junio ↩︎
- Error, la que está al lado de Francia es una fama, figura alada con una trompeta. París está representada por el jinete, llevando el estandarte con el escudo de armas de la ciudad ↩︎
- Confunde con Arenales, y no menciona a Brown ↩︎
- Una nota agregada dice que fue publicada el 28 de junio, pero no dónde ↩︎
- Publicada el 29 de junio ↩︎
- Publicada el 26 de mayo ↩︎
- Director de La Prensa ↩︎
- AGN Sala X División Nacional – Sección Gobierno. Exposición Nacional de París 1889. Legajo 3753 ↩︎
- Publicado el 29 de junio ↩︎
- Vol. I, págs. 26-27 ↩︎
Fuentes
- Archivo General de la Nación, Buenos Aires. Documentos Escritos, Sala VII, Fondo Exposición de París
- Libro de Actas de la Comisión Directiva, Exposición Universal (1887-1891), Legajo 3594
- Registro de Entradas – Exposición Universal de 1889, Legajo 3603
- Años 1887-1891, Legajo 3586
- Catalogue Spécial Officiel de l’Exposition de la République Argentine, Exposition Universelle Internationale de 1889 à Paris, Lille, L. Danel,1889
- Le Figaro – Petite Guide à Trois Sous, Numéro Exceptionnel, 6 mai 1889, Gallica, Bibliothèque nationale de France
- La Construction Moderne y L’Architecture – Journal hebdomadaire de la Société Centrale des Architectes Français, Bibliothèque de la Cité de l’architecture et du patrimoine
- Le Génie Civil – Revue générale des industries françaises & étrangères, planche XXVIII, VIII, Tome 13, Nº 26, 27 octobre 1888, Gallica, Bibliothèque nationale de France
- Le Moniteur de l’Exposition de 1889, Conservatoire numérique des Arts et Métiers, Cnum-CNAM
Bibliografía
- Alcorta, Santiago (ed.), La República Argentina en la Exposición Universal de París de 1889 – Colección de Informes Reunidos, París, P. Mouillot, 1890
- _____, Registro Nacional de la República Argentina, que comprende los documentos espedidos desde 1810 hasta 1890, Tomo X, 1885 a 1886. Buenos Aires, Taller Tipográfico de la Penitenciaría Nacional, 1897
- Albert Ballu, Wikipédia, l’encyclopédie libre